Hugo Tuyá
Agradecemos el título a Rene Descartes. (1637)
“No hay adivino ni rey que pueda marcarle al pueblo el camino”
La búsqueda de certezas cumple una función primordial en la faena humana intentando otorgar una estabilidad psicológica imprescindible para la configuración de la vida en sociedad y asegurar el disfrute de bienes materiales y espirituales fundamentales para la sobrevivencia. Contrario sensu, la duda, instala la contrapartida racional a un supuesto “peligro” que pone en tela de juicio la seguridad individual y una verdad objetiva tomada, a priori, como inexpugnable. Certeza y duda conforman expresiones y movimientos en equilibrio inestable que ponen en juego mecanismos de defensa y crisis de crecimiento.
Hacia el siglo XVII surge en Europa un nuevo paradigma que sería la base del pensamiento moderno y que revolucionaría la misma existencia humana. Se reconocía, etimológica y ontológicamente, que “si pienso” “soy”, -cogito, ergo sum- una ecuación semántica que ponía los puntos sobre las íes de una milenaria tradición hagiográfica (referencia a Historia de santos y milagros) donde la voluntad providencialista hegemónica representada en la Tierra por la Iglesia católica monoteísta, determinaba una verdad única, axiomas como vida y muerte del cristiano, más allá de su voluntad, su conducta, y de su propio raciocinio, tal como lo vemos hoy.
La idea-fuerza de la DUDA METÓDICA, determinó un corte epistemológico crucial en que SER no podía ser otra cosa que algo pensante, racional, y no un elemento instrumental de la doctrina religiosa. Se ponía en tela de juicio todo lo visible, los sentidos, el origen de la Naturaleza, y los mismos objetos de discusión, muy lejos del determinismo teológico, de verdades impuestas, o de historias de falsos milagros que escribas y traductores copiaron durante siglos cubriendo la vasta bibliografía de archivos pontificios y monacales.
A tantos siglos de distancia la DUDA METÓDICA parece ser hoy una herramienta imprescindible para evitar toda contaminación a través de discursos políticos o debatir las “libertades” que permite la profesión liberal y el liberalismo conceptual: para el caso concreto Marset, las diligencias protocolares llevados a cabo por los abogados Alejandro Balbi (con su hermano Carlos) y Santiago Moratorio para la entrega del pasaporte en EAU, sin eludir otros trámites oscuros intermedios que la Justicia puede revelar mediante, por ejemplo, el levantamiento del secreto bancario. La caída de diversos controles estatales y la flexibilización de las transacciones financieras elevando el tope de las mismas, debido al legendario axioma de “laissez faire”, han sido útiles para un lavado como para un fregado. Los últimos episodios vinculados al caso Marset, cuyas esquirlas alcanzan a Presidencia y su entorno, no promueven más que -ante casos donde los detalles no quedan claros, ni tampoco se busca desde el poder esclarecerlos- la aplicación de la DUDA que auxilie a poner entre paréntesis la credibilidad y confianza en la élite política y en los mediadores profesionales, amén de la actitud y compromiso republicano del mismísimo presidente.
Ha sido flagrante la desgraciada situación vivida por la ciudadanía luego de un largo periodo de tiempo donde quedaron sepultados en el silencio hechos muy graves que recientemente fueron expuestos al público por ex voceros del Ministerio de RREE, en boca de Carolina Ache y audios comprometedores. A todo esto, no fueron suficientes las respuestas brindadas en los sucesivos acontecimientos que pautaron el surgimiento de una crisis política que toca lo institucional, creemos, por la carencia de suficientes controles, ineptitud administrativa, corrupción, o decididamente, por una trama de índole delincuencial.
Ante este panorama, la expansión de la DUDA, en este caso ciudadana, ha tomado vuelo en función, entre otros elementos, de ciertas actitudes de legisladores blancos que intentaron poner un velo sobre la crisis y dieron por concluido el asunto ni bien el presidente brinda una conferencia de prensa, dejando flancos sin cubrir y alimentando nuevas incertidumbres sobre su conducta y la de sus allegados. Nuevas preguntas flotaron ante consensos ambiguos entre las filas nacionalistas y vueltas de tuerca que algunos senadores quisieron imponer hablando de hechos de corrupción del pasado reciente, léase gobierno del FA. Pero los hechos puestos al descubierto son de tal gravedad e imposibles de negar, que la situación de la coalición parece tambalear ante críticas dentro de sus propias filas, algunas de ellas muy duras, particularmente de parte de Manini Ríos, socio, pero a quien obviamente no conviene el desbarranque progresivo de la situación política, especialmente luego de conocerse entrelíneas de su vida militar y de la generación del partido CA cuando aún lucía como general de la República, según un libro recientemente publicado.
Las renuncias en cascada de ministros, subsecretarios, y asesor presidencial, que impusieron un “pitazo” parcial a la borrascosa coyuntura política no presupone, empero, un punto final a la debacle producida por la entrega de un pasaporte a un conocido narco, tampoco a la carrera política de dos de los desplazados por el presidente: Heber volverá a la Cámara de Senadores, y Bustillo continuará como funcionario de carrera en el ministerio de RREE, conductas que, para un mínimo sentido común, ponen en entredicho nuevamente los códigos éticos de quienes deberían renunciar definitivamente a cualquier cargo, por lo menos hasta que se dilucide en detalle sus respectivas responsabilidades en este caso de apariencia delictiva.
Sin quizás, nos encontremos ante el caso más embarazoso de adulteración y ocultamiento de datos (audios y chats) de lo que podría denominarse sin ambigüedades como prevaricación funcional, configurando incumplimiento de deberes como servidores públicos, vulnerando varios artículos del Código Penal de acuerdo a los especialistas en Derecho. Esta acusación implicaría además a Lacalle Pou, como sospechoso de articular la trama de engaño ante la Justicia, el Poder Legislativo, y la opinión pública. Los documentos, expedientes, y acusaciones fundadas en audios y chats han quedado en manos de la fiscalía que ya ha comenzado a indagar a los sospechosos, pero el hilo conductor parece confluir en el piso 11 de Presidencia, que, por acción u omisión, se encuentra seriamente comprometido con un hecho irregular que integra al narcotráfico como acompañante indeseado.
No es necesario argumentar que el caso Marset parece ser la frutilla de la torta de una serie de corruptelas que abarcan varias áreas de la administración y tocan a determinadas figuras en cargos dirigenciales ubicados allí por la nueva gobernanza. Tampoco las sucesivas leyes y medidas que favorecen intereses particulares millonarios como ser canales de TV abierta, la trama inconclusa Katoen Natie, intentos de cambios a favor de empresas tabacaleras, y un largo etcétera que escapa a esta nota. Tráfico de influencias, ¿además…?
El caso del pasaporte Marset ha llegado a oídos de la prensa internacional para la mala fortuna del Uruguay y su longevo prestigio en materia de ratio en corrupción estructural y vínculos con el narcotráfico. De acuerdo a algún analista, el pasaporte uruguayo tenía hasta hoy un gran predicamento internacional en materia de seguridad de datos. Para empeorar el entuerto, el enfrentamiento entre Israel y Hamas, y la posición de “neutralidad” votada por Uruguay en la ONU frente a una moción de diálogo entre las partes y un alto el fuego, ha constituido una rara avis, un mojón fallido en la foja de intervenciones diplomáticas del país que incrementa el desprestigio ético ganado en casos emblemáticos de la historia de la diplomacia. Un hecho muy poco auspicioso que debería requerir explicaciones sabiendo de antemano las presiones de EEUU buscando aliados que naturalicen las relaciones entre el estado judío y el mundo global, cuando existen duras críticas desde organizaciones sociales, organismos defensores de DDHH, y desde la propia ONU por parte de su secretario general, António Guterres, sobre las vicisitudes históricas en la masacre del pueblo palestino en Gaza y Cisjordania.
Debido al cúmulo de sucesos irregulares que esta nota apenas describe en parte, la DUDA METODICA aplicada por la ciudadanía puede ser el retorno del viejo método cartesiano aggiornado a los nuevos tiempos, realidades, confianza en ciertos dirigentes de la nación, y formatos de corrupción. La duda racional puede ser un vector utilitario para mover los mecanismos de defensa frente al ataque de la inmoralidad pública, bloqueando indirectamente y de forma activa el posible involucramiento del narcotráfico en la política nacional. Dependerá de la conciencia crítica y política de nuestros/as conciudadanos/as.