Brenda Bogliaccini
A Carlos Coitiño lo conocí cuando me integré a un equipo de la FAU del que él era el responsable en 1971. Lo integraban también un dirigente del sindicato de TEM, un psicoanalista y otra estudiante como yo. Una imagen que se repetirá a través de los años: Coitiño en el centro haciendo un informe detallado y estimulando la discusión. Siempre promoviendo la reflexión, el análisis de la situación concreta buscando que no fuera de forma simplista, que incorporara todos los elementos de la coyuntura. Avanzado 1972, una reunión me quedó grabada en la memoria, tengo el recuerdo en imágenes de la intervención inicial de Carlos que motivaría luego la participación del resto. El ascenso autoritario, la represión ampliada y en lo que quería enfocarse: la generalización de la tortura. Ese fue el centro de la intervención pausada y reflexiva de Carlos. Primero un sacudón nombrar la posibilidad de sufrir la tortura y luego poder pensarla. Exigente reunión, con el pasar del tiempo valoré muy especialmente ese encuentro, fue una forma de cuidarnos, para ser conscientes de la situación que vivíamos, para pensar las opciones que hacíamos.
Supe de su participación durante la huelga general y el comienzo de la dictadura hasta que fue detenido, a través de los compas y libros de Hugo Cores. En 1973, comienzo de la dictadura, Hugo escribe: “empezamos a elaborar una propuesta de programa para la acción inmediata […] con Jorge Zaffaroni, Pablo Anzalone y Carlos Coitiño”. Esa será una de sus insistencias permanentes: la necesidad de una plataforma, de un programa para la acción. El nudo en el que insistía era en la construcción de herramientas para la acción política permanente y nacional del PVP, y para incidir y cambiar la correlación de fuerzas en el Frente Amplio.
No es imaginable la construcción del Espacio 567 -primer arco de alianzas del PVP- sin el trabajo de Coitiño, en particular el proceso que culminó con la Plataforma del Espacio 567 de 2017 acordada en un encuentro en Carmelo, luego de otros en diferentes departamentos. También su protagonismo en la elaboración de propuestas programáticas y aportes que se realizaron desde el PVP en diferentes momentos de los gobiernos y Congresos del FA.
Fue representante del PVP en la Mesa Política del FA desde que recuerdo. A partir de esa tarea y su presencia en el despacho del PVP en el Parlamento, tejió vínculos y promovió iniciativas hacia el PVP y hacia afuera. La imagen de Carlos llamando por teléfono a las y los compas, mandando las actas de la Mesa a compas del PVP, 567 y otros con los que tenía diálogo, las reuniones en el despacho parlamentario ya fueran las formales acordadas, como con compañeros para pensar iniciativas en función de la situación política y del FA. Ideas e iniciativas con una perspectiva de incidir como PVP en el FA al que consideraba el actor político central, al mismo tiempo que desarrollaba una perspectiva crítica persistente. Coitiño era un frenteamplista leal y comprometido, al mismo tiempo que un incisivo crítico de funcionamiento del FA, del relacionamiento del gobierno con el FA. Denunciaba la idea del partido FA para conseguir votos y luego la autonomía del gobierno para hacer, afirmaba: “En la fuerza orgánica, que es la que logra que llegue a ser gobierno nacional o departamental, estaba establecido lo que el gobierno podía llegar a ser. Primero que nada cumplir el programa, en segundo lugar todas las dificultades discutirlas en el marco de esto. Nosotros nos hemos referido permanentemente a una decisión unánime del Plenario Nacional del 19 de abril de 2004, que estableció cómo debía ser la relación, entre la fuerza política, el gobierno, el Parlamento, los intendentes donde tuviéramos, los ediles donde tuviéramos, la sociedad civil organizada y los trabajadores. El balance que el PVP hace es que no se ha respetado absolutamente ese compromiso que asumimos todos”. También fue animador de propuestas como cuestionar la Ley de Riego del FA y apoyar la juntada de firmas para intentar derogarla. Al mismo tiempo, la participación de los movimientos sociales y muy en particular las iniciativas populares como los plebiscitos o referéndums, siempre encontraron en él un protagonista de primera línea, como en el caso del Plebiscito para la Anulación de la Ley de Caducidad.
Sus insistencias y desvelos eran: “transformar lo individual en lo colectivo, y transformar las opiniones personales en definiciones colectivas. La articulación entre las energías del movimiento social y el movimiento político son imprescindibles para construir un programa, un proyecto de gobierno y una línea de acción transformadora”.