UPM 2 no logra convencer y convoca a oponerse

Escribe Clara Amorin

 

El “Movimiento Ciudadano UP 2 NO”,  organizó en la sede de Agadu, el pasado  jueves 27 de setiembre,  una mesa redonda que reunió a Marcelo Marchesse, Enrique Echevarria, Gustavo Melazzi y Daniel Panario  que, desde distintos enfoques marcaron una terminante oposición a la instalación en Uruguay, de dicha planta de celulosa.

El Movimiento es una iniciativa ciudadana, surgida desde el llano,  que desde comienzos del presente año ha iniciado su actividad y se viene consolidando en su estructura organizativa e inserción social. Esta presente de manera muy activa e influyente en las redes, y ha logrado construir una importante convergencia de personas y organizaciones que han decidido ejercer el “derecho de petición” que brinda la Constitución,  como ya informara Claridad en ocasión de la primera entrega de más de 5000 firmas al Poder Ejecutivo. Ahora van por más y se proponen realizar una segunda entrega  el próximo 11 de octubre, instancia para la cual se han fijado la meta de reunir 10.000 otras 10 mil firmas.

En ese marco de serena confianza y entusiasmo, que se notaba en la sal repleta, se inició la e´xposición de los panelistas  de las que damos seguidamente un breve síntesis.

Marcelo Marchese,(docente, periodista, ensayista)  abrió el fuego  abordando los efectos culturales que se producirían a partir de la instalación de la nueva planta. Los mismos se deben enmarcar en la ofensiva de los capitales transnacionales que en esta etapa de globalización van a  la conquista de los recursos naturales en los  países periféricos como el nuestro. En su opinión, elementos culturales centrales de nuestra ruralidad: conocimientos, saberes, identidades, etc., se verán afectados por la actividad de UP2.  Recordó que proyectos como este ponen en tela de  juicio nuestra soberanía, en distintos planos, especialmente en lo que hace a la soberanía alimentaria. También contribuyen, agregó,  al despoblamiento del medio rural: en 1961 el 11% de la población estaba afincada en el campo, en tanto que en  2018 tan solo el 4%.  Con particular elocuencia relató la operativa de capitales extranjeros que,  cuando compran predios para la explotación forestal,lo primero que hacen es proceder demoler las “las casas” y arrasar los viejos “cascos de estancia” testimonio de vida y cultura agraria.

El abogado Enrique Echevarría, que ocupara cargos de confianza en anteriores administraciones progresistas,  comenzó  su intervención señalando su  profunda decepción con el Frente Amplio y en particular con Tabaré Vázquez. Calificó de “inédito” el acuerdo entre UPM y nuestra República, subrayando que se trata de un “acuerdo” firmado sin autorización parlamentaria,  con la sola firma de la Secretaría de la Presidencia y la OPP,  enmarca en términos de una negociación totalmente confidencial que, de acuerdo al texto dado a conocer, representa concesiones mayores a los intereses de una corporación, a la que no se les exigen garantías ni contrapartidas y que recién en el 2020 decidirá si efectiviza o no su proyecto, luego que Uruguay haya cumplido con los proyectos de infraestructura que son condición previa para que la empresa extranjera decida comprometerse con su accionar productivo.

En su opinión,  el acuerdo nació de un desborde constitucional que, paradójicamente, por acción u omisión, recibe el apoyo de toda la partidocracia nacional. Puntualizó que aún no hay formalidades que incluyan sanciones por inclumiento de los compromisos programados y que el  presidente Vázquez,  “apelando a la dignidad nacional y  a la responsabilidad gubernamental”, ante la notoria inconveniencia e impertinencia, si así lo quisiera, tiene la capacidad y las prerrogativas para dejar ya, sin efecto,  dicho acuerdo y eso sí sus consecuencias después de firmado.

Por su parte el economista Gustavo Melazzi dio inicio a su intervención formulado una pregunta: “El proyecto UPM 2, ¿beneficia a Uruguay?”

Su respuesta fue un terminante NO, pronunciado  en función de los intereses del pueblo, que están más allá de las entelequias y el condicionamiento de las dimensiones macroeconómicas. Fue terminante en indicar que no se opone “per se” a la inversión extranjera, ni a la explotación forestal. Pero si , sostuvo, que la inversión extranjera y en este caso UPM 2 tiene que tener las mismas condiciones que las empresas nacionales.

Por el momento,  de la finlandesa solo existen promesas. Además es muy grave que se haya negociado con ella sin que existan evaluaciones del funcionamiento y los resultados de las otras dos plantas  existentes en el país.

Los impactos de la nueva planta, explicó, sólo se conocen a través del estudio que los inversores le encargaron a la consultora Ferrer. Y agregó que en aras de defender la instalación se ha procedido a un manejo poco serio del asunto ya que, en principio se habló de una inversión de 4.000 millones de dólares, para bajar luego a 2.400 y de manera más que exagerada de habla de la inducción de 600 empresas en torno a la instalación.

Si bien, se dice que UPM 2 producirá energía “limpia” que comprará a UTE a  un precio especial, la planta básicamente funcionará con combustible fósil. Además, subrayó se debe tener en cuenta que UPM ya tiene las plantaciones realizadas, y solo necesitará completar su dotación forestal en 50.000 hás más y esto representa muy poco crecimiento en la explotación y manejo de los áreas plantadas.

El expositor, afirmó que la actividad de UPM 2 se enmarca en un abordaje totalmente extractivista, el 100% de producción de celulósica  a su cargo tendrá por destino la exportación, en el caso de las plantas anteriores se establecieron modestos porcentajes de reserva para un eventual procesamiento nacional, el que finalmente nunca se produjo.

Hoy se puede admitir que de la inversión total de la instalación de la planta a cargo de UPM y la infraestructura que asumiría Uruguay, puede ser desglosada así: 51%  ROU, 49%, UPM, que tiene una expectativa de ganancia de 31.000 millones de dólares en 20 años, todos los cuales son para la finlandesa, que en tan solo  2 años de explotación desquita su inversión, así, los uruguayos le garantizamos un pingüe negocio pero no sabemos si de esa ganancia quedará algo para el país.

Sostuvo Melazzi que corresponde interrogarse sobre qué otra cosa se podría hacer con el monto de la inversión que debe realizar Uruguay, así es que a título de mero ejemplo sugirió que se podría incursionar en la construcción pública  de vivienda, la que generaría 3600 empleos al año, contra los 1150  cuya generación es prometida por UPM 2  cifra  que parece exagerada, ya que cabe agregar que las dos plantas existentes  hoy emplean 1.100 personas, finalizó en sus deducciones acerca de los beneficios  de este emprendimiento.

Le tocó el turno al doctor Daniel Panario, que tuvo a su cargo los aspectos ambientales y ecológicos de esta implantación finlandesa. Explicó la contaminación del río Negro, se refirió a las actuales concentraciones de fósforo y nitrógeno que ya hacen imposible su autopurificación y que la situación se agravaría notablemente ante la instalación de una planta industrial que vertirá efluentes en el embalse.

Hizo toda una exposición explicando el proceso de cambio del uso del suelo en el Uruguay, desde el momento que se empieza a sustituir la pradera natural por las plantaciones de pinos y eucaliptos. Lo que se plantea en primer lugar es la dificultad en la capacidad del suelo para autorrecuperarse, mostró gráficas en la que se ve  que un eucalipto crece hacia abajo en una proporción de 1 a 5, mientras que la pradera natural lo hace en la proporción de 2 a 1 y que, lógicamente, el consumo de los nutrientes del suelo tiene esa misma relación.

Explicó que los principales contaminantes son el fósforo, el nitrógeno y los plaguicidas que llegan por arrastre a los cauces de los ríos, conteniendo estrógenos y otras sustancias químicas, cuyas consecuencias aún no se conoce ya que no se ha podido investigar. Explicó  que dichos productos químicos son muy agresivos, difíciles de filtrar y son los que, a su entender, afectan en mayor medida la salud humana.

Planteó que si a la ganadería le agregamos la soja y disminuimos los caudales de los ríos crecen los niveles de fósforo. Y tenemos problemas. Si UPM 2 se instala con la misma tecnología de UPM 1, va a ser un desastre absoluto. El fósforo se puede retirar, pero no lo van a hacer afirmó.

Los efluentes del proceso de producción de la celulosa se vierten en el agua, son restos orgánicos, inorgánicos, compuesto organoclorados, disruptores endócrinos derivados de hormonas, esteroides, fitoesteroides, dioxina y otros contaminantes que no se han estudiado aún. Explicó que los análisis de los efluentes son muy costosos, incluso superarían el monto de los cánones que Uruguay cobra por la explotación en estas plantas, es decir, los cánones que paga Botnia no alcanzarían para pagar el costo de estos análisis.

Habló de la dioxina que es cancerígena y que hace pocos años no se conocía. Con eso trató de explicar que estamos ante la presencia de unas sustancias químicas, sin analizar, que podrían tener graves implicancias en la salud humana a mediano y largo plazo y que eso no se está teniendo en cuenta porque se prioriza el factor productivo. Eso indudablemente tiene efecto sobre los seres vivos, se nota a través del tiempo, pues a nivel bioquímico empiezan a surgir transformaciones en las especies, en el sistema reproductivo, por ejemplo. de los peces, transformaciones fisiológicas que incluso ponen en riesgo la permanencia de las especies. En Uruguay las cianobacterias y las cianotoxinas tienen efectos sobre los ecosistemas acuáticos. En otros países, como Suecia, Canadá y Estados Unidos se ha estudiado el efecto de estas cianobacterias en los ecosistemas comprobándose el retardo en la reproducción, en la madurez sexual de las especies e incluso en su forma física.

Agregó que en los embalses el problema se agrava. Las plantas de celulosa vuelcan el agua al río y la vuelven a tomar. La experiencia en Uruguay es la de UPM 1, sobre el río Uruguay, un río que corre y arrastra el fósforo que se vuelca constantemente, pero acá estamos hablando del río Negro, un río menos caudaloso y que no corre, y en esta zona particularmente estamos hablando de embalses, es decir, se volcaría el agua con fósforo y se volvería a tomar de ahí una y otra vez, multiplicando el fósforo, porque al ser un embalse no hay corriente hacia abajo. Es un medio mucho más sensible a la contaminación.

Está comprobado que desde que se empezó a plantar árboles en forma masiva el agua que llega a los ríos es un 20% menos y puede ser aún menor porque hay plantaciones en las altas cuencas de los ríos. Por ejemplo, el río Tacuarembó, que es el principal afluente del río Negro, al estar forestado en la parte alta de la cuenca, el agua que llega al río se ha reducido hasta en un 50%. Y estos lugares se han declarado de prioridad forestal. Esto se ve agravado por los efectos del cambio climático con un régimen de lluvia más abundante en poco tiempo y el mal manejo de los ríos hace que se inunden más rápido y que erosionen más rápido el suelo. Explicó que la presencia de eucaliptos no ayuda a la reducción del efecto invernadero porque el eucalipto fabrica su nicho propio y debajo no crece nada más, es impensable criar ganado bajo los montes de eucalipto porque no hay pasto, hay hojas secas y hongos tóxicos para el ganado.

Concluyó diciendo que la sustitución de la pradera natural por la forestación ha sido negativa en todas sus etapas: en la implantación produce efectos erosivos casi irreversibles; durante la explotación quita lugar a los sistemas productivos tradicionales como la ganadería; durante la cosecha el suelo queda totalmente erosionado y no aporta empleo porque un solo hombre en una máquina hace todo el trabajo y posiblemente con los adelantos de la robótica ese hombre será sustituido por una máquina; después viene la etapa de abandono de ese suelo totalmente erosionado en el que, después de años de plantar eucaliptos, no crece ni siquiera el pasto.