
Garabed Arakelian
En tiempos de gobierno colegiado, y con el Partido Nacional triunfante, el señor Eduardo Víctor Haedo ocupó la presidencia de la república. Durante su mandato cosechó muchas anécdotas, algunas ciertas y otras producto resultante de los mentideros políticos de la época, que también existían y eran eficaces en el cumplimiento de sus cometidos. Haedo, por su parte, colaboraba para que no les faltara material.
Una anécdota de ese estilo narra que una conocida empresa concesionaria de autos de los que ahora se llaman vehículos de alta gama invitó al presidente Haedo a participar del lanzamiento de uno de esos modelos. El cierre de dicho acto consistió en el obsequio al mandatario de una unidad cero kilómetro que el favorecido rechazó tajantemente, aunque admitiendo que si se cotizaba con un precio razonable lo compraría sin dudar. En respuesta inmediata, el concesionario le facturó la venta con el valor simbólico de un dólar, confiando que, de esa manera, liberaba al presidente del compromiso y la objeción constitucional y ética que implicaba recibir obsequios personales. A su vez, Haedo, admitiendo que el precio era conveniente, además de agradecer el gesto del concesionario agregó: “Me gusta, aprónteme otro más, que me llevo los dos. Es para hacer un regalo “, explicó.
Con menos novelería en el trámite, y más cerca en el tiempo, la compra de una camioneta, en febrero de 2025, por parte de quien sería el futuro presidente de la república, asumió ahora, un año y medio después, la magnitud de un negociado de dimensiones futuristas convenientemente pregonado por las baterías difusoras de la derecha nacional e internacional, a las que es necesario reconocer esa eficacia.
La muestra del presunto hecho delictivo, sería -según estos voceros- la compra directa de una camioneta a la empresa importadora, con una rebaja de 25 mil dólares sobre su precio de lista. El comprador era el señor Yamandú Orsi, que un par de semanas después, investido como presidente de la república, comenzó a ejercer su mandato.
Si en ese acto de compra, con recibo y factura, como simple ciudadano, hubo dolo o infracción que perjudicara los intereses del Uruguay no aparece a primera vista. Los sabuesos, no ya de la ley sino de la ética, deberán esmerarse para hallar esas pruebas. Los indignados y alborotados opositores deberán buscar elementos mas sólidos para hacer denuncias.
Después de pasar un paño sobre la mesa de trabajo y dejarlo libre de residuos corresponde hablar entre nosotros y admitir que el presidente además de ser honesto debe parecerlo. Esto es, comportarse de manera tal que no haya lugar para sospechas. Hasta ahora no hay elementos serios que prueben la existencia de corrupción en la administración Orsi, pero hay dudas enormes en el terreno político que surgen de su propia fuerza política. Las bases del F.A. califican no solo de timorato sino de claudicante a su propio gobierno. Son los primeros indicios de ese estado de rechazo que promueve la disconformidad general que es, en definitiva un estado del alma. Y quienes se manejan con estadísticas y números y creen que allí está la verdad y que con ella basta para demostrar que se está en el buen camino, se equivocan, pues la reacción no se puede ni se debe ignorar.
Las famosas “redes” extienden sus mallas de modo creciente -incisivo e inclusivo- y no hay tema que no caiga en ellas a nivel casi que planetario. Los hay vulgares y chabacanos, meramente informativos y también cultos, serios y respetuosos de su audiencia. Pero la supremacía numérica de los primeros, de los ordinarios, es notoria aún tratando temas de importancia: es que tienen la capacidad de rebajar todo y presentarlos “en el mismo lodo todos revolcaos” porque “nada es mejor y todo es igual”.
Los economistas manejan las cifras, claro, es lo suyo, pero no se conforman con ello sino que sacan conclusiones y eso también les corresponde. Pero los datos, son de todos y quien guste hacerlo puede conjeturar en torno a temas diversos manejando números y estadísticas. De modo que uno puede hablar del descenso de la natalidad como si comentara el índice de humedad y lo complicado que se vuelve secar la ropa. Pero también puede preocuparse en serio, no con interés burocrático y con horario, sino con sana y profunda intención patriótica, tal como corresponde a la gran mersa del conglomerado nacional y popular que, afortunadamente se está preocupando un poco menos de las travesuras futbolísticas y algo más de todo lo que implica el futuro del país.
Me refiero al “Diálogo Social”, al impuesto del 1 %, aplicado a ese 1 % de la población que tiene los más altos ingresos y es poseedora de bienes que respaldan ese patrimonio, y no dejo de lado el desempeño de las AFAP y a la defensa de nuestra soberanía, entre algunos otros temas relevantes. Porque ¿se da cuenta que apenas falta un tinguiñazo que puede venir de cualquier lado para que entremos en una crisis existencial pues somos cada vez menos y no alcanzamos a cubrir las reducidas dimensiones del territorio nacional? Eso es preocupante y ya volveremos a hablar de estos temas.