JOSÉ DÍAZ: POR UN SOCIALISMO NACIONAL Y POPULAR

 

David Rabinovich

Durante más de medio siglo, las distancias geográficas de su exilio, las que trajo la dictadura o las internas de un Partido en permanente debate -muchas veces fratricida-, mantuve una relación política y personal que atesoro. Allí están algunos de los mejores recuerdos de una memoria que los años inmisericordes han fragilizado.

Lo conocí a fines de los 60, yendo hacia mis 20. Omar Betarte me invitó a conversar con el secretario general del PS y nos reunimos en la Facultad de Química. Estaba presente también el arquitecto Ramón Martínez, secretario de Organización en esos años. (En el Partido había por lo menos dos más: uno ferroviario y el otro profesor, creo). Allí se formalizó mi incorporación a filas del Socialismo.

José Díaz, Vivian Trías, Guillermo Chifflet, José Pedro Cardoso, Carlos Machado… Ellos y otros compañeros y compañeras protagonizaron un proceso de revolución en las ideas de la izquierda uruguaya y latinoamericana. Muy poco antes, las diferencias ideológicas con Emilio Frugoni y las de práctica política con Raúl Sendic, resquebrajaron la unidad de los socialistas, pero no dañaron -me consta- el aprecio personal. No recuerdo ni un solo comentario de José sobre Don Emilio o Raúl que no estuviera impregnado de afecto y respeto.

Un día llegó a ‘Las Delicias’ (pensión en la que viví durante mis años de universidad) un compañero del que me guardo el nombre.

-“El Flaco Echedo anda a salto de mata, desconectado, los milicos lo van a agarrar…”

-¿Y qué puedo hacer yo?

-“Pedile al Partido que avise.”

Le plantee la situación a José, él mismo andaba con cuidado y no las tenía todas consigo. Muy pocas veces lo escuché o lo vi enojado. Tenía una voz clara y fuerte, tratando de hablar bajo, conteniendo la ira, imponía respeto. No soy bajo pero él era muy alto y en las tribunas parecía más grande todavía. Pero en las tribunas, con fervor y entusiasmo, hacía docencia. Después de retarme un poco me dijo algo así como “déjame ver”. Pocos días después, Echedo estaba reconectado con el MLN.

Nunca tuve claro si el episodio fue fortuito o parte de la estrategia de los Tupas para tejer redes de apoyo. Esa forma de comprometer a quienes tenían la solidaridad como un valor imprescindible generó consecuencias. Otra historia.

¿Fue en 1969? La FEUU organizó unas jornadas de trabajo en Bella Unión. Se trataba de ayudar en la construcción de una policlínica. Pregunté si había algo que se pudiera hacer allá y me dijo que recién había salido de la cárcel Julio Vique. Había que ver cómo estaba y darle un abrazo de su parte. Vique, Santana y Castillo eran tres cañeros que intentaron hacer finanzas para la lucha asaltando un banco. Vique era socialista. La charla fue, para mí, una forma de comprender que las fronteras en las izquierdas son líneas, difusas, cambiantes y permeables.

La casa de la familia Díaz en Malvín, estaba a media cuadra de la rambla y tenía un fondo donde criaban gallinas. Me tocó ser invitado a compartir la pasta de los domingos con Julia y sus hijos chicos. Recuerdo en particular las gallinas porque mientras les dábamos de comer con parsimonia, recibía buenas clases de política. ¡Qué privilegio!, ¿no?

En una de las últimas conversaciones que mantuvimos -solíamos hablar largo por teléfono- me dijo con sorna “supimos tener nuestras veleidades radicalosas, ¿no?” De algunos errores se reía mientras realizaba una autocrítica siempre profunda, inclemente.

Hace unos años me dijo, con pesadumbre: “La sociedad se ha envilecido David”

Con la Revolución cubana vinieron años de cruentas luchas. Pero la violencia estaba instalada en nuestras tierras desde siempre, no fue un invento de los izquierdistas revolucionarios. La resistencia a la violencia conservadora, reaccionaria, trajo procesos complejos y desembocó en una realidad donde ya no sabemos siquiera si la humanidad tiene futuro.

En aquella realidad signada por la Revolución Cubana, los socialistas adherimos a la declaración de OLAS1; José fue uno de los delegados uruguayos; unos años después firmaba también la declaración constitutiva del FA.

Cuando andaba de gira por el interior, en San José se quedaba en casa de mis padres; el compañero encargado de cuidarlo me dejaba el arma y la tarea, para la que no era idóneo, por cierto. Simplemente, si hubiera sido por él, no llevaría guardaespaldas. Las circunstancias me obsequiaron su confianza y la cercanía con compañeros como José fueron moldeando mi compromiso con causas y convicciones que están hoy tan deslucidas como vigentes.

Después de aquella etapa vino la dictadura, para él y tantos otros, el exilio, la cárcel, la muerte… Algunos ‘la sacamos barata’: destitución y muerte civil. Más de una década de ‘insilio’.

A mediados de los 70, José estaba en Buenos Aires amparado por los socialistas argentinos. Un querido compañero, Juan Irigoyen, dirigente ferroviario, enfermó gravemente. Tocó ir a despedirlo y también pudimos compartir largas charlas con ‘El flaco’ y sus anfitriones. Raros aquellos socialistas. José tenía compañeros en todas partes. Cuando tuve oportunidad de viajar a Perú entrevisté a otro (no recuerdo su nombre) cuyo contacto me facilitó. La relación con dirigentes latinoamericanos de las izquierdas era amplia y profunda.

Al mismo tiempo tenía una relación cercana, fácil, con quienes militábamos en el Interior. Al fin y al cabo, él mismo era un orgulloso y sencillo paisano de Nico Pérez. Acá, en San José, le pedí que me acompañara a conversar con un compañero del Sunca, afín a las ideas socialistas. Estuvimos en la casa de ‘el Iya’ Fraga un rato largo y fue importante para terminar de arrimar a quien fuera tantos años un gran compañero.

Pasaron los años y volvió del exilio con una nueva compañera. Ana es una mujer formidable que dejó todo por acompañarle en su vuelta a Uruguay. Retomamos la amistad y compartimos la charla y la mesa. Nos reencontramos en actividades de la Fundación Vivian Trías; otra iniciativa en la que puso energía y compromiso sin medida. Era un gran organizador sin dudas.

Recuerdo una ocasión en que se vino con Ana en plan descanso, nos fuimos al río (a lo de Arias, junto a la OSE) con algún otro compañero y allí se subieron en una canoa. No tenían idea de cómo se manejaba. Remaron al revés, como si fuera un bote. Nos reímos realmente mucho.

Llegó el 2005, Tabaré Presidente y José Ministro del Interior. Hay quienes se sorprenden de la virulencia opositora al gobierno que vivimos. Nada nuevo bajo el sol, creo que en aquel período fue peor. Vino a inaugurar, en Rincón de la Bolsa, un cuartelillo de bomberos; una vieja necesidad en la zona que había estado postergada por décadas. El intendente Juan Chiruchi pretendía que fuese a verlo en la Intendencia y él lo invitó a la Jefatura. Juan no fue porque estaba acostumbrado a citar a su despacho a los Jefes de Policía. Como ministro, José nombró una mujer como jefa en San José. La inspectora Cristina Domínguez, que tenía una formación impresionante, también le contestaba a Chiruchi -acostumbrado a manejar los jefes a su antojo- que podía pasar por su oficina si quería verla. Ella le visitaría en la sede comunal si la entrevista la solicitaba el ministerio.

En ese clima y con una furibunda campaña nacional y local por la inseguridad y contra políticas como la ‘humanización’ del sistema carcelario, le armaron todo el show de bienvenida. En el establecimiento de Nito Lagos se produjo un hecho violento que conmocionó el Departamento justo antes de la visita ministerial: “Desde las sombras de la noche partió un disparo que hirió a un peón”. Para el ojo experto de los policías que intervinieron era evidente por la quemadura de pólvora en la pierna, que el disparo que le rozó fue hecho a ‘quemarropa’. Con los días y las pericias se aclaró que el hombre se disparó a sí mismo pero ni él ni su patrón tuvieron mayores problemas. Tampoco hubo mucha aclaración de los medios locales que tan duramente increparon al jerarca que nos visitaba.

“La culpa es de los comunistas, Heber” le decía una señora mayor a Heber Pintos en su programa de radio.

1 https://es.wikipedia.org/wiki/Organizaci%C3%B3n_Latinoamericana_de_Solidaridad