Tierra, madera y papel, estrategias para enfrentar el sinuoso camino de UPM *

 

 

Escribe: Marcelo Marchese

Una ley de la vida dictamina que, para que nazca una cosa, otra cosa debe morir y esta ley que rige para todo, se aplica a su manera a los movimientos sociales y por eso, mientras ciertas organizaciones mueren, asistimos al lento nacimiento de una nueva modalidad política en el país.

El sistema político hace agua aquí y en todos lados y ante su desgaste, por un lado surgen personajes y organizaciones que fortalecen el sistema, en un reordenamiento que significará una nueva vuelta de tuerca y, por el otro, surgen tímidamente alternativas ciudadanas al desgaste del sistema, alternativas que aún están lejos de articularse como para merecer el nombre de alternativas.

En el globo suceden infinitos acontecimientos en infinitos terrenos, pero en el tema que nos atañe, hay un hecho crucial: vivimos un nuevo empuje de las trasnacionales por apoderarse de los recursos naturales del planeta y, en ese proceso, el capitalismo universaliza al mundo. Esta nueva oleada conquistadora ha generado el nacimiento de una serie de movimientos que surgen, como si la naturaleza evitara el vacío, ante la inacción de los movimientos de protesta tradicionales.

La asunción al gobierno del FA y la alianza estratégica con el PIT CNT, alianza que apuntala el modelo económico impuesto, restó militantes a los movimientos sociales y a los Comités de Base, militantes que se convirtieron en funcionarios serviles y acríticos. La asunción al gobierno y la alianza con la central sindical debilitó la crítica al modelo, pero, como el modelo hace estragos, finalmente, en el 2018 aparecen movimientos que expresan que grupos cada vez más numerosos han dejado de confiar en los referentes de antaño y se han largado a pensar con cabeza propia: cincuentones, autoconvocados, Rambla Sur, anti bancarización forzosa, derogación de la Ley de riego y UPM2 NO.

La contra que tienen estos movimientos es su falta de experiencia, o en todo caso, la escasa transmisión de la experiencia del pasado, pues los depositarios de esa memoria, como dijimos, en su mayoría fungen como funcionarios y como funcionarios que son, le temen a los movimientos sociales como a la peste.

Así que algo murió o está muriendo: la utilidad y el prestigio de antiguas organizaciones que se han convertido en meros agrupamientos corporativos, agrupamientos corporativos que han abandonado su crítica al modelo. Ante esto, surgen movimientos que en ocasiones tienen reclamos corporativos, como los cincuentones y los autoconvocados, y movimientos que son expresiones ciudadanas, como Rambla Sur, Bancarización, Ley de riego y UPM2 NO, movimientos que, en primera instancia, se oponen a la ola extranjerizadora y pueden, eventualmente, iniciar una crítica a todo el modelo impuesto.

El problema es que estos nuevos movimientos que han nacido ante la muerte de lo viejo, arrastran la contra de esa muerte, es decir, arrastran la inexperiencia política resultado de estos últimos años de inactividad política. La inexperiencia y falta de criterio en cuestiones políticas elementales se hace sentir, aunque, y esto es lo bueno, estos movimientos labran su propio camino y esa es la única, absoluta y radicalmente única forma de aprender en esta vida: hacer las cosas por uno mismo.

Con toda naturalidad, esa falta de experiencia puede llevar a diversas estrategias contraproducentes a la hora de enfrentar a UPM, sin embargo, lejos de negar la existencia de esas estrategias, la clave es analizarlas y aprender de ellas: criticarlas para entender las estrategias que podrían llevarnos al triunfo.

Observamos dos estrategias peligrosas. La primera es la que lleva a utilizar los recursos que fuere, con tal de impedir que se implante la nueva pastera. Esta estrategia, aunque no quiera asumirlo, es una nueva expresión de un pensamiento antiguo, pensamiento que originó, a modo de ejemplo, cierta modalidad del anarquismo, el de hacer atentados para impedir que se manifieste tal y cual cosa, una estrategia nacida para el fracaso absoluto y más aún, nacida para reforzar aquello que se pretendía destruir. En el caso actual, esta estrategia podría proponer hacer campaña en Finlandia contra UPM o establecer una serie de chicanas, sea a los permisos departamentales, sea a lo que fuere, para frenar la instalación de la planta y dilatar los plazos que establece el contrato.

La parte positiva de esta vía de acción es poner el tema en el candelero, pues al generar chicanas la prensa habla del tema, pero lo malo, lo sustancial, es que si uno impide que UPM se instale, pues hizo campaña en Europa o logró que un Alcalde o Intendente suicida niegue un permiso para el paso del tren, en absoluto se logran las condiciones para impedir futuras entregas de soberanía. No sirve poner una bomba en los rieles, como hubieran hecho aquellos anarquistas, pues la única bomba que puede frenar esto es la gente y si el modelo se impone, lo hace, SIEMPRE, asegurando cierto grado de consenso social e incluso la más brutal de las dictaduras se asegura cierto grado de consenso social. No en vano se destinan miles de millones de dólares a comprar científicos, especialistas, publicistas, periodistas, consultorías y políticos.

Una segunda estrategia igualmente peligrosa es la que lleva a perseguir reclamos locales, ubicándonos ante la opinión pública en el exacto lugar que le conviene a UPM y a su siervo, el gobierno.

En un principio UPM apostó al silencio, a que este contrato demencial pasara desapercibido, pues su evaluación del grado de conciencia política del país lo llevó a eso, sin embargo, las cosas han cambiado este 2018. El tema se instala lentamente y ahora es necesario dar respuesta y por eso se incrementan las pautas publicitarias, se sale, sin dar el debate, a hablar en público y sobre todo, se estimulan los reclamos locales y parciales, pues se pretende mostrar a la población que UPM reactivará nuestra industria y generará trabajo, es decir, será beneficiosa para la nación, aunque moleste a algunos exóticos enemigos del progreso que viven al lado de un río o de una vía de ferrocarril.

En rigor, no se los estimula, lo que se hizo en primera instancia fue mostrar al movimiento como un conjunto de ambientalistas y ahora, pues los hechos los empujan a ello, dan cabida a los planteos localistas. Con esto UPM logra ubicar este reclamo como algo infantil y egocéntrico, un reclamo sobre un problema determinado, un reclamo egoísta: tales personas se oponen a algo que beneficiaría a tres millones, porque a ellos, unos pocos, los perjudica. Un riesgo accesorio de esta estrategia es que UPM puede dar un par de dádivas a los damnificados y de esa manera desarticular el movimiento de resistencia.

Esto no significa que no se deba apoyar e incluso estimular los reclamos locales, sea de la gente que vive en el Río Negro preocupada por la contaminación, sea de la gente del río Negro que perderá 10 mil hectáreas de sus mejores tierras, sea de la gente de San Gregorio de Polanco que perderá sus playas, sea de la gente de Sarandí Grande que verá cómo el tren de UPM les parte el pueblo al medio, sea de la gente de Por el costado de la vía, en Montevideo, que se verá igualmente afectada por el sempiterno paso del tren cargado de pasta de celulosa. Reclamos como estos se incrementarán y está bien que se incrementen, pero la clave es tener la capacidad de reunir todos esos reclamos en un sólo haz, salir del “localismo egoísta” en que nos quiere ubicar UPM y mostrar que el movimiento contra la nueva pastera es un movimiento nacional.

Aquí llegamos al quid del asunto ¿cuál es la estrategia a desarrollar para impedir que se instale UPM2? Una de las claves es generar un movimiento nacional, pues el Contrato ROU-UPM afecta a todo el país en terrenos vitales: economía, legislación, medioambiente, educación y cultura. La nueva planta afectará a todo el país, comprometerá económicamente a todo el país y será la mayor entrega de soberanía en toda la cargada historia de entrega de soberanía del país. Sólo generando un movimiento nacional ante un problema nacional, se puede frenar la instalación del nuevo pulpo extractivista.

Otra de las claves es avanzar en este proceso de retorno de multitudes a la actividad política, lo que implica levantar del barro a la palabra “política” y volverla a situar en su lugar de privilegio: una rama de la inteligencia y los sentimientos aplicada al beneficio de la humanidad. Aquí es sustancial avanzar en el proceso de comprensión de las implicancias del modelo forestal y la primarización de nuestra economía y en particular, comprender que un ¡Viva la Pepa! en cuanto a atraer inversiones extranjeras no significa en sí desarrollo, sino precisamente todo lo contrario.

El proceso de entrega de recursos al capital extranjero va de la mano del deterioro cultural del país, en el sentido de la suma de conocimientos y técnicas para la creación de todo tipo de riquezas materiales o intelectuales, y ese deterioro es vital para la consecuente entrega de recursos.

Luego de UPM 2 acaso venga, o pretenda venir, Montes del Plata 2, y vendrá EDUY21 y ya vemos cómo se vendió en Punta Yeguas un terreno para que un consorcio chino tenga su propio enclave para arrasar con la pesca del Atlántico Sur prometiendo, claro está, generar trabajo y exigiendo, por supuesto, exoneración de impuestos. Para nosotros es crucial, por un lado, entender las contradicciones que este proceso genera y por lo tanto, la política de alianzas para enfrentarlo y generar alternativas, y por el otro, habida cuenta que la fuerza dispersa no sirve de nada, avanzar en el proceso de organización, camino que recién hemos iniciado.

El 8 de diciembre, en el club Atenas, de 14 a 22 horas haremos una movida ciudadana con diversos expositores que vienen de todas estas resistencias contra la globalización y la entrega de nuestra soberanía. No es sencillo, en estos tiempos de vida virtual y atomización extrema, volver a pensar al hombre, volver a crear cultura y volver a tejer en la trama de la realidad, pero nos va la vida en ello, en el más vasto de los sentidos de la palabra “vida”.