Yo, el Descontento

 

 

 

«Sin duda que me han hecho algún conjuro, / que no puedo salir de esta materia, / por más que a tratar de otras me apresuro. / Cada cual dizen que habla de la feria / como en ella le ha ido; por ventura / ésta la causa fué de mi miseria» 1

 Escribe: David Rabinovich

 

 

 

UN SOLO URUGUAY. Mi país es diferente al tuyo, al de ella y al de aquellos que están allá. Es un tema de percepciones, donde no aplica el viejo dicho: “cada uno habla de la feria según le va en ella”2. Hay un montón de gente que ha visto mejorada su situación y la de su familia, pero comparte el malestar y la disconformidad propios de la época. Vivimos en un mundo que se las ingenia para producir cada vez más rápido cosas que no necesitamos consumir. Se multiplican nuestras ‘necesidades’ insatisfechas, no así los recursos para atenderlas, nada nos parece suficiente. Para el 90% de los seres humanos su ansia desmedida de consumo es siempre mayor que sus posibilidades. Hablamos, por supuesto, de quienes viven inmersos en el ‘mercado’ capitalista y sujetos a sus leyes. Una parte vive al margen, hay muchos marginados. Otro 9% vive una cómoda y placentera situación de abundancia material. No sé si están satisfechos, ni si son felices. Supongo que no todos. Hay otros pocos: ¿Uno cada 100? ¿Uno cada 1000? La cima de la elite, los que lo tienen todo, si hablamos de bienes terrenales.

En este variopinto panorama socio-económico-anímico, hay tantos ‘países’ diferentes –dentro de cada territorio- como relatos circulen. Para algunos está todo mal y para otros está todo bien. Algunos viven en el mejor de los mundos, porque es el único posible; otros en el infierno tan temido como anunciado por las derechas, “cuando se hizo cargo del gobierno una izquierda ‘populista y nostalgiosa’ destinada a llevarnos de forma inexorable por los senderos del fracaso”. En medio de los extremos caben todos los matices.

Tabaré dice que la realidad es una sola. Pero hay un montón de realidades diferentes de las que índices, promedios, estadísticas, no dan cuenta de forma convincente.

Si nos comparamos con la región y el mundo no salimos mal parados. Es que otros están peor y muchos, están tanto peor que da miedo pensar en esos dramas humanos. Entonces no vale la comparación con otros. En la comparación con nosotros mismos resulta que todo está mejor desde que gobierna el Frente… Pero para la oposición, “podríamos estar mejor si luego de 10 años de ‘vientos de cola’ no se hubiera administrado tan mal”. ¿La verdad? Yo estoy descontento y creo que hay mucha cosa que se pudo y se puede hacer mejor. Pero confieso que el discurso opositor me parece de una torpeza increíble.

Sin embargo,  prende. Cada vez son más los descontentos que piden cambiar el gobierno, para cambiar el rumbo de forma radical. El detalle es que las opciones que nos proponen son las derechas como en Argentina, Brasil, Honduras, Colombia, Guatemala…

A estas alturas no debería ser necesario aclarar que los ‘descontentos’ como yo no estamos pensando en seguir ejemplos como los de Nicaragua o Venezuela. Aunque podemos tomar algún apunte de las políticas de salud o educación en Cuba o de las económicas en Bolivia. Algún apunte, no más que eso. Pero nada menos.

Hay que ponerlo negro sobre blanco: queremos mejores políticas ambientales, verdad, justicia y castigo a los culpables, recursos para vivienda, salud y educación públicas. Que estén lejos de los negocios. Nada de pasarle recursos públicos a los negocios privados que lucran con derechos humanos básicos. Queremos que paguen más los que más tienen ¡tal y como nos prometieron! En ese proceso, gradual sí, pero decidido, hay que terminar con las castas de los privilegios profesionales, por poner algún ejemplo: oficiales de las fuerzas armadas o anestésicos-quirúrgicos. También incluyo gerentes de las empresas públicas (en especial si operan en el derecho privado) o profesionales de la evasión y el chanchuyo, que lo hacen más allá del Derecho. Y la lista sigue, es larga e incluye políticos y cargos de confianza varios. Gobierno nacional e intendencias.

Reitero que somos conscientes que hay lacras inherentes al sistema y sólo podemos enfrentarlas cambiando aspectos esenciales del capitalismo. Es la propia lógica de la reproducción del capital lo que se cuestiona. Estamos descontentos con el sistema, más que con las actitudes timoratas de compañeros conciliadores con grandes o pequeños intereses. Todas las batallas juntas no es posible ganarlas, pero entre izquierdas y derechas… El corazón está a la izquierda.

 

ESE CAMPO CANSADO. Entre tantos Uruguay distintos y distantes, hay uno que nos quieren presentar como homogéneo. Hablamos de ese sufrido, triste y cansado mundo rural. El ‘relato’ nos cuenta que los campesinos uruguayos protagonizan una nueva ‘Redota’. Las familias abandonan sus casas, sus haciendas y sus bienes, empujados por la profundidad de una crisis como no se conoció otra. Y de nada les sirve venirse al pueblo donde tienen que vivir encerrados, resguardados por rejas, siempre amenazados por la inseguridad que campea. Es que en la misma bolsa pretenden contrabandearnos como iguales las realidades de peones rurales, productores familiares y la más pura y dura producción capitalista. Chicos, medianos y grandes son mundos diferentes, tan diferentes en el campo como en las ciudades. Los relatos no son la realidad.

A fines de agosto se presentó una nueva edición del Anuario estadístico agropecuario. El coordinador general de la publicación, Gonzalo Freiría, explicó que en el total de la riqueza generada (PBI), lo que corresponde al agro y la agroindustria bajó de un 10,5% al 8,3%.  Como el ‘producto bruto’ (PBI) agroindustrial creció 13% entre 2010 y 2017, implica que el resto de la economía creció más rápido. ¿Nos desprimarizamos?

Otro dato: en 2016-2017 aumentó la superficie total ocupada por tambos de 763.000 a 827.000 hectáreas. Llama la atención si la lechería es tan pésimo negocio.

En los últimos años se confirma la tendencia del sistema a la concentración de la tierra. Las chacras de menos de 20 hectáreas pasaron de 12.000 has. (2010-2011) a sólo 1.000 (2016-2017). Por otra parte el precio de la tierra3 de U$S 664 dólares en 2005, trepó a U$S 3.934 (2014). En 2016 bajó un poco, pero en 2017 repuntó de nuevo. Tierras, en su mayoría, vendidas por personas físicas y adquiridas por sociedades anónimas.

Los arrendamientos acompañaron. Su precio, de 2007 a 2017, creció a más del doble en dólares, culminando en 122 dólares (promedio) por hectárea y por año.

 

LA OPINIÓN MÁS ALLÁ DE LOS NÚMEROS. Según el FMI, el BM, las calificadoras de riesgo, la CEPAL, la OPS… A Uruguay  le sobran las buenas notas. Las mejores opiniones se reciben de parte de organizaciones que no pueden tacharse de izquierdosas.

En definitiva. “No dice más la lengua que lo que siente el corazón” vale, quizá, para la gente sencilla, que si de políticos hablamos, el cálculo es la norma.

Por eso los descontentos no estamos todos confundidos por ‘relatos’ interesados. Queremos más izquierda y mejor democracia. Solidaridad, justicia, libertad y protección de los derechos humanos. Habrá quienes están más que descontentos, resentidos y dispuestos a volver (o a irse) con las opciones más conservadoras, buscando un cambio que supongo saben imposible.

Otros descontentos pensamos que el debate frontal es legítimo. Si compartimos sueños también podemos compartir desvelos.

 

1Lupercio Leonardo de Argensola, Rimas.

2 La Celestina, IV - 166

3 Promedio de dólares por hectárea.




 

Periodista