Hugo Tuyá
“En un mundo desigual, la justicia social es una obligación moral”
Presidente Yamandú Orsi- Discurso ante Asamblea General. Balance
del primer año de gobierno-02/03/26-
Partamos de la sensación térmica: tres empresas encuestadoras conocidas -OPCION, FACTUM, y EQUIPOS- han confirmado a través de la prensa, una inflexión singular en el apoyo ciudadano a la gestión del presidente. La luna de miel consignada por los analistas no ha durado mucho. Se ha detectado una baja coyuntural atípica por el corto periodo de mandato, y una porción bastante amplia de la ciudadanía se encuentra dentro de un tiempo de incertidumbre o de expectativa respecto a resultados comprometidos en el programa frenteamplista de 2024. Entre quienes votaron a la coalición, la desaprobación llega a un 70%. La imagen personal va por otros andariveles marcando una temperatura diferente, lo que a todas luces demuestra que la figura presidencial y su performance como mandatario y comandante en jefe, caminan separados por la historia política.
Decimos “coyuntural” porque queda todavía mucho espacio y tiempo para sobrellevar el trago amargo, a la espera de transformaciones reales que la militancia y los votantes esperan. Si observamos los mismos datos en relación a los primeros tiempos del gobierno de coalición, el ex presidente Lacalle Pou gozaba de guarismos más optimistas y contundentes, particularmente al inicio de su mandato y la irrupción del Covid 19, quizás, un blindaje aleatorio circunstancial que permitió, discursivamente, y a fuerza de imágenes marketineras, mantener su figura y retórica a un nivel elevado en la consideración de la opinión pública, mientras la gestión iba por otros carriles. Pero las malas nuevas van por barrio, y las mismas encuestas que han bajado los números respecto a la gestión gubernamental de Orsi, tampoco son condescendientes con la actual oposición, la cual no parece estar alcanzando sus mejores logros según cierta parte de la ciudadanía… como oposición.
El proceso de recambio y eventuales transformaciones a la realidad recién comienza, luego de un año desteñido y constreñido a la reconstrucción o reparación de daños que, ineludiblemente, había que reconvertir en beneficio para la sociedad y en la mejora de la transparencia institucional. Una vez recompuesta la casa (¿?) y con plata en mano (¿?), 2026 señala un mojón trascendente para la ejecución de cambios impostergables, ya señalados, de antemano, en el programa de gobierno. Este año serán presentados proyectos clave como el Ministerio de Justicia, la Universidad de la Educación, y la tarea compilatoria correspondiente a los resultados del Diálogo Social, que implicará un arco ampliado de leyes sobre jubilaciones, apoyo a la infancia, sistema de cuidados, etc. El MI también tiene pronto una serie de proyectos sobre la seguridad ciudadana, que pasará, como los otros, por el Legislativo y la falta de votos en Diputados. Para varios propósitos se necesita, como se sabe, de mayorías especiales superando el cincuenta por ciento de las cámaras, y el esfuerzo mayor será poder conseguir manos levantadas más allá de los legisladores oficialistas. Otro de los proyectos ya en funcionamiento es el relativo a la prospección de hidrocarburos, cuya puesta en práctica ha sido rechazada por sectores académicos y ambientalistas de la sociedad, generando rispideces para la militancia y dejando en disputa la contradicción entre fuentes renovables, que el FA ha impulsado desde el principio, y los combustibles fósiles, siempre finitos y contaminantes del ambiente.
Todo tiene su precio de acuerdo a la consideración pública, y, sumado a una serie de comentarios desde Presidencia, y el MEF, los vacíos sobre opinión internacional que tanto el presidente Orsi como sus ministros han dejado sin cubrir, -particularmente el tema Gaza- han generado enojos y frustraciones, señaladas indirectamente y por elevación, en las mencionadas encuestas. Para muchos sectores de izquierda la convicción sobre posicionamientos éticos y humanitarios no puede cancelarse a pesar de los entuertos domésticos. A Uruguay le corresponden este año importantes responsabilidades a nivel regional a través de la presidencia pro tempore de la CELAC: hay trabajo como para entretenerse y marcar presencia soberana en temas urticantes.
En su presentación ante el Parlamento, el primer mandatario ha señalado, en un menú variado, aciertos, nuevos números respecto al trabajo, apoyos sociales, y proyectos por concretarse, manejando ideas que se relacionan con la salud universal y el transporte, el apoyo a la infancia, y el pilar de la justicia social, mencionado en el acápite de esta nota. Los déficits en las cuentas públicas dejados por los multicolores fueron señalados, además de los negocios mal habidos que implicó un forzoso cambio de rumbo en las temáticas Cardama y Arazati, que, de haber continuado la administración anterior, serían hoy hechos consumados. Habló de un mundo “radicalizado y extremista”, sin más detalles, confirmando el discurso neutral frente a los insucesos del momento histórico, eludiendo cualquier debate ideológico sobre los cambios profundos en la interna imperial al mando de Trump, y a los movimientos geopolíticos subterráneos que atraviesan las relaciones comerciales entre estados políticamente confrontados en una nueva Guerra Fría todavía sin nombre propio. Como aporte destacado a la presentación, mencionó a los médicos cubanos que trabajaron en el Hospital de ojos, brindando una atención de primera clase a quienes carecían de recursos para una operación de cataratas. En síntesis, un manejo de conceptos en tono moderador de conflictos interpartidarios con renuencia a encontronazos evitables con la oposición, pero haciendo énfasis en temas controversiales que la administración Lacalle Pou resolvió de pésima forma.
El entorno histórico, señalando una degradación de las relaciones internacionales y la impunidad manifiesta de una potencia y su aliado de Oriente medio, no muestra sus mejores galas, coyuntura que puede interpretarse, a la luz de los silencios gubernamentales, como un intento de desmarcarse frente a episodios relevantes para la política mundial, y al hecho del surgimiento de una nueva fase imperialista sin rivales a la vista. La ausencia de nombres y situaciones anómalas que distorsionan la política internacional -el FA ha emitido comunicados por Gaza y Cuba- pasa, teóricamente, por las horcas caudinas de la permanente amenaza de sanciones a quienes no comulguen con las políticas trumpianas. Además, Uruguay se halla(ba) en el umbral de un tratado Mercosur-UE, hoy firmado, ratificando su política exterior en base al comercio con el mundo, sin “enemigos” conocidos -la ministra Lazo dixit- y con vínculos de todo tipo y color, propiciando nuevos negocios para la exportación y renovando sus contactos con China a través de varios convenios que, eventualmente, mejoren las oportunidades de nuevas fuentes de trabajo nacional.
De esa forma, interponiendo en el imaginario colectivo una política de neutralidad diplomática sin vueltas, no fue posible escuchar de parte del presidente y algún ministro señalar con nombre y apellido al autor del genocidio en Gaza y al titiritero que invadió Venezuela y ahora se encuentra en guerra con Irán, acusando al ex imperio persa de país “terrorista”. Sin perjuicio que la ONU marque a fuego y sancione a los responsables de tanto dislate, muertes, y prepotencia, Uruguay ha elegido seguir al pie de la letra las consignas y comunicados emanados del organismo multilateral, que hasta hoy, no ha designado a la masacre en Gaza como genocidio, aunque, como se sabe, varios mandatarios latinoamericanos lo han manifestado sin pelos en la lengua: en la actualidad, el organismo luce como una entelequia deslucida, impedida de imponer un alto a las guerras, y sumisa frente a las presiones del imperio. Tampoco la ONU ha mencionado que los países, de acuerdo al axioma de Lord Palmerston, no tienen amigos ni enemigos, sino intereses, y, para el caso, el petróleo es el objetivo preciso a apropiar, tanto en Venezuela como en Irán.
Tampoco es posible, en el plano nacional, desligarse del clima político parlamentario y de la cuasi pandemia de cierres de empresas, y/o envíos al seguro de paro de parte de otras, que configuran una extraña sinergia reactiva a la llegada del FA y a la impronta del reciente gobierno. Parece claro que la oposición hará lo imposible por frenar cualquier proyecto que considere favorable a un éxito político de Orsi, y para ello, impone la “industria” de la interpelación o el llamado semanal a sala del ministro del ramo. También el de las comisiones investigadoras -caso Cardama, ahora también la estancia Ma. Dolores- que procura estirar los tiempos para evitar acusaciones, ecos mediáticos, y/o posibles condenas a los responsables de tal desaguisado, -nos referimos a la compra de dos patrulleras- y que la opinión pública termine olvidando el tema. A la sazón, se sigue en la espera de la dilucidación de chanchullos varios que vienen desde largo tiempo atrás y que, de a poco, van quedando en aguas de borrajas… Varias son las coartadas y chicanas planificadas por la supuesta coalición, ahora desperdigada, en tanto varios proyectos como el del Ministerio de Justicia, apoyado previamente por todos los partidos, hoy por hoy solo es sostenida por el FA, mostrando una vez más los engranajes encubiertos para cortar de cuajo un nuevo orden institucional y no permitir más controles de parte del Estado.
Sobre la gestión del gabinete, reflejada en las encuestas mencionadas, ciertas voces de izquierda se han escuchado últimamente, que demuestran diferencias marcadas con el discurso y con cierta tendencia hacia una neutralidad activa frente al capital y las grandes fortunas. Parece constituirse en una corriente silenciosa, pero a su vez, amplificada. Ejemplos como el caso Palestina por su falta de coraje político mediático, y el Presupuesto con su esmirriado despliegue constituyeron dos de los mayores desencuentros con la fuerza política en el gobierno, pero a medida que pasa el tiempo han surgido otros -la prospección sísmica, vg. -que eventualmente refuerzan la crítica interna y externa, generando una crisis soterrada de la dirigencia gobernante.
FRENTEAMPLISTAS: TENEMOS QUE HABLAR, grupo de militantes y votantes desencantados reunidos en octubre de 2025, fue precisamente el primer clamor, antecedente crítico, y la bajada a tierra de una enojo fraterno, unitario, y estratégico, demandando más participación para los cambios imprescindibles y más autocritica cuando el rumbo preestablecido de la nave comienza a experimentar un desvío no anunciado o tal vez lo único posible, pero que no contempla en profundidad las bases programáticas y que no promete más transformaciones que lo que un partido de centro liberal estaría dispuesto teóricamente a realizar. Se pide más audacia, compromiso, deconstrucción, y cambios revolucionarios no experimentados en anteriores gobiernos desde 2005, tratándose de la única fuerza política de masas capaz de reconfigurar la Política, la Economía, y la Cultura popular. A pesar de algunas medidas positivas en el periodo, puede señalarse y afirmarse que los discursos y la resistencia a transformaciones por dentro y por fuera del programa no han contemplado las expectativas “de izquierda” de gran parte del electorado. El año 2026 será un punto de inflexión para corroborar el rumbo del gobierno.
El FA como “constructor” de un país con justicia social e igualdad de oportunidades, está vedado de proseguir una praxis política conservadora. Tiene un solo camino para el logro de dicha meta: la consulta permanente a los receptores del programa, los cambios adecuados frente a demandas insatisfechas no previstas, y avances fuera de radar que involucren objetivos más ambiciosos y removedores como la reducción de la jornada laboral y el cobro del 1% a la porción más rica del país, discusiones que no lograrán plasmarse en leyes en el corto plazo, pero que contribuyan a un proceso acumulativo de información ciudadana que implique la toma de conciencia colectiva y un cambio cultural de gran alcance democrático y popular.