Las derechas vienen por todo

Escribe: David Rabinovich *

Supongo que podemos aceptar que la sociedad moderna está entrampada en sus propias contradicciones. Pero sobre trampas y entrampados las visiones y las versiones son bien distintas y distantes.

El País lo explica. “La trampa de la desigualdad viene en que usualmente las soluciones a este problema generan más barreras a la movilidad social y a la reducción de la pobreza. Las soluciones más comunes a la desigualdad son más impuestos corporativos, más regulaciones y sueldos mínimos más altos. No obstante, los países con menos desigualdad y más movilidad en el mundo son aquellos que tienen los mejores niveles de competitividad, y facilidad de hacer negocios, mercados laborales más flexibles y la menor corrupción.”Lo firma Gonzalo Schwarz. Parece argumentar que en los países ‘adelantados’ los sueldos mínimos son bajos, o que los ricos en Noruega, Finlandia y Suecia pagan pocos impuestos. Esos países, que suelen tomarse como modelos de éxito, construyeron su prosperidad sobre la base de una fuerte protección social que pagaron fuertes gravámenes a la riqueza (propiedad) y a los ingresos (no sólo los altos salarios, todos los ingresos altos). Las derechas que los gobiernan actualmente, están desarmando el bienestar acumulado en beneficio de las élites rapaces y los Ceos de las trasnacionales. El razonamiento de Schwarz parte de bases falsas y ni siquiera con ellas se puede concluir qué competitividad, negocios y desregulación laboral significan menor corrupción; eso no hay prueba empírica que lo sostenga. Más bien parece todo lo contrario.

Milagros hay. En Argentina “La clase privilegiada local ya advirtió suficientemente que no ha de permitir que ninguna mujer, india, morena y pobre, se atreva a organizar a los parias para que dejen de serlo, para que tengan escuelas, viviendas, plazas, médicos, dignidad. Ya todo el resto de esa sociedad puede volver a considerarse superior, lindos, limpios y cultos frente a los parias inferiores, feos, sucios e ignorantes. Ya está cada uno en su lugar, conforme al tradicional esquema discriminatorio, machista, clasista y racista”. Esto escribió en Página 12, con meridiana claridad, E. Raúl Zaffaroni. La nota se refiere a la situación de Milagro Sala, presa política argentina.

Los que no exportan, no importan. El sistema provoca crisis cada vez más profundas, más frecuentes, más devastadoras y el Uruguay, a pesar de tantas cosas que ha hecho bastante bien, importa las crisis de sus vecinos del Mercosur, las de otros países de América Latina y las de buena parte del mundo.  Pero la derecha argumenta por ejemplo que“El gobierno… lamentablemente no quiso tomar la oportunidad de mesas de análisis permanente de la competitividad y entonces arriesga a ser testigo de caídas del área agrícola y de pequeñas y medianas industrias lecheras”. Esto afirma Eduardo Blasina en El Observador. Cae el precio de nuestras exportaciones, porque somos ‘tomadores de precios’, aumentan los de las importaciones de insumos para la producción, porque somos ‘tecnológicamente dependientes’. ¿El gobierno debe arreglar eso bajando salarios y recortando la seguridad social? (De militares mejor no hablamos). Además el referente de los autoconvocados propone “construir una plataforma sinérgica para transformar a la sociedad uruguaya en un plazo más largo que el de la campaña electoral…”porque considera que“la batalla es por dar un cambio cultural en la sociedad. Y eso ni es fácil ni es gratis”.¿De qué hablamos si no es de ‘lucha de clases’?

Es oportuno recordarlo. Militares estadounidenses y franceses trajeron a estas latitudes -Plan Cóndor mediante- la Doctrina de la Seguridad Nacional. En resumen: el enemigo está adentro y hay que derrotarlo como sea. Para eso están los métodos que los colonialistas franceses aplicaron contra los insurgentes de Argelia: la tortura como fuente de inteligencia y el asesinato (y desaparición del cadáver) como método de solución final.

“Los milicos del proceso fueron ni más ni menos que el brazo armado de un grande y ambicioso proyecto de reestructuración político-cultural de la nación en la dirección del viejo y siempre renovado proyecto del poder económico de los sectores más concentrados de nuestra economía, en alianza, cambiante y conflictiva pero permanente, con las grandes corporaciones globales. El estado dictatorial fue el agente de una estrategia de poder y no (solamente) una banda de asesinos.” Escribe Edgardo Mocca en Página 12 y describe bien nuestro pasado reciente. Hoy aparecen los que están nostálgicos de aquellos tiempos, aunque por ahora tengan que meter violín en bolsa y desdecirse, intentando imposibles aclaraciones. Por ahora parece no  haber lugar para esa derecha, desembozadamente fascista, en Uruguay. Por ahora.

Hablemos de fascismo. Humberto Eco analiza los pujos fascistas mirando aspectos que los identifican. En primer lugar pone “el culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación que aparece en los textos sagrados…”. Después el “rechazo al modernismo, que se considera principio de la depravación humana”. Claro que no aparecen todos y menos todos juntos. La presencia de algunos síntomas debe ser motivo de preocupación. Pero sigamos el repaso. En tercer lugar se señala a la cultura (y a la educación pública) como sospechosa “en la medida en que ella se identifica con actitudes críticas para con el accionar y la política de la derecha neoliberal”.

El pensador nos advierte sobre el “fascismo eterno”. Según Eco, para la extrema derecha “pensar es una forma de castración. Idolatra el culto de la acción por la acción, rechaza todo pensamiento crítico…” Y además aparece “el miedo a lo diferente... El fascismo eterno es racista por definición: está en contra del otro, de los intrusos, de todo el que no es como él...” 

En el mundo moderno “El fascismo eterno encontrará en la clase media frustrada y en aquellos grupos sociales que se sienten defraudados o humillados por una izquierda claudicante y soberbia, caldo de cultivo para sustentar su poder.” Implacable definición. Tan exacta como impecable. Además estas corrientes políticas usan “un lenguaje pobre, una sintaxis elemental para tratar en todo lo posible de limitar los instrumentos que permitan a los ciudadanos el razonamiento complejo y crítico.” Aparece cada vez con más claridad “el elitismo y al desprecio por los débiles”.

Europa: rica y culta. Aporta Santiago Alba Rico: “En los últimos cincuenta años la juventud europea ha quedado absorbida en el imaginario del mercado al mismo tiempo que expulsada del mercado laboral, contradicción que hace tan necesaria como imposible la revolución y que -por cierto- deja fuera de juego a la izquierda (al menos a la realmente existente) en la construcción de cualquier nuevo marco de transformación que excogitemos1.” “Frente al capitalismo y sus horrores, los europeos no quieren democracia ni Estado de Derecho. Los europeos no quieren tampoco Europa. No quieren, desde luego, una revolución socialista o un «hombre nuevo»; quieren seguridad y bienestar en los límites de su imaginación. ¿Y cuáles son los límites de su imaginación? El mercado y la propia comunidad identitaria (nación, barrio o militancia especializada).”

Terrible pero cierto. Las nuevas derechas arremeten contra las izquierdas. Indefensa en tanto sea ‘una izquierda claudicante y soberbia’. Y para ello debe desplazar las cuestiones sociales del centro de las preocupaciones de las personas, para centrarse en la corrupción, en la crisis económica, en la incapacidad de los gobiernos para controlar la inflación o resolver el problema de la inseguridad (no el de la violencia). Así procuran imponer una imagen de fracaso de muchos gobiernos.

Acá ¿están en eso?

1Hallar o encontrar algo con el discurso y la meditación

*Periodista uruguayo de extensa actividad en Uruguay y el exterior. Reside en el departamento de San José.