HOMENAJE A CARLOS COITIÑO

 

Jorge Cafaro

A Carlos lo conocí en AEBU en el año 1963 en la agrupación 19. En ese momento, esa agrupación la integraba también Hugo Cores. Eran dos compañeros que hoy siguen teniendo plena vigencia, por su forma de pensar, de actuar, de escuchar a los demás. Hoy homenajeamos a Carlos. Él trabajaba en el Banco UBUR, y siempre tuvo una disposición al trabajo y la militancia que eran su vida. Después vinieron los tiempos difíciles, en el 69 en banca privada, cuyas casas centrales ya estaban militarizadas, se desató el paro más largo de la historia del movimiento sindical en banca privada, que fue de 73 días. Y Carlos fue un activo militante en este, como en tantos otros conflictos y cayó preso en varias oportunidades. También representó a AEBU como Consejero Honorario de la Caja Bancaria, entre 1973 y 1975.

En el año 1974, con mi esposa Ana y mis dos hijas Laura y Gabriela me tuve que ir para Argentina, y dos años después cuando ya estaba en pleno auge la represión en el marco del Plan Cóndor, pedimos asilo en ACNUR donde nos tuvimos que ir hasta el año 1986 a Austria.

Carlos, en todos esos años, estuvo preso por defender la libertad, la justicia, por luchar contra un sistema donde no había lugar para todos y todas, donde la tortura, la desaparición forzada y la prisión prolongada pasaron a formar parte de la vida cotidiana de tanta gente que vivió en épocas del terrorismo de Estado. Durante esos años, Carlos vivió encarcelado, como tantos otros compañeros y compañeras, bajo tortura y denigración humana. Los querían quebrar y enloquecer, pero no lo lograron. Lejos de eso, desde la cárcel, Carlos seguía soñando y pensando en la acción política necesaria para seguir militando a la salida, por un país más justo y solidario.

Cuando retornamos del exilio al Uruguay, me reincorporé a la actividad bancaria de acuerdo a la Ley 15.783, esta vez al Banco República porque el Aldave Martínez había cerrado. Y ahí empecé a militar en AEBU en banca oficial y me reencontré con todos los viejos y no tan viejos compañeros y compañeras. Y ahí integramos junto con Coitiño, Hugo, Silvia Luces, Carlos Fassano, Aníbal Collazo, y tantos otros compañeros y compañeras, la agrupación 1955.

Coitiño era un tipo íntegro, preparado y metódico, serio y firme en sus convicciones, que siempre estaba para hacer la justa, era un excelente tipo. Nos deja un camino de valores, coherencia de vida, que tenemos que trasladar a las nuevas generaciones. Nos deja su profunda creencia en el fortalecimiento partidario, no para existir por el simple hecho de existir, sino porque como PVP tenemos para aportar y seguimos siendo para muchos y muchas, una piedra en el zapato.

Y para finalizar, homenajear al Gordo Coitiño, como siempre le dijimos cariñosamente, es homenajear a su familia, a su compañera Teresa, a sus hijos Carlitos y Javier, a sus hijas Claudia y Laura, a sus nietas Alessandra y Florencia, así como sus nietos Nicolás y Santiago. Porque quien se hizo cargo del sostén familiar, económico y afectivo, durante los años en que estuvo preso Coitiño, fue Teresa. Pero también de sostenerlo en la cárcel. Y esto fue lo que le permitió militar antes, durante y después del encarcelamiento, hasta su último aliento.

¡Arriba las y los que luchan! ¡Ayer, hoy y siempre!

¡Memoria, Verdad y Justicia! ¡Nunca más terrorismo de Estado!