¿POR QUÉ HAY POBRES? LA TAPA DEL LIBRO

 

Adolfo Bertoni

En el anterior número de Claridad publiqué las opiniones que he venido desarrollando durante mucho tiempo, en la nota “El mañana fue mejor: no hay derecho a olvidarlo - Ante el congreso del PIT-CNT: ¿Tiempos de esperanza? ¿Tiempos de la gente… o del pueblo?”. La leo y releo y reafirmo la inmensa mayoría de mis dichos. Sin embargo, lo que ha pasado -y lo que no ha pasado- desde entonces me llevan a insistir con algunos temas, corrigiendo otros, tratando de seguir las idas y venidas de un proceso complejo, que tiene hechos concretos que no dan para entusiasmarse mucho.

Por ejemplo, el próximo 31 se realizará un presunto “Seminario” en la Torre Ejecutiva para “repensar la protección social”. La duración del mismo será de 9 a 13 (cuatro horitas con una pausa de media hora para un café). Ciertamente los temas a tratarse son por demás importantes: ¿pero puede calificarse como algo serio cuando las intervenciones por lo general serán de 15 minutos, o un poquitito más en el caso de cada una de las organizaciones sociales representadas? ¿Qué tanto se puede aprehender o avanzar? Parto de la base que se hace con las mejores intenciones, pero sinceramente no creo que quienes participen puedan hacer algo más que escucharse a sí mismos o tomar unos breves apuntes. No sé. Me parece. Repasemos y veamos otros aspectos, algunos necesariamente repetidos.

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El excelente filósofo uruguayo Sandino Núñez1 nos ha enseñado el formidable valor de una palabra muy sencilla y al parecer humilde: la palabra PORQUE. Esta palabra, para quienes hemos estado y pretendemos estar en la lucha social y política es definitoria de posiciones, determinando líneas divisorias precisas que no dejan lugar a dudas acerca de qué lado ubicarnos ante determinadas disputas de intereses.

¿Por qué hay pobres? pregunta Sandino y enseguida nos responde que hay pobres PORQUE hay ricos. Y la verdad es que realmente es así de sencillo y, en mi humilde opinión, es bueno tenerlo en cuenta como “medidor de aceite” en lo que viene perfilándose como diálogo social que ya molesta a izquierda y a derecha (aunque por razones muy distintas), y que -después de unos anuncios que en su origen parecían auspiciosos- ha mostrado diferencias entre eso que “parecía que iba a ser” y “lo que pueda terminar siendo”.

(Visto desde el punto de vista del movimiento social, por ahora lo más importante a destacar es la muy buena decisión del PIT-CNT a la hora de nombrar sus representantes: tanto Nathalie Barbé como Carlos Clavijo2 son garantía de conocimiento, seriedad y, muy especialmente, de verdadero compromiso con la clase trabajadora y sé que no se les aflautará la voz al enfrentar los intereses de los poderosos en las discusiones que se avecinan).

Pero tratemos de mirar en perspectiva buena parte del proceso, con total independencia de nuestras adhesiones partidarias, por más problemático que sea, actuando con decisión y si es necesario, también con valentía. De los auspicios hasta ahora han pasado menos de tres meses y ya se pueden visualizar dubitaciones, sobre todo ante las aperturas de bocas de los partidos Nacional, Colorado e Independiente, y otras cosas aún más preocupantes que enseguida veremos.

Primero la mea culpa o autocrítica

Cuando recién se conocieron las ideas iniciales acerca del diálogo creo haberme apresurado en algunas de mis valoraciones, (razonables dado que nadie sensatamente puede negarse a dialogar antes de saber de qué se trata), comprendiendo tal vez confusamente algunos aspectos interesantes como el sistema de cuidados y otras consideraciones sobre “la protección social” que dichas en general resultaban y resultan atractivas. Ahora creo que pequé de optimista en demasía: “hay que ir al diálogo con el programa del FA bajo el brazo”, dije, “y exigir que lo cumplan”3. Hablé bien del coordinador del Diálogo, Hugo Bai, como persona y como técnico, conceptos que mantengo en su plenitud. Pero me faltó lucidez para entender que lo que corresponde es analizar políticamente lo que está en juego, sin ingenuidades, integrando el diálogo social a otras acciones concretas y dichos posteriores del propio Hugo y de figuras gubernamentales mucho más relevantes que él.

Por ejemplo, ni más ni menos, expresiones y gestos del propio presidente Orsi. Cuando el 1° de mayo el PIT-CNT lanza la iniciativa de hacer que el 1% más rico aporte para combatir la inmoralidad de la mal llamada pobreza infantil, a Yamandú lo único que parece haberle pasado por la cabeza fue un rotundo (¿e inamovible?) “no vamos a aumentar impuestos”, marcando nítidamente la cancha en el arranque en temas económicos y sociales relevantes, dejando en claro que el Programa de Gobierno prometido por el Frente Amplio a la ciudadanía NO será “la biblia” que guíe todo su mandato. (Si sigue así parecería que no piensa cumplir cabal y totalmente el programa de la fuerza política que lo puso en el sillón presidencial y que, precisamente, no contempla esa prohibición de no tocar impuestos, sino que por el contrario incluye revisar toda la estructura tributaria).

Entonces esta triste constatación me obliga a revisar la opinión acerca de algunos aspectos del diálogo “verdaderamente existente” ya puesto en marcha. Por lo tanto, volviendo al principio hay que responder preguntas esenciales: a) dando por hecho que algunas mejoras habrá, ¿hasta dónde llegará el combate a la mal llamada pobreza infantil; qué intereses estarán en juego?, b) ¿hasta dónde se avanzará con el sistema de cuidados y las prioridades de la Plataforma Infancias y Adolescencias?, c) ¿cuánto se mejorará el más que lamentable panorama existente en cuanto a la cobertura del sistema de seguridad social (que tiene hoy y desde hace décadas a cientos de miles de trabajadoras y trabajadores por afuera, casi uno de cada cuatro, sin beneficio alguno, -es decir, con sus derechos diariamente vulnerados, d) ¿cuánto se mejorará la suficiencia de las prestaciones que se otorgan? ¿su mejora, si existiera, tendrá los niveles ínfimos de los recientes ajustes de pasividades mínimas que se cobrarán recién en setiembre? (Las recientes “señales” hacia los jubilados y pensionistas que ganan la mínima da la impresión que “calentaron a un pueblo”: atrasos y porcentajes de “aumento” extremadamente bajos que incluyen la promesa de un ¡1% para el 2026!)4, e) ¿se avanzará algo con lo comprometido en el Programa de gobierno en cuanto a eliminar el lucro del sistema, hoy en manos de las AFAP?5, f) ¿el retorno a los 60 años como edad jubilatoria será hecho con carácter general o selectivo?

El necesario regreso a las fuentes y una palabra y un concepto en un bozal

Retornando: ¿por qué hay más de 230 mil niños, niñas y adolescentes viviendo en hogares muy pobres, más del 30% de la población infantil uruguaya? Pues sencillamente PORQUE hay quienes se están quedando con un muy buen bocado de la torta, es decir se quedan con una tajada muy importante de la riqueza del país para su uso y usufructo, algunas veces ostentoso, como puede verse en algunos barrios o balnearios.

Obviamente, si esta línea divisoria se mantiene, las posibilidades de revertir la situación se alejan enormemente y se reducen a una expresión bastante menor PORQUE ¿de dónde se van a obtener los recursos para implementar los cambios necesarios? Y así llegamos a un problema más que importante que esbozamos en la última nota: en el actual gobierno parece estar tajantemente prohibido el uso de la palabra refundación (del mismo modo que no se usa la palabra genocidio para referirse a la masacre terrible que ahora mismo está ocurriendo en Palestina).

Si repasamos con atención -y las palabras importan muchísimo, aunque algunos hagan gárgaras con ellas- de las primeras cosas que dijo Orsi fue “nosotros no venimos a refundar”6y desde entonces los distintos ministros o ministras y otros jerarcas insisten y se preocupan mucho en dejar claro que no tienen un “talante o ánimo refundacional”. Y entonces aquí tenemos dilemas esenciales: ¿acaso no hay cosas y situaciones en el Uruguay actual que necesitan con urgencia un cambio que vaya a la raíz y de veras refunde instituciones que mucho mal le están haciendo a centenares de miles de compatriotas? ¿No hará falta, urgentemente, refundar otra vez el sistema de salud para que los usuarios de ASSE y de ciertas mutualistas tengan a su alcance los profesionales y medicamentos que necesitan en tiempo y forma (es decir: para ayer)? ¿No habrá que patear alguna estantería en un BPS que tiene 48 mil expedientes atrasados, detrás de los cuáles hay seres humanos reclamando sus derechos? ¿El Ejército, la fuerza Aérea y la Armada no requieren su transformación en instituciones verdaderamente acordes a un régimen democrático y al tamaño del Uruguay, además de un régimen jubilatorio y pensionario sin privilegios? ¿Quién se va a animar a tomar el toro por las guampas para resolver los graves problemas de trabajo digno y vivienda digna que también desde hace años existen en nuestra tierra? ¿Cuánto de la vida cotidiana de los uruguayos y uruguayas se resolvería teniendo un salario y una vivienda digna?

Una corrección existencial y sustantiva

Por otra parte, no se puede pasar por alto un par de verdades conceptuales desde el punto de vista económico y jurídico que pueden ser determinantes. Así, todos sabemos que en el país hay muy importantes exoneraciones fiscales al capital y gran capital, tanto nacional como extranjero. Según estimaciones oficiales, alcanzaron casi el 7% del Producto Bruto Interno (PBI). (IRAE, Impuesto al Patrimonio, zonas francas, etcétera: en el 2023 significaron una “resignación” de 1.293 millones de dólares, triplicando el gasto tributario del 2014).

 ¿Y de qué hablamos al decir “exonerar”? Su etimología es clara: viene del latín exonerare, es decir “quitar un peso” (ex: fuera, onus: carga). Por lo tanto, refiere a que se libera a alguien de una responsabilidad, una carga o una obligación que normalmente debería asumir. En una expresión simple “ese peso que se quita” se pone inmediatamente sobre el lomo de alguien que deberá hacerse cargo de ponerle el pecho a las balas de esa injusticia. Pero -y es a lo que quiero llegar- si el Estado elimina o reduce exoneraciones, en sentido estricto, económico, jurídico y hasta filosófico, no está subiendo un impuesto o una contribución. No. En realidad, lo que hace es decirles a los dueños del poder7: “miren señores, hace tantos años que sus obligaciones no se las venimos cobrando y por lo tanto están recayendo sobre el conjunto del pueblo. Lo que vamos a hacer ahora, es implementar una verdadera justicia tributaria, cobrándoselas a ustedes como al almacenero de la esquina o a cualquier habitante de la República cuando consume y, en general, vive”.

Por lo tanto, estimados Yamandú, Oddone, Pacha Sánchez y compañía, si ustedes eliminan y/o reducen exoneraciones NO le van a estar aumentando los impuestos a los dueños del Capital sino haciendo justicia con los más débiles, obligándolos a aportar como cualquier hijo de vecino. (Si no se hace no es porque no se pueda, es porque no se quiere ¡vaya a saber uno en defensa de qué intereses!)

Retomando la senda

Si ahora volvemos a mirar el diálogo social como lo que realmente es (sobre el cual sigue sin estar claro qué niveles de compromisos habrá), no podemos dejar pasar que si no se toca la financiación de la seguridad social entonces no ocurrirá nada relevante o, lo que es peor, cualquier nueva “reforma” la pagaremos los trabajadores, trabajadoras, jubilados y pensionistas “para asegurar la sostenibilidad financiera del sistema”.

Por otro lado, Bai ya adelantó que no habrá modificaciones sustanciales con las AFAP, y Oddone salió frontalmente buscando -lo quiera o no- poner en conflicto a las generaciones de mayor edad, con la niñez y también la juventud, de la misma manera que lo sostenían hace apenas tres o cuatro años los promotores de la “reforma” de Lacalle Pou y sus segundones. ¿Otra vez la pelota en la casa de Doña María? ¿Cuántos nietos y nietas o incluso hijos e hijas logran sobrevivir gracias a la ayuda de los hoy jubilados y pensionistas? ¿Por qué cuestionar y negarles recursos a quienes hoy están trabajando o se han jubilado, muchas veces cobrando salarios indignos y pasividades paupérrimas, mientras al mismo tiempo se sigue dándoles ruta libre otra vez a los que siempre tienen puesta la malla oro (aunque ahora sin nombrarlos explícitamente)?

La obligación de gobernar y levantar un cambio de paradigmas

El resultado de las elecciones de octubre pasado fue contundente. El Frente Amplio, además de ser la fuerza política claramente mayoritaria, se encontró con una verdadera “rebelión de las bases”: el 70% de sus votantes acompañó el Sí en nuestro plebiscito y -a la vez- el 30% que no acompañó al parecer lo hizo no porque rechazara los puntos planteados, sino porque “la reforma constitucional no es el camino”, o “estos temas se resuelven en el Diálogo Social”. (Con este resultado, como lo ha escrito el querido compañero Jorge Notaro, lo que el FA debería hacer es asumir la responsabilidad, cumplir con sus mandantes y promover rápidamente las soluciones acordes y correspondientes). Naturalmente, no hay mayoría parlamentaria para algunas cosas. La eliminación de las AFAP no está en el horizonte más cercano, pero muy rápidamente se puede resolver una medida concreta: dar libertad de acción a todos los trabajadores y trabajadoras del país para -si así lo desean- salirse de las AFAP. Reitero: hay que dar total libertad de acción. Con un elenco político que mayoritariamente se define como “liberal” ¿quiénes podrían oponerse a que cada cual elija por dónde y cómo quiere jubilarse?

Junto con ello debemos promover y buscar concretar un cambio de paradigmas, a través del cual se haga realidad una transformación verdaderamente profunda y duradera. Como lo hemos dicho, alcanzará con establecer que los dineros correspondientes a los aportes de los trabajadores hoy en las AFAP que decidan volver al régimen de solidaridad intergeneracional, pasen a un Fondo de Desarrollo Nacional de capitalización colectiva (o como mejor se le quiera llamar) bajo la órbita del BPS, de ser necesario a través de un Fideicomiso. Ese Fondo se destinaría a inversiones, fundamentalmente en aquellas de interés social (por ejemplo, en la industria pesquera) y, en determinadas condiciones muy específicas y controladas, también en el propio Estado (eliminando el cuco de que él se queda sin financiamiento quitando las AFAP, y asegurando hacia adelante la sostenibilidad financiera).   

No perder de vista toda la tapa del libro

Lo que está en la tapa del “libro del diálogo social” sigue teniendo como subtítulo tres palabras, siendo lisa y llanamente aquello que desde el poder quieren convencernos que no existe: la lucha de clases (en las condiciones de nuestra época actual y con toda la inteligencia y compromiso que los orientales somos capaces de alcanzar en los momentos más difíciles). Es necesario organizarnos de la mejor manera para hacer las grandes movilizaciones que necesitamos para que la tortilla se vuelva. Hay que estructurar mejor la propuesta brevemente reseñada que llamo “cambio de paradigmas” y ponerla en conocimiento de nuestro pueblo para que mayoritariamente la haga suya y la incluya en nuestros planes de acción.

Al mismo tiempo, para entusiasmarnos, capaz nos venga como anillo al dedo lo expresado por el gran pensador argentino Arturo Jauretche poniendo una luz en el horizonte: hay que redoblar la lucha por todos los medios posibles “hasta que un día el paisano/ acabe con este infierno/ y haciendo suyo el gobierno/ con sólo una ley se rija:/ o es pa todos la cobija/ o es pa todos el invierno”.

Precisamente en estos días muy fríos -con muchos compatriotas pasándola mal o muy mal- vale mucho la pena no dar pelea por perdida y afrontar los temporales políticos que se puedan avecinar con la cada vez más necesaria unidad, la imprescindible solidaridad, la lucha más extendida e inteligente posible y el estudio denodado de un sistema protección social y de seguridad social refundado, cumpliendo con su objetivo de redistribuir la riqueza. (Ya es hora sí: ya es hora de que los poderosos sean tratados como corresponde por un gobierno que dice ser de izquierda). 

1 Una de las mentes más lúcidas de nuestra generación.

2 Junto con Karina Sosa y Sergio Sommaruga conforman un cuarteto de lujo.

3 Ver en la diaria del 9 de mayo pasado mi nota: “El diálogo social y las promesas: agrandar la frazada”.

4 ¿A dónde fueron a parar aquellos que nos decían que las pasividades mínimas podían aumentarse “igual” sin necesidad de ponerlo en la Constitución? (¡Al tren del reciente ajuste con el cuentagotas posterior deberán pasar 7 años para que las pasividades mínimas alcancen el valor del Salario Mínimo Nacional que promovimos con el plebiscito!).

5 Vamos a no engañarnos: eliminar el lucro en el sistema es asfixiar a las AFAP porque, precisamente, su razón de ser es el lucro.

6 Una de sus últimas piezas oratorias incluyó la afirmación, casi enojado, de que “el que piense que voy a empezar a gobernar pateando toda la estantería… que espere sentado”.

7 Eso que algunos seguimos llamando Clase dominante.