CARLOS COITIÑO

 

Eduardo Aparicio

Claridad desde su origen contó con la participación, el pienso y el quehacer militante de Carlos Coitiño; a un año de su muerte nos parece importante generar un modesto hito en su recordación permanente. Tan permanente como él concibió la práctica política. Fue un militante de todas las horas, un infatigable batallador, alguien que ayudaba a pensar, que encaraba con profundidad y lealtad el debate e intercambio de ideas insustituible en las izquierdas.

Su peripecia militante fue larga, le tocó hacer frente a la persecución antes de la instalación de la dictadura “en el Uruguay democrático”, después sufrió la cárcel, los rigores de la represión, en la ofensiva reaccionaria burguesa que practicó la contrarrevolución preventiva, que desembocó en el Terrorismo de Estado.

Nunca abandonó un optimismo, fundado en la racionalidad, alejado de la ingenuidad, cargado de sustancia reflexiva.

La trayectoria de militante sindical fue larga, rica, haciendo parte de capítulos importantes en la épica del sindicalismo bancario, en su irreversible vuelco clasista que dio lugar a combates ejemplares, que signaron la lucha de los 60’.

Cuando el Frente Amplio ganó Montevideo, ejerció con impronta militante, congruencia y honestidad sin máculas, funciones de gobierno, con perspectiva política y talento de izquierda.

Como después lo hizo tan bien incursionando en la vidriosa actividad parlamentaria, en la que actuó con tesón, trabajo, entrega, siempre orientado por la estrella polar que marca que la función primera del parlamentarismo ejercido por los revolucionarios es contribuir a las luchas que nacen y anidan en la profundidad de la sociedad.

 

No hicimos parte de la misma generación, entonces con él no compartimos  la militancia estudiantil como sí ocurrió con muchos otros compañeros vinculados al PVP; pero tuvimos la posibilidad de aquilatar en toda su dimensión sus cualidades políticas y generar la complicidad militante, en la campaña por el voto rosado para anular la ley de caducidad.

Sin esperar las definiciones orgánicas, que por cierto llegaron mucho después, compartimos el activismo en la Coordinadora por la Anulación, nacida en Serpaj. Desde los primeros pasos estuvo en aquellas reuniones iniciales que contaron -entre otros referentes- con Guillermo (Yuyo) Chifflet.

En la difícil lucha por la anulación Carlos demostró sus dotes de hacedor, organizador y orientador en esa campaña, que, confesemos, fue difícil seguirle el tren así como placentero discutir y disentir con él.

Se puede decir que fue un socialista revolucionario a carta cabal, con sus orígenes anclados en la tradición libertaria, siempre animado por la fuerza de las convicciones de la lucha frontal contra el capitalismo.

En el terreno político, siempre se caracterizó por su espíritu unitario, siendo una pieza maestra en la construcción del acercamiento político y la promoción de la unidad de acción entre el PVP y el PS en el último lustro; su credo tenía incorporado la necesidad de la unidad de quienes abrazan las banderas del socialismo y la libertad, que se alejan de las derivas burocráticas y propician los caminos que conducen a los trabajadores a la conquista del poder político a través de la revolución.