Raúl Viñas
El hidrógeno es el más simple de los elementos de la tabla periódica, el primero de ella, con masa atómica y peso atómico uno, su símbolo identificador es la letra “H”. Fue bautizado por Lavoisier a partir de la expresión latina “hydrogenium” que significa “generador de agua”.
Si bien se considera el elemento más abundante del universo, en la Tierra es muy escaso como elemento puro, así por ejemplo en la atmósfera apenas se puede medir su presencia.
Tiene una muy alta capacidad de reacción con otros elementos, y así está presente en multitud de compuestos, como ácidos, hidrocarburos y alcoholes; además de estar presente en casi todas las moléculas orgánicas. Es fundamental para la vida en la tierra al conformar junto con el oxígeno la molécula del agua (H2O).
Su uso industrial se ha desarrollado, especialmente en el último siglo, con aplicaciones en la metalurgia, la refinación de petróleo, la industria alimentaria y muy especialmente en la química para producción de amoníaco indispensable en la fabricación de muchos fertilizantes.
Su uso como energético se ha impulsado desde la década del 70 del siglo pasado especialmente con el desarrollo de las llamadas celdas de hidrógeno donde el hidrógeno reacciona con oxígeno generando agua y en el proceso produciendo electricidad que puede ser utilizada, por ejemplo, para mover un vehículo.
La obtención de hidrógeno se hace principalmente a partir de la disociación de compuestos químicos. El proceso más importante hoy, por volumen de producción, es a partir de hidrocarburos, básicamente metano (CH4), “reformado” con vapor de agua proceso que se identifica con el color Gris, o Azul, cuando se complementa con sistemas de captación del dióxido de carbono que se genera en esa operación.
Otros procesos para obtener hidrógeno tienen que ver con la gasificación de carbón, Hidrógeno Negro o Marrón, o el uso de electricidad de origen termonuclear para la disociación de la molécula de agua que se identifica como Hidrógeno Rosado.
Cuando la electrolisis del agua se hace en base a electricidad cuyo origen se considera renovable, entonces se denomina Hidrógeno Verde.
Energéticamente, el común denominador de todos los procesos reseñados para producir hidrógeno es que se emplea en ellos más energía que la que se puede obtener del uso del hidrógeno producido.
Verde que te quiero verde
Las reglamentaciones ambientales, en especial las establecidas hasta 2021 por la Comunidad Europea, con la prohibición de uso combustibles fósiles en vehículos de transporte a partir de 2035, impulsaron la idea de incrementar la producción de hidrógeno Verde. Esto tanto para su uso directo en el transporte como también a modo de paso intermedio en la producción de sustitutos “ecológicos” de los combustibles fósiles, la Egasolina y el Ediesel.
Esa situación también dio fuerza a los planteamientos para producir Eamoníaco y Emetanol a partir de la electrolisis del agua con electricidad Verde.
Cientos de proyectos aparecieron en todo el mundo, la mayoría impulsados por subsidios y apoyos principalmente gubernamentales en pro de una economía más “Verde” y con la mira puesta en la reducción de la emisión de los denominados gases de invernadero, especialmente el dióxido de carbono (CO2). Sólo en Chile se llegaron a contabilizar 46 proyectos.
En Uruguay el tema fue impulsado por el gobierno anterior que generó documentos como la Hoja de Ruta del Hidrógeno y grupos de trabajo en el ámbito del Ministerio de Industria Energía y Minería. Se firmaron documentos “secretos” como el memorando de entendimiento con la empresa HIF del 24 de febrero de 2024 cuya confidencialidad el gobierno defendió, a instancias de esa empresa, incluso ante la justicia. La propaganda tampoco faltó a la cita especialmente la de la “agencia responsable de la promoción de exportaciones, inversiones e imagen país” que es Uruguay XXI, promocionando la opción de desarrollar en Uruguay proyectos de “Hidrógeno Verde”.
El actual gobierno continúa esa política y así se habla de gigantescas inversiones, de una segunda transformación de la matriz energética y de descarbonizar esa matriz. Todo eso generando miles de empleos y “desarrollo”.
Quien siempre me miente nunca me engaña
En realidad si se ejecutan los proyectos, las inversiones serán casi totalmente en el exterior. Como con el caso de las plantas de celulosa, el grueso de las inversiones son en maquinaria y equipos que no se producen en Uruguay donde sólo se ejecutan las obras para su instalación.
La experiencia de esas grandes “inversiones” muestra que lo efectivamente invertido en Uruguay por ese tipo de proyectos no supera el 15% del total e incluso ese porcentaje incluye contratos con empresas extranjeras en áreas especializadas de la instalación.
Lo de “miles de empleos” se dice respecto a “picos” de uso de mano de obra en alguna fase de la construcción de las plantas ya que su operación es una actividad altamente automatizada y así con bajo nivel de empleo. El dato más celosamente guardado sobre este tema es el volumen de mano de obra involucrado en la construcción, cuantos jornales implica el total de obra. Esa es la verdadera medida del impacto de la obra en el mercado de trabajo y en la masa salarial, pero se niegan rotundamente a mencionarlo.
Para entenderlo mejor, que una empresa diga que empleará en el pico de la construcción a 3.000 personas es irrelevante si no se dice cuanto tiempo durará ese pico. Supongamos que esos 3.000 “empleos” se desarrollan por un mes, generando tres mil salarios. Eso en masa salarial es lo mismo que 250 personas trabajando durante un año, menos empleo del que genera un supermercado grande en un shopping.
El traje del emperador (que estaba desnudo)
Cuando el 8 de junio de 2023 el entonces Presidente de la República Luis Lacalle anunció en Paysandú un proyecto de “Hidrógeno Verde” para producir combustibles sintéticos, lo hizo indicando que sería la mayor inversión de la historia del Uruguay. Un sitial que previamente ocupó la planta de Botnia en Fray Bentos, el proyecto de Aratirí, UPM 2 y ahora HIF.
Los números del proyecto eran impresionantes, cuatro mil millones de dólares. Dos mil en la planta industrial y otros dos mil en una planta solar y otra eólica para generar energía renovable que permitiría considerar “verde” la obtención de hidrógeno a partir de la electrolisis de agua.
Declaraciones posteriores durante la campaña electoral de 2024 llevaron el monto de la inversión a seis mil millones, un incremento de dos mil millones de dólares que no se justificó y que la empresa no incluyó en sus comunicados sino hasta varios meses más tarde.
Los reportes periodísticos de la época indicaban que la construcción comenzaría en 20241 y que la planta produciría anualmente 250.000 toneladas de nafta sintética utilizando hidrógeno “verde” y dióxido de carbono de origen biogénico, a partir de la destilación de etanol de cereal, en la planta de ALUR en Paysandú.
Antes, en 2020, Belasay SA, una asociación de SEG Ingeniería y la alemana Enertrag, había presentado el Proyecto “Tambor” para producir Emetanol a partir de Hidrógeno “Verde” y dióxido de carbono en la localidad de Tambores en Tacuarembó. Este proyecto enfrentó fuerte resistencia de la población local, movimientos sociales y la academia por la pretensión de utilizar masivamente agua del acuífero Guaraní en su proceso industrial.
Otro proyecto para la producción de amoníaco a partir de hidrógeno “verde” ha sido referido en la prensa, impulsado por la empresa Alfanar desde 2023. Alfanar, una empresa de capitales sauditas con base en España, donde opera un parque eólico, dice que su proyecto se instalará en Rocha y que la inversión sería de seis mil millones de dólares. No hay muchos detalles de este proyecto, salvo que ha firmado un acuerdo de confidencialidad con UTE.
Todos los proyectos reseñados tienen en común que su finalidad no es la producción de hidrógeno. El hidrógeno es solamente un paso intermedio en la producción de otras sustancias como amoníaco utilizado en la producción de fertilizantes o metanol que puede ser usado para sintetizar hidrocarburos más complejos como los que componen la nafta.
Para ello necesitan, además de grandes cantidades de agua pura, otros insumos como nitrógeno (N) y CO2. Especialmente el CO2 tiene que provenir de la captura de emisiones industriales u otras fuentes cuya utilización evite el incremento de CO2 en la atmósfera.
Para ello el proyecto Tambor propone la captura de las emisiones de CO2 de un aserradero, que quema desechos para la producción de electricidad, trasladando ese gas en camiones por más de 100 kilómetros hasta la planta donde mediante el uso de calor, altas presiones y elementos químicos catalizadores se combinaría con hidrógeno “verde” obtenido de agua superficial de la zona. Eso para contrarrestar las protestas por el uso masivo previsto originalmente del acuífero Guaraní.
La zona de Tambores es una divisoria de aguas, no tiene cursos de agua permanentes de buen caudal, por lo que desde el proyecto se propone construir un embalse para agua de lluvia. Igualmente los planes presentados a la DINACEA del Ministerio de Ambiente incluyen la perforación de doce pozos y la previsión de que la extracción de agua puede llegar a agotarlos temporariamente, como Plan B.
Más complicada aún es la situación del proyecto de HIF en Paysandú que ahora dice produciría más de un millón de toneladas de combustibles “ecológicos” incluyendo metanol, combustible de aviación, naftas, diesel e incluso aceites pesados, toda una “refinería”.
Ese incremento implica que la planta necesitará mucha más agua y electricidad para producir el hidrógeno que usará, pero también mucho más CO2. Así las 50.000 toneladas anuales que podría venderles ALUR (CO2 industrial) sólo cubren el 5% de las necesidades debiendo obtener el otro 95% de otras fuentes.
No habiendo fuentes industriales disponibles, el plan de la empresa es quemar biomasa de residuos forestales pos cosecha en cuatro calderas. Se libera en esa combustión CO2, que de otra forma nunca iría a la atmósfera, para después capturarlo y decirse carbono neutral.
Ese proceso implica el traslado por camión de esos residuos a razón de 110 camiones diarios que podrían tener que recorrer 300km por viaje, alterando además el balance de biomasa de los terrenos donde se saquen esos residuos, que de otra forma se integrarían a la tierra, con lo que se incrementa la degradación de los suelos.
Los pura sangre del hidrógeno
Otros dos proyectos proponen la utilización directa del hidrógeno para su uso en el transporte pesado, los dos relacionados con el transporte de madera a las plantas de celulosa de UPM en camiones eléctricos provistos de celdas de combustible.
El primero denominado “Kahiros” se instalará en las cercanías de Fray Bentos (UPM1) y a partir de agua subterránea generará unas 70 toneladas anuales de Hidrógeno para abastecer una flota de camiones madereros. Podría comenzar a operar a fines de este año.
El segundo “H24U” a instalarse en las cercanías de pueblo Centenario en Durazno (UPM2), similar a Kahiros en su propósito, preveía una inversión de más de cuarenta millones de dólares. En 2023 se le adjudicaron por parte del gobierno diez millones de dólares no reembolsables desde un Fondo Sectorial estatal para el desarrollo de la investigación en Hidrógeno Verde. Ahora, habiendo transcurrido tres años, nada se sabe del proyecto, y no habiendo presentado ningún documento para una autorización ambiental, el proyecto ha dejado de ser mencionado en ningún ámbito. Nadie ha dado ninguna explicación de esto ni del destino del premio de diez millones de dólares.2
Energizame
Las últimas novedades del proyecto de Paysandú no son alentadoras. La empresa que venía a instalar un gigantesco parque eólico y una planta solar de más de 1.500 hectáreas pone como condición para su instalación la provisión de energía por UTE a un precio muy por debajo del vigente y por debajo incluso del que se paga en los países vecinos. Eso, además, sin garantizar volumen de compra en lo que sería otro “negocio” ruinoso para la UTE que ya está obligada a pagar precios muy altos por su electricidad a las plantas de celulosa y contratos eólicos firmados hace ya casi 20 años.
Por otra parte, incluso a nivel internacional, se juega peligrosamente con ideas de relocalización de la futura planta de HIF sin participación visible de la empresa, toda cuya documentación se refiere al lugar original.
Eso me trae a la memoria los cambios en el trazado del mineroducto de Aratirí por el puerto de aguas profundas. Esos cambios sirvieron de pretexto para que Aratirí iniciara una demanda contra el Uruguay por tres mil quinientos millones de dólares la que calladamente sigue su curso en tribunales europeos.
El mundo está lleno de piratas y corsarios, quizá algunos ahora en lugar de un parche negro en el ojo usan uno verde.