¿QUO VADIS, FA? - EL PODER DEL MENSAJE

Hugo Tuyá

“Pagará más quien tiene más, y menos, quien tiene menos”

Tabaré Vázquez (2005)

 

La frase de Vázquez marcó sin duda, un hito contributivo y, además, social, donde el crecimiento imparable de la desigualdad entre conciudadanos, luego de sucesivas crisis cíclicas, era un secreto a voces, aunque idea desechable para los personajes ultra liberales tipo Jorge Batlle et al. A esa altura de los acontecimientos, el Partido Colorado había sido golpeado duramente en su línea de flotación ciudadana, perdiendo cientos de miles de votos que, en su mayoría, pasó a engrosar al FA y a sus distintos movimientos y partidos componentes. Fue el precio histórico a pagar por el desdibujamiento casi total de una ideología progresista que incluyó el apoyo a sectores autoritarios del partido y la franquicia a un presidente de corte fascista a partir de 1972. Además, el abandono de figuras preponderantes que luego estarían en la creación del FA.

El mensaje se había canalizado a través de las primeras medidas del programa frenteamplista que se implementarían a partir del 2005, junto con otras que marcarían época, como el plan Ceibal, el Hospital de ojos, la reforma de la Salud, y también, la restricción del consumo de tabaco en lugares cerrados, que motivó el juicio de una trasnacional que luego saldría esquilada y debería pagar los gastos de los abogados de la defensa.

Traer a colación la ya famosa frase -hay otras matrizadas que remiten a la fundación de la fuerza política- constituye, en una nueva transición global del capitalismo, una alerta amarilla en una situación de incertidumbres varias y de dudas acerca del rumbo del gobierno y del variopinto discurso que lo acompaña. Pero, asimismo, creemos en una falla reiterada en la comunicación pública que señale el rumbo preciso, exento de ambigüedades, y explique las causas de las medidas que se toman y los problemas complejos que, a nivel local e internacional, necesitan ser comprendidos por el ciudadano de a pie, ámbitos que en la actualidad se interrelacionan inevitablemente. Quizás porque al momento no existen líderes carismáticos en la izquierda que tomen la palabra y el micrófono asidua y sistemáticamente para sostener con argumentos el camino que se transita. Quizás por un cambio de estrategia mediática que se dirige a la comunicación directa con la población y a un diálogo pretendidamente positivo con la oposición.

La pérdida de apoyo popular que hoy marcan 2 encuestadoras parece atravesar la falta u orfandad de expectativas que hacia 2024 se prometió con la llegada nuevamente del FA a la primera magistratura. Las redes sociales y la tenaz puesta en escena de la oposición política también hacen su juego.

Existe un proceso acumulativo que implica, -entre respuestas múltiples y donde resalta la carencia de comunicación masiva hacia la militancia y la población-, la falta de toma de partido por causas delicadas en derechos humanos y violaciones del derecho internacional, las razones de la demora en actuar en focos sociales fundamentales, y la aparente continuidad de problemas en la seguridad frente al delito. Como frutilla de la torta, el episodio del portaaviones cubierto por la visita del presidente Orsi y de otras figuras del gobierno. Por otra parte, la oratoria del primer mandatario no se caracteriza por su locuacidad y luce desteñida en situaciones puntuales donde el eje parece bascular entre el desconocimiento y la falta de certezas en temáticas de corte ético o político hacia situaciones que, para el común de los mortales, lucen categóricas, y que exigen decisiones terminantes desde el poder político. En la balanza se pueden contar también medidas rescatables: no todo es blanco o negro en la política…

En este escenario, las noticias realzan penosamente la teoría de las dificultades tanto políticas como éticas que componen las relaciones internacionales, y que comprometen una trayectoria histórica y principios cruciales de una política nacional independiente frente a cualquier imperio y sus designios, en momentos de altas tensiones que aumentan la temperatura en los artífices del armamentismo y su deriva guerrerista. La perenne dependencia externa, los temas comerciales, y las urgencias domésticas, tienen sus límites que ponen contra las cuerdas las mejores intenciones, y echan por tierra simbolismos poderosos, pero que deben reafirmar los inexcusables principios de la fuerza política y su comprometida ascendencia artiguista: soberanía, independencia, y justicia social. En ese combo históricamente ineludible para la militancia y convencidos seguidores es donde quizás pueda encontrarse la última debilidad de la performance política del FA al mando de Orsi y el MPP, que las mediciones de opinión publica señalan con cierta verosimilitud.

Hay tiempo por delante para correcciones y vueltas de tuerca que retornen la confianza perdida y marquen, con decidida contundencia, el rumbo de izquierda que miles de ciudadanos aguardan con impaciencia de muchas décadas y de mucha pelea y dolor por innumerables batallas perdidas a manos de la derecha que hoy, lejos de ser un adversario parlamentario, se ha convertido, en Uruguay y en la región, en un enemigo implacable que vuelve por sus fueros ante la presencia de cualquier proyecto que implique un avance social. Es posible que el presidente crea que puede existir diálogo con la oposición de la misma forma que lo era cuando la intendencia de Canelones lo tenía como figura máxima, y/o que las coordenadas geopolíticas del presente obligue a tomar distancia de “extremismos” discursivos que distorsionen los planes por venir en la tumultuosa era Trump. Pero las responsabilidades de conducción de un país son notablemente diferentes. La globalización nos expone, sin reservas, a nuestras flaquezas estructurales históricas.

Sin embargo, los principios fundacionales no pueden quedar en el cajón de la resignación frente a episodios terribles que imponen una moral política definida, y que han sido la marca de fábrica de la fuerza política como enseñanza y práctica de la libertad democrática contra cualquier intento de ruptura republicana o de imposición imperial. A pesar de esto, lejos de cualquier simplificación de la coyuntura histórica, es conocido el hecho que pone una barrera de contención a lo estrictamente ideológico: son las inversiones para el crecimiento y la demanda de estabilidad político-financiera de cualquier territorio que así las solicite. Sobre esas bases -avaladas por las agencias de calificación de riesgos, panóptico planetario del capitalismo globalizado- se ejecutan las premisas de los eventuales inversores, quienes tienen la posibilidad de desembarcar en el país que más les convenga a través de ventajas financieras comparativas y una “pax” política aceptada.

La concreción de reformas sustantivas puede generar una nueva mística en el proceso histórico del FA como fuerza de cambio y construcción de un Uruguay sin desigualdades inicuas y con posturas firmes ante latrocinios de cualquier tipo, sea en Latinoamérica o en el mundo. El decurso de los hechos parece indicar que, como reza cierta canción: “la senda está trazada”. El eventual desvío de la ruta que prefiguraba el compromiso político-social en 2024 solo puede favorecer la tesis del conglomerado derechista hoy en la oposición, y galvanizar la idea-fuerza de un neoliberalismo cultural de plazo indefinido que hasta la fecha no ha sido perforado en su centro neurálgico: continuamos con las AFAP en manos privadas, rechazamos impuestos a los millonarios de tierra adentro… y los recursos y los tiempos políticos escasean. Mirarse en el espejo del historial del batllismo histórico mutado en espejos neoliberales y concluido en la tercera posición electoral desde hace décadas, puede ser motivo de reflexión, creatividad, y cambios de trayectoria.

Estamos siendo rodeados en América Latina por la derecha mundial con epicentro en Washington. En estos momentos termina de desembarcar en Uruguay Peter Thiel, CEO de la empresa Palantir y escudero de Trump en ideología y proyectos de dominación. Por lo tanto, y viéndolos llegar desde aire y mar, conviene estar atento. Bienvenido el diálogo republicano nacional, incluso con los enemigos de la pública felicidad, situación que es marcada a fuego por la historia de los pueblos y sus controversias, pero nunca al precio de la venta o alquiler de los valores adquiridos. Tampoco a través de discursos heroicos que, mencionando a próceres de bronce, corren el riesgo de quedar apolillados en roperos de estilo con fotos interiores de personajes ilustrados y valientes.