UTOPÍAS Y BRUMAS (En recuerdo de José Díaz y Carlos Coitiño)

 

 Jorge Ramada

 

 Los dos honraban la vida, los dos peleaban la vida.

Los dos soñaban con un mundo de utopías.

(Carta de una abuela a su nieta - Larbanois y Carrero)

La letra de la canción hace referencia a Diana y Daniel, dos revolucionarios secuestrados y asesinados por la dictadura argentina, pero no me cabe duda que tanto José como Carlos no solo honraron y pelearon la vida, sino que también soñaron con utopías.

Nuestras utopías -las de Diana y Daniel, las de José y Carlos y también las de muchos que tratamos de seguir peleando- pasaban -y pasan- por querer una sociedad sin explotados ni explotadores, la misma consigna que colocara en sus estatutos la CNT y que perduró en el PIT-CNT. ¿Será que se terminaron esas utopías? ¿Nos acostumbramos a ver como inevitable la explotación del trabajo?

La utopía está en el horizonte, decía Galeano. Pero en el horizonte se ha levantado una bruma que impide verla y cuando queremos caminar unos pasos hacia ella, no es que la vemos alejarse, sino más bien que la bruma se hace más espesa. Aquella vieja utopía parece olvidada, la bruma que cubrió el horizonte la escondió y parece que no estuviera, ¡pero sigue ahí!

En medio de la bruma podemos adivinar otros objetivos menos ambiciosos, como ser que todos los niños puedan crecer sanos y bien alimentados, o que la fiebre consumista no genere cada vez más desperdicios, o que el capital no siga comprometiendo el futuro del planeta en el afán de aumentar sus ganancias, o que las grandes potencias y sus satélites dejen de masacrar poblaciones donde se les antoja (o más bien donde se lo indican sus intereses económicos y geopolíticos). Pero cuando intentamos acercarnos a ellos también parecen alejarse y esconderse en la bruma.

Si ahora hasta parecen utopías cobrar más impuestos a los más ricos, reducir el poder de los grandes medios de comunicación, buscar que, entre otras cosas, la salud y la vivienda sean derechos y no mercancías. (Entre paréntesis: vaya como ejemplo la situación actual de la salud privada, donde gerentes de mutualistas ganan sueldos superiores a los $500.000, mientras muchos usuarios tienen que apretarse el cinturón para poder pagar sus órdenes y medicamentos; o la de la vivienda, donde los promotores de construcción saludan la “ley de vivienda promovida” porque esta hace posible ¿qué?: ¿generar soluciones habitacionales para quienes las necesitan?, ¡NO!, para “recibir una mayor cantidad de dinero con una inversión más baja”).

Claro que la bruma no surge de la nada, la van generando los grupos de poder, los medios de comunicación y los operadores políticos a su servicio, que instalan la ideología que los sustenta como si fuera el “sentido común”; pero también la alimentan los que desde puestos bien remunerados promueven el posibilismo o el pragmatismo, ideologías funcionales a las clases dominantes y al statu quo. Si hoy hasta parece utopía que los reclamos de las organizaciones sociales sean escuchados antes que los de los empresarios.

Que descansen en paz José y Carlos, que el pueblo y sus organizaciones seguirán luchando para despejar las brumas que hoy ocultan sus utopías.