
Jorge Ramada
Cuando era niño era muy común ver una propaganda de la RCA Victor, destacando la fidelidad de la reproducción sonora de sus gramófonos (antecesores de los tocadiscos). El reclame se identificaba como “La Voz del Amo” y la imagen mostraba un gramófono con su bocina apuntando a un dócil perro que escuchaba esa voz, saliendo de ella.
La imagen viene a cuento de la actitud de varios legisladores y personajes de la derecha vernácula que, cual dóciles cachorros del amo del norte, se sientan a escuchar las indicaciones que les da.
Desgraciadamente, estos cachorros no emiten ladridos y gruñidos (algunos sí), sino que tienen el don de la palabra, así que no solo escuchan, sino que repiten lo que les dice “la voz del amo”. Y cuentan además con otros dóciles servidores que, desde los medios masivos de comunicación, les permiten repetir y amplificar lo que el amo quiere que el mundo escuche.
Por eso es que siempre que se refieren a Hamas, lo titulan “el grupo terrorista”, cuando hablan de Cuba y Venezuela, dicen “las dictaduras“ cubana y venezolana. Y las tipificaciones sirven para justificar el genocidio israelí, criticar las expresiones de apoyo solidario a Cuba, o referirse al secuestro de Maduro (ese sí, atentado terrorista), como “una exitosa operación de guerra”.
Ahí están los blancos, Schipani, Mieres, repitiendo como loros que Cuba es una dictadura corrupta; ahí está Isaac Alfie (que escucha 2 voces, la del amo del norte y la de su amo espiritual, el genocida Netanyahu) saliendo a tratar de “nabo” y “corrupto” al presidente español Pedro Sánchez, por prohibir el paso por su espacio aéreo de los aviones que van a bombardear Irán; y así otros varios.
La voz del amo, además de dar indicaciones a sus más fieles cachorros, en otras ocasiones prepotea y trata de intimidar. Así por ejemplo, la embajada en Uruguay “observó con recelo” el viaje a China encabezado por Orsi. ¿Habrá sido para atender a ese “recelo” que Orsi a la vuelta se subió al portaaviones yanki? Ya en el gobierno anterior había cuestionado (y en los hechos logró dejar sin efecto) la posible compra de lanchas patrulleras a China, aunque en ese caso a Javier García no le preocupó que la demora en resolver le dejara el mar libre a los narcos.
Pero resulta que la voz del amo también llega a oídos de varios progresistas y como suena muy fuerte y tiene gran poder de convicción, también consigue repetidores. Ya escuchamos decir que el secuestro de Maduro podía facilitar el advenimiento de la democracia en Venezuela. No hay firmes condenas del gobierno a las masacres de yankis y sionistas en Medio Oriente. Seguimos escuchando a politólogos progresistas tildar de “horrible” a la situación de la democracia en Cuba, Venezuela y Nicaragua (los 3 elegidos por el amo para ser marcados como enemigos), sin que cuestionen la supuesta democracia de Honduras, El Salvador o Perú.
Al parecer la esencia de la democracia está en los aspectos formales, en la posibilidad de que haya elecciones periódicas (no importan cuán limpias sean) y que esto permita la “alternancia” de partidos en el gobierno, sin importar que los alternos al progresismo se dediquen a recortar derechos y a acentuar las desigualdades, como si eso no fuera una forma de socavar la democracia.
Escuchar la voz del amo (y hacerle caso) no nos va a llevar a solucionar los problemas más urgentes de nuestro pueblo. Sería mejor que los gobernantes escucharan (y atendieran) la voz del pueblo, la que clama por que haya condiciones de vida dignas para todos y no como objetivo a largo plazo de un programa, sino como una urgencia para detener el deterioro social que todos constatamos.
Hoy más que nunca deberíamos insistir en denunciar los contenidos de “la voz del amo” y cuestionar a los que la escuchan y obedecen (o no quieren contrariarla). Y a la vez ayudar a que la voz del pueblo suene cada vez más fuerte, para que se oiga en todos los ámbitos, aun en aquellos que no quieren escucharla.