POR JOSÉ DÍAZ, QUE SIGUE EN EL CAMINO

 

Roberto Conde

Una tarde, casi oscureciendo y con llovizna, en enero de 1971, llegué por primera vez a las puertas de la vieja casona de la calle Soriano -la Casa del Pueblo- en días en que el Partido Socialista volvía a la vida política legal después de cuatro años de clandestinidad impuesta por el oprobioso gobierno de la época. Allí, un puñado de gente, entre la puerta y la esquina de la calle Cuareim, nos congregamos a escuchar, y habló José Díaz, el secretario general.

El alumbrado era tenue, la gente poca, el acto corto, como si la prudencia sombría de la clandestinidad persiguiese todavía al Partido, y todo parecía mostrar que así era, aunque el anuncio augural de la formación de un frente unitario amplio ya había llegado al conocimiento de los que allí estábamos.

No traté personalmente a José ese día. Aunque ya había sido “arrimado” al partido hacía unos meses, y llegué junto con los Compañeros que me “afiliaron”, no teníamos carné y no era tiempo ni de saludos ni de presentaciones.

Pero llegó el 5 de febrero y la firma de José Díaz quedó estampada en el acta de los fundadores. Se iniciaba una nueva época que abría otra etapa, continuidad de los treinta años de militancia ejemplar desde sus inicios en la FEUU, que ya tenía vividos, pasando por la abogacía en los sindicatos, la construcción del Partido y su comprometida actividad internacionalista.

Pudimos conocerlo y escucharlo. La profundidad y claridad de su pensamiento, la responsabilidad de su tarea y la fraternidad de su trato, hacía que la utopía cobrara fuerza a través de su actitud. Como bien ha dicho en estos días el Compañero Luis Puig al despedirlo, hacía sentir que “el Hombre Nuevo” era posible.

Después de la dictadura lo volví a ver, por primera vez desde el regreso, en Las Piedras, en la Casa del Pueblo que en el 84 abrimos en la Av. Gral. Flores casi Roosevelt. Traigo el recuerdo porque con el correr de los tiempos, en el Canelones frenteamplista de Marcos Carámbula, esas calles cambiaron de nombre, de modo que la denominación actual de aquella dirección es Av. De Las Instrucciones del Año XIII casi Gral. Leandro Gómez.

Recién veo que nunca le comenté este cambio -quizás otros compañeros lo hayan hecho -pero estoy seguro que un antiimperialista y latinoamericanista de pura cepa como El- hubiera recibido con agrado la noticia y que, con una sonrisa y algunas significativas palabras, habría recordado a Trías y a Methol.

Y aquí estamos a las puertas de otro de sus aportes descollantes, el rescate de la obra de Trías, su recopilación a través de la edición del parlamento y la fundación de la “Fundación Vivian Trías” (nunca más válida la redundancia). Las actividades que siguieron hasta hoy, de trabajos, estudios, debates, divulgación y cursos de formación, alimentando la militancia política y social con un pensamiento crítico, revolucionario y civilizatorio, no se explicarían sin su aporte permanente.

El Socialismo; la lucha por la construcción histórica de la justicia social y el pleno y libre desenvolvimiento de la condición humana de todos los integrantes de la sociedad, fue el camino inclaudicable que emprendió y que a su paso nos impulsó a todos quienes con Él lo compartimos.

Se afilió con convicción a un Socialismo latinoamericano libre de dogmas y de “organizaciones internacionales guías”. Cuando allá por los 90’ algunos cedimos a la tentación de querer afiliar el Partido a la Internacional Socialista de conducción europea, tuvimos que enfrentarnos a sus argumentos firmísimos. Nos equivocamos por mayoría, pero bastó apenas una década para demostrar que José Díaz tenía razón.

Comprendió, como pocos, que, para la consolidación de Estados soberanos y la construcción de sociedades justas, además de las condiciones interiores, era necesario asegurar la autodeterminación de los pueblos enfrentando al imperialismo y rompiendo el eslabón con sus clases asociadas dentro de cada país. Y asimismo, que esta era una tarea continental.

Vuelto del exilio en España, reasumió su compromiso internacionalista y fundó y fue secretario a fines de los 80’ de la Coordinación Socialista Latinoamericana.

Tuve ocasión de leer algunos de los informes que hizo de su actividad parlamentaria donde se encontraban totalmente detallados los problemas y asuntos cotidianos de los habitantes de los pequeños pueblos y ciudades que el Frente Amplio le asignó para atender, algunos, cercanos a su Tupambaé natal.

Al mismo tiempo, no dejó de ocuparse de los temas nacionales e internacionales. Para su conciencia Humanista y Socialista no había distancia posible entre la explotación padecida por los peones de sus pagos y los padecimientos de trabajadores explotados y luchadores perseguidos en otras partes, especialmente de aquel mal llamado tercer mundo.

Su militancia no se apartó nunca de este compromiso. Cuando sus Compañeros Socialistas organizaron hace pocos días en la Casa del Pueblo una actividad de solidaridad con el Pueblo Palestino, José Díaz pudo realizar su último acto político: en el mensaje grabado que envió se pudo escuchar su voz debilitada por una emoción que presentía una despedida, pero que aún así no pudo disminuir la fuerza con que resonó su último grito ¡¡¡Viva Palestina Libre!!!

Socialista, se fue con la lucidez de los no confundidos, y con la dignidad de los no arrepentidos. Por eso en estos tiempos difíciles nos seguirá acompañando.