El “tenor graso” de la política nacional

Escribe Garabed Arakelian

La política se hace con los políticos. Al igual que los “chefs” o cocineros, ellos son los que hacen el menú, es decir lo producen. Y, al igual que aquellos, pueden hacer buenos platos algunas veces y en otros verdaderos sancochos indigestos e incomibles. Es que los hay –como aquellos- de alta gastronomía y también de “cantina de cuarta categoría”. A estos últimos les “chorrea la grasa”, en la mesada, en las manos y en el plato que preparan.

Para ejemplificar esta aseveración, que no agota la nómina, recordemos un Intendente que anunció que iba a ir a recibir al sancionado comandante del Ejército y que lo haría con el mismo espíritu con que fue a recibir a Wilson Ferreira.

Bueno,  más allá de su disposición de ánimo para trasladarse hasta el aeropuerto, lo que no puede pasarse por alto es que compare ambos eventos. Demuestra una notoria  falta de comprensión  –llamémosle así- para analizar los hechos políticos en su real dimensión. Eso es cocinar con grasa.

Otro ejemplo seleccionado es el del ex senador José Mujica auto-propuesto para elaborar el menú de las candidaturas futuras del Frente Amplio. Con el propósito de buscar los ingredientes que le sirvieran comenzó por esparcir sobre la mesa lo que tenía a mano. “Estoy buscando alguien que sea independiente”, explicó, pero no dijo quién le encargó esa tarea ni cuándo y dónde se tomó dentro del Frente una resolución de esa índole. Después, a los requisitos de representación partidaria agregó los de género  al tiempo que se autoexcluía, dejando en claro que él estaba allí y que dependía de “la barra”, una entelequia creada para desempeñar el papel de comodín. Naturalmente, en ese ir y venir, desparramó varios chorretes óleos.  

Pero, en el desempeño de ese papel que se ha adjudicado, también incursionó con el tema Almagro desechando la posibilidad de una decisión orgánica del FA con respecto a su ex compañero, argumentando que no hacía falta dicha instancia porque él (Mujica) ya le había dado el adiós.  Con esta suplantación de elementos orgánicos del FA, el ex senador incursiona en aspectos que, pese a no ser novedosos se deben tener en cuenta, porque su reiteración y aceptación van conformando  un estilo para la propia fuerza política. Resultado: un fondo de mantequilla quemada.

Nicolás Maquiavelo  escribió, en El Príncipe, y cito de memoria, que, más que por la realidad, la gente se guía por las apariencias. Y dio, como consejo general, que al político le resulta más provechoso parecer justo  que serlo en verdad.

Si en aquel entonces, tenía andamiento este tipo de sugerencia, ¿cómo desestimarla en esta época actual de maquillajes y sucedáneos electrónicos empleados en la comunicación?. Mujica interpreta a carta cabal el consejo de Maquiavelo y ha tenido un solo desliz  en ese desempeño. Fue cuando confesó que “como te digo una cosa te digo la otra”.

Ahora brinda consejos sobre cómo conseguir la felicidad, un bien tan esquivo para la mayoría de la humanidad,  y como si esta fuera la fórmula de una receta maravillosa, la reduce a “consumir menos”. Él no le habla a su platea de jóvenes ávidos de escuchar verdades reales sobre los mecanismos que implantan la explotación, la  injusticia y el sufrimiento sobre la absoluta mayoría de la población. En cambio, los induce a la búsqueda individual de esa supuesta felicidad y les trae como ejemplo su fracasado intento de cambiar el mundo.

Su promocionada “humildad” es solamente material. Importante por supuesto  pero no suficiente para ser tildado de humilde en otros campos. Por el contrario, padece de un “exceso” de falsa humildad, sobre la cual cabalga y avanza en otras áreas sin importarle mucho la existencia ni la opinión de otros. En fin, no es lo que se puede llamar un profesional de la alta gastronomía. Es aceitoso y deja chorretes de grasa cuando cocina.

Ayuda a que mucha gente se sienta mal.