
ENTREVISTA A GUSTAVO GONZÁLEZ
Eduardo Aparicio
En una tarde invernal de estos fines a agosto, Gustavo González nos recibe en su despacho del Senado. Encontramos al de siempre, al militante, al hombre de izquierda, que conocemos desde la ya lejana militancia estudiantil de los 70’. Ahí está enteramente el dirigente sindical y, sobre todo, social del cooperativismo de vivienda por ayuda mutua; referente, puntal del mismo y replicador de la experiencia en otras “tierras lejanas”. Accede con gusto a las preguntas que traemos elaboradas desde la redacción colectiva Claridad. Previo a responder se produce una charla abierta, de pocos minutos, porque el frenesí de la vida parlamentaria se impone.
Nos queda claro que estamos frente a un parlamentario (rara avis) incansable, documentado, sólido, de buena retórica, recia a la vez, como dijo Don Emilio Frugoni en 1910 al estrenarse como primer diputado socialista, que viene del contagio del decir llano, que se pega al transitar los ámbitos de las asambleas obreras y populares.
Aquí les compartimos a los lectores algunas “pildoritas” de ese picoteo inicial, en el curso del cual asoma la genuinidad de sus posturas políticas, y sin perder la sustancia del pensamiento y el señalamiento de la acción desplegada, maneja con cuidado la palabra para evitar que la misma genere o amplifique malos entendidos en los tópicos más urticantes vinculados al actual momento.
En 17 meses de actuación en el senado, Gustavo no faltó a ninguna sesión plenaria y ha trabajado en 14 proyectos de ley, 2 aprobados por el Senado y 1 por las dos Cámaras.

E.Aparicio. La situación nacional y la realidad internacional, que no pueden analizarse de manera disociada, permiten plantear dudas sobre el destino de los países dependientes. En ese marco ¿qué opina del futuro de nuestro país?
G.González. En realidad, contestar sobre el futuro del país es un pronóstico muy complejo porque no se puede ver al margen de lo que está pasando en el sistema capitalista global. Es decir, hoy en día, la crisis capitalista que desde 2008 no logra reciclarse, ha llevado a cuestiones trascendentales para el mundo político. Una primera es qué va a pasar con la crisis interna de Estados Unidos mismo, cómo la va a resolver. No es poca cosa que gente que se dice socialista, hoy gana alcaldías o gobernaciones o intendencias, como le quieran llamar, en el propio patio del imperialismo. Lo segundo es que han recurrido -como siempre lo ha hecho el sistema capitalista- a la guerra, como resolución de los problemas de la crisis. Y hoy en día, además, con una lucha brutal contra China, por los temas centrales que le interesan al capital. Hoy son las tierras raras, es el uranio, es el petróleo, son los recursos indispensables para el desarrollo capitalista. Entonces, en ese marco, con la guerra como denominador común, es que se mueve este Uruguay de tres millones y medio de habitantes. Es decir, la situación es sumamente compleja. La unidad latinoamericana, por ejemplo, es trascendental en estos momentos, pero unidad ¿con quién? ¿Con Milei, con Katz, con Bukele? Imposible.
Y además no nos podemos olvidar que el imperialismo se ha planteado que volvamos a ser lo que ellos llamaron “el patio trasero”, es decir, se plantearon: “Nos descuidamos, hay que volverlo a tomar”. Y cada batalla va a ser a muerte, si se quiere salir y defender la soberanía del país. En este marco es difícil. Hay un retroceso de las ideas progresistas, ya no digo de izquierda. La debacle de la socialdemocracia europea… todo esto tiene que ver con una ofensiva del capital, que está desesperado por su crisis pero que obviamente se puede llevar puesta a la humanidad. Aquella consigna de Rosa Luxemburgo, “Socialismo o barbarie”, hay que pensarla. Y qué socialismo, deberíamos discutir. ¿Lo podemos hacer desde un laboratorio? No, un nuevo sistema -que nosotros le llamamos socialista- se gestará con la gente. Hay que tratar de sepultar este otro sistema -el capitalista-, y para sepultarlo hay que hacer un trabajo de mucho tiempo, de mucha unidad para la acción con los trabajadores, con los sectores populares, generando poder popular desde abajo. Y tomando siempre de referencia a los trabajadores de todo el mundo que son los que tienen la contradicción fundamental con el gran capital.
E.A. En torno al tema de la descentralización, que ya lleva algunos años en marcha, ¿qué puedes aportarnos?
El proceso de descentralización lo viví muy de cerca. Ya militaba en el partido cuando se inicia ese proceso a nivel municipal, de las Intendencias, con los concejos vecinales y demás. Me parece muy importante la descentralización en el nivel territorial, pero siempre que se geste desde abajo y teniendo la idea de a qué territorio le vamos a dar importancia. Yo no creo que deba tener la misma prioridad los sectores sumergidos que los otros. La descentralización es muy importante si otorga poder realmente a la gente. De lo contrario es una cáscara que se vacía fácilmente. Hay que seguir profundizándola, como gobierno en manos de la gente. Y para eso hay que romper con muchos vicios burocráticos que aún existen, hay que generar una descentralización también financiera, porque de lo contrario se da lo que sucede ahora mucho: el municipio tiene, entre comillas, independencia financiera. Pero siempre depende del intendente de turno. Si es de mi cuadro, le doy plata, si no, no. Lo escucho todos los días en el interior del país. Por lo tanto, el tema del control popular sobre la descentralización es el elemento central para que ella funcione. Hay que seguirla desarrollándola, pero desde esta perspectiva.
E.A. El gobierno del FA enfrenta carencias importantes en cuanto a la valoración que la gente hace del año y medio que está en el gobierno. ¿Podemos decir que todo se resume a “errores de comunicación”?
G.G. No, yo creo que básicamente los problemas son políticos. Esto no se resuelve solo con una buena comunicación. Es importante, claro que lo es. Pero los problemas son políticos. Hoy la gente se queja porque no ve salida a sus problemas más importantes. Tenemos medio millón de habitantes que están muy mal. Son los viejos 25.000 pesistas que hoy son 28.000 pesistas. Son los que viven en los asentamientos irregulares, los que tienen a sus hijos en las escuelas de Tiempo Completo, son la periferia. Entonces, en ese marco, son problemas políticos, que seguramente se pueden comunicar mejor. Hemos tenido problemas de comunicación pero que tienen que ver con las contradicciones. Una fuerza como el FA, que se dice antimperialista, tiene que ser consecuente con eso, por ejemplo. Y si duda, ahí tenemos problemas. En el país hay una cantidad de problemas ambientales que tenemos que ponernos a la cabeza con el programa del FA. Y para cumplir con él, a mi juicio, hay que revisar el problema fiscal que tenemos. El cúmulo de exoneraciones que tenemos me parece que es un tema clave, y hay que ponerse a revisarlo y sacarle exoneraciones al capital. No puede ser que tengamos 5 mil millones de dólares en exoneraciones al capital, que es un 5.9 del PBI.
Tenemos que ir a fondo con el programa del FA. Cumplir con el programa ya es una tarea heroica en estos momentos, y hay que ir hacia ahí. No hay otra. Es un debate que está en la interna del FA. Está todo este tema de que los capitales se van. Y los capitales siempre se van, porque no tienen ni patria ni alma. Se fue Yazaki y no tenía el 1% que solicita el movimiento sindical afectado, ni nada por el estilo. Se quiere ir Pilsen, Norteña, cerró Paycueros (una sección de terminaciones)… Cuando se quieren ir, se van. El tema de la globalización hay que entenderla por ese lado. Yo soy hincha de un Estado robusto y para tener un Estado robusto hay que tener dinero, y para tener dinero, que pague más el que tiene más. Vieja consigna frenteamplista que hay que asumirla en todos los términos.
La agenda de derechos no puede eclipsar la agenda histórica de las izquierdas. Yo creo que la conquista de los derechos fundamentales para los seres humanos es clave, cualquieras sean ellos. Ahora, acá hay un tema que atraviesa todo el tema de los derechos, que tiene que ver con las clases sociales. No es un híbrido. Y tiene que ver con la situación económica de esas clases, y tiene que ver con el poder también. Entonces, en ese marco se encuadra el tema de la lucha de clases al rojo vivo, te diría más que nunca. Las viejas condiciones objetivas, hoy están más presentes que nunca. Nos están faltando las condiciones subjetivas, producto de un retroceso histórico de la izquierda, de un avance de la derecha, de una mutación del movimiento obrero, que no tiene que ver con que haya desaparecido. Una cosa es que mute, producto de los avances tecnológicos, de la nueva forma de producción, de la IA, etc. Y otra cosa es que desaparezcan los obreros como clase fundamental.
Hay muchos temas relacionados, da para mucho, pero se puede
encuadrar dentro de la problemática de la izquierda en general. Faltan usinas de ideas, que hay que discutir mucho más. Ahora he visto que se ha sumado una red marxista en el país, lo cual me alegra muchísimo y sobre todo integrada por gente joven. Que pueda hacer análisis profundos de la sociedad actual, del desarrollo capitalista actual.
Con respecto al tema del antimperialismo, hoy es una consigna más que central, debido a la ofensiva del imperio, con todas sus garras. El león cuando está más desesperado es cuando más ataca, dicen. Y esto es así. Su lucha con China, que es una guerra capitalista, puede llevarnos a la debacle.
E.A. Entre algunos debates que encara el FA está su relación con el movimiento social y sindical…
G.G. La relación del FA con el movimiento social debería ser muy cercana y yo creo que no los es. Hoy hay dificultades con el movimiento sindical, que ha hecho una propuesta clave como la del 1%, ha habido desencuentros con el tema del diálogo social, y eso no es bueno para el FA. La unidad del FA, y la estrategia del FA fundamentalmente, es definir antes que nada cuál es su base social para llevarla adelante. Y nuestra base social siguen siendo las trabajadoras, los trabajadores, los sectores populares de nuestro país. No es la burguesía nativa ni nadie que tenga intereses espúrios con los trabajadores. Entonces, en ese marco, está claro que los sujetos siguen siendo los trabajadores y las trabajadoras del siglo XXI. Con las modificaciones que ha impuesto el mundo del trabajo. Pero lo está demostrando la huelga de Katoen Natie. Son 300 obreros y tienen en jaque a toda la burguesía nacional, pidiendo los representantes políticos de la misma, la esencialidad, el liquidar la huelga, etc. Y los trabajadores por otro lado, resistiendo como pueden y peleando a brazo partido para que la huelga triunfe. Eso es clave. Hay una serie de cosas para reivindicar y que hay que saber amalgamarlas.
E.A. ¿Alguna reflexión sobre la actuación del Partido Socialista en los últimos tiempos?
G.G. Creo que lo más importante que hizo el Partido Socialista en los últimos tiempos es tener un giro hacia la izquierda, comparado con las posturas que tenían direcciones anteriores. Lo segundo es que ha marcado una posición clarísima con respecto al tema del plebiscito de la seguridad social, eso fue un avance sustantivo. Lo mismo que en la lucha contra la LUC. Esos fueron los elementos más importantes que marcan lo que en uno de los congresos clave -el 50 Congreso- se define como los temas centrales para llevar adelante, con una clara posición de izquierda. Todavía falta mucho, hay que incidir mucho más, tenemos que crecer. Es parte del desarrollo partidario.