PARA UNA SEMBLANZA DE CARLOS COITIÑO Y SU APORTE A LA UTU.

 

Garabed Arakelian

Cuando ingresamos en la década de 1990 la Intendencia de Montevideo quedó en manos del Frente Amplio pero el gobierno central fue para el Partido Nacional.

Yo me desempeñaba como Director de la División Formación en la Empresa de la UTU, institución que dependía de la Administración Nacional de la Enseñanza Pública (ANEP) integrado con mayoría del partido de gobierno.

Por su parte Carlos Coitiño había sido designado director de Hoteles y Casinos de la Intendencia de Montevideo y era ya una figura política conocida por su trayectoria militante. Pero lo cierto es que no nos conocíamos personalmente, no habíamos tenido ni manteníamos trato ni vinculación entre nosotros y trabajábamos en ámbitos distintos y distantes, hasta que, llevado por su preocupación de crear nuevos frentes de actividad y mejorar los existentes, que formaban parte de sus responsabilidades, Coitiño fijó sus ojos en el Hotel Carrasco. Un monstruo en decadencia no solo edilicia, pero con una gran potencialidad. Dispuesto a incorporarlo a la riqueza patrimonial y productiva de Montevideo recurrió a sus contactos internacionalesgenerados en los años de exilio, y con el asesoramiento de la Escuela de formación profesional en hotelería y gastronomía, que mantenían los sindicatos italianos de Génova, le planteó a la dirección de la UTU un convenio con la Intendencia para la formación y perfeccionamiento de trabajadores en esas áreas.

No abundo en detalles que, para esta semblanza no vienen al caso, pero por diversas razones la contrapartida que ofreció la UTU fue más con intenciones de desechar el planteo de la Intendencia que de concretar el mismo. Y allí es que se justifican estas líneas porque Coitiño dejó sin argumentos a la UTU y llevó el tema a la ANEP que no opuso trabas al convenio y además, también obtuvo el respaldo del intendente Vázquez. Algo que no fue fácil de concretar.

Esa primera etapa de lograr acuerdos iniciales entre fuerzas tan dispares es una muestra elocuente de la capacidad de diálogo y articulación que poseía Coitiño y de la convicción con que actuaba. Algo que comprobé personalmente y fue el comienzo de mi relación personal con él.

El proyecto se basaba en la creación, por parte de la UTU, de la Escuela de Hotelería, Gastronomía y Turismo y la contrapartida que ofrecía la Intendencia era brindar como sede el Hotel Carrasco. Restaba acordar entre las partes quien ocuparía la dirección. Los avatares del destino hicieron que los ojos de quienes debían tomar decisiones se fijaran en mí para ocupar ese cargo. Aparentemente con finalidades coincidentes pero no tanto. El hecho es que acepté.

“Tenés que aceptar sí o sí, no tenés escapatoria”, me dijo Coitiño. Era la tercera reunión que teníamos y todo estaba pronto para la firma, pero faltaba ese pequeño detalle. En el breve lapso de nuestra relación fuimos capaces de sintetizar años de experiencia y conocimiento de gentes y militantes, de modo que nos conocimos rápidamente y establecimos una relación de confianza mutua. Para mí era un salto al vacío y él no lo ocultaba pero me hablaba de la importancia que tenía para la fuerza política, junto con otros argumentos también políticamente válidos.

Acepté la dirección de una Escuela que no existía y fue una maravillosa experiencia su génesis y puesta en marcha que pude realizar gracias al empeño y la firmeza de Coitiño.

De modo que vaya este pequeño aporte, recordatorio de los antecedentes de Carlos Coitiño en el terreno de la militancia, que quizás sean de los menos conocidos, para decir que él fue, aunque así no figure, un creador y gestor de esa magnífica Escuela de Hotelería Gastronomía y Turismo que hoy tiene la UTU.