De críticas y autocríticas

 

Jorge Ramada 

Llueven las críticas al gobierno, sus acciones, sus resoluciones, sus pronunciamientos, su gestión en general. Las más frecuentes y amplificadas por la mayoría de los medios de difusión, son las de los partidos de la oposición, pero de ellas no pienso ocuparme porque, aunque algunas coincidan con las que vienen de sectores afines al partido de gobierno, tengo claro a qué intereses responden en última instancia, que no son los de los trabajadores, los sectores más oprimidos y vulnerables, el pueblo en general.

En la oposición también hubo autocrítica (al menos de los blancos), pero por supuesto que son llantos por haber perdido la elección. No creo que quieran autocriticarse por haber priorizado a los “malla oro”, pues para ellos querían gobernar. Quizás para adentro piensen que deberían criticarse (o más bien lamentarse) por no haber podido desmantelar las empresas públicas o aplicar más a fondo la LUC, por la resistencia que opusieron los trabajadores y organizaciones populares.

Pero, desde adentro del FA, las críticas son cada vez más frecuentes y recaen sobre todo en las indefiniciones (o definiciones cuestionables) de Orsi, en la línea económica que encabeza Oddone y en la ubicación del canciller Lubetkin ante problemas internacionales. Ellos tres –y algunos jerarcas más– no parecen responder al FA, sino “al gobierno”, que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. (Entre paréntesis, un argumento para no reconocer al gobierno venezolano luego del secuestro de Maduro, fue que no había surgido de elecciones libres; ¿de qué elección libre surgieron Oddone y Lubetkin?)

También hubo una autocrítica tras el 2019, que no fue por no cumplir expectativas populares, sino por haber perdido la elección. Allí se puso el acento en la mala comunicación y en el alejamiento de las organizaciones sociales (haber perdido 50.000 puestos de trabajo en el periodo 2015-2020 parece no haber tenido tanta importancia). Sin embargo, tras esa autocrítica en los papeles, en plena campaña del 2024 le dieron la espalda a las organizaciones que promovieron el plebiscito por la seguridad social. Y como respuesta a los ⅔ de votantes del FA que apoyaron el plebiscito, nombraron al frente del BPS a una clara opositora, firmante de la carta en contra apoyada por varios economistas y futuros funcionarios del gobierno. En cuanto a la comunicación, la preocupación se reflejó en la venta de M24 y en los recortes a TV Ciudad.

Algunos defensores del gobierno culpan a los promotores del plebiscito de que el FA no haya logrado mayoría parlamentaria. ¿No es más bien para pensar que los varios miles que en la 1ª vuelta votaron en blanco, pero con la papeleta del SÍ, hubieran votado al FA si este hubiera apoyado el plebiscito?

En la misma línea de relacionamiento con organizaciones sociales, el gobierno (¿también el FA?) le da la espalda a los múltiples movimientos ambientalistas, que están por todo el territorio y con mucha participación de jóvenes1. Siguen entusiasmados con los proyectos de Hidrógeno Verde, o con la posibilidad de una 4ª planta de celulosa, o el Data-Center de Google, o la prospección petrolera, todos proyectos “a lo grande”, mientras que “abajo, abajo, el hambre disponible recorre el fruto amargo de lo que otros deciden”2. Porque en los hechos, el gobierno prioriza la negociación con empresarios, con inversores y fuertes lobbies, antes que con las organizaciones populares.

La influencia de los lobbies se refleja en una especie de obsesión por el cumplimiento de contratos que habían sido firmados en el período anterior. Así el proyecto Neptuno podría haberse desechado de plano por su clara inconstitucionalidad (lo de clara puede ser relativo, porque siempre hay jueces dispuestos a “interpretar” la constitución en función de algunas conveniencias). Sin embargo, se prefirió negociar con el consorcio adjudicatario para que éste no perdiera el “negocio” que había atado con el gobierno anterior. Dan muchas vueltas antes de desechar finalmente el negocio con Cardama e incluso el equipo económico se manifiesta en contra de la rescisión. Las vacilaciones y contradicciones del gobierno le dan aire a Cardama para amenazar con juicios, seguramente fogoneado por varios políticos del gobierno anterior, que no quieren perder “su” negocio y aparecen defendiendo a un estafador antes que al Estado uruguayo (bueno, está claro que es difícil pensar que a los blancos les interese defender el Estado uruguayo).

También, ante las prospecciones de petróleo en el mar, abren el paraguas diciendo que son contratos firmados en el período anterior y hay que cumplirlos. Mientras tanto se desoyen reclamos fundamentados alertando sobre el daño ambiental que puede producirse, a la vez que algunos tribunales encuentran vicios formales ante quienes recurrieron a ellos para frenar esta aventura. Los gobernantes tratan incluso de “tranquilizar” sobre el riesgo ambiental, diciendo que se han puesto numerosas condiciones que antes no estaban. Las empresas que van a hacer la prospección, ¿son lo suficientemente confiables para cumplir con las condiciones que se le impongan? Y en caso de no cumplir, ¿tiene el Estado recursos y capacidad para fiscalizarlas debidamente?

Teniendo en cuenta lo ocurrido en 2019, cuando la inercia del gobierno fue anticipando la derrota electoral, parece que se estuviera preparando otra derrota para el 2029, para que otro gobierno neoliberal firme contratos que quizás el progresismo no firmaría, pero luego se compromete a cumplirlos.

El equipo económico no parece responder a la mayoría de las bases y/o votantes del FA. Pero trata de defender sus propuestas con cifras: el aumento del PBI, la suba del poder adquisitivo, la baja inflación, la contención del dólar, el aumento del empleo… El tema es que esos indicadores numéricos son funcionales al modelo: el aumento del PBI no significa reducción de la desigualdad, la suba del salario real es bastante modesta y seguimos lejos de los números de otras épocas, el simple aumento del empleo no dice nada sobre la calidad del mismo, el dólar sumergido favorece a los importadores y destruye la producción nacional: ¿cuántos cierres de empresas tenemos en estos meses? La realidad no debería disfrazarse con números.

Mientras tanto en un país que produce alimentos para 20 millones de personas, sigue habiendo ciudadanos (¿o no se les considera tales?) que siguen revolviendo basura para conseguir comida… y encima los reprimen a palazos, (como ha ocurrido varias veces el pasado mes en las inmediaciones de la cantera de Felipe Cardozo). Aumentan los que viven en la calle, crece el hacinamiento en las cárceles, sin que haya oportunidades para que la mayoría de los que son liberados no vuelvan a caer, las infancias pobres (que iban a ser la gran prioridad del gobierno) siguen generando jóvenes sin horizonte que ahora, además de seguir siendo parte del ejército de reserva que permite mantener las ganancias de los empresarios, pasan a ser también cantera de reclutamiento para el crimen organizado.

Cuando la preocupación principal de un ministro de Economía es el equilibrio fiscal, la contención del gasto, el manejo del tipo de cambio, la conservación del grado inversor; cuando le desvela más abrir la economía y conseguir nuevos inversores3 que la marginación y la miseria de miles de uruguayos; entonces, la situación de las personas de calle, la pobreza y desnutrición infantil, la gente que come de la basura, pasan a ser a lo sumo “consecuencias indeseables” que hay que paliar en la medida de lo posible.

Cuando el hambre de los humildes, la desprotección de la infancia, la vida a la intemperie y los trabajos penosos se conviertan realmente en el centro de las preocupaciones de los gobernantes, no solo intelectualmente, sino sintiéndolos en el corazón, entonces todas las “variables económicas” dejarían de ser objetivos en los que regodearse, para ser instrumentos con los que solucionar esas situaciones. Y si esos instrumentos no sirven, habrá que buscar otros o habrá que dejar de contemplar a los poderosos y entender que solo afectando esos intereses es posible dar respuesta a “los más infelices”. Por eso, no está de más seguir insistiendo en el impuesto del 1% a los más ricos (muy modesto, teniendo en cuenta lo que ganan), destinado a encarar las verdaderas urgencias. Pero “el gobierno” (¿también el FA?) no lo tiene en sus planes.

No estoy diciendo nada nuevo, ni original, ni que no hayan dicho otros, pero creo que hay que machacar sobre esto todo lo posible, como aquellos hijos de la parábola de Rodó que buscaban desgastar a dientes la pampa de granito.

 

1 Sin dejar de reconocer que algún caso, como el de Casupá, tiene un componente de “manija” opositora.

2 Mario Benedetti, -El Sur también existe.

3 De lo que sea, incluso ha mencionado las inversiones inmobiliarias, oportunidad inmejorable para los lavadores de dinero, que sin duda no van a invertir en dar vivienda a los que viven en asentamientos.