¿Hasta cuándo, Lucho?

Garabed Arakelian

“Ustedes estén atentos porque le voy a dar vuelta la cara a Pereyra, así se ve que estoy enojado”, fue  (o puede haber sido) la concisa indicación por parte del presidente Lacalle.

¿Existió esa  indicación para que las cámaras captaran lo que a él le interesaba, o todo fue casualidad y obra de la pericia periodística atenta a estos detalles?

Es difícil saberlo y no vale el esfuerzo en averiguarlo porque basta ver lo que sucedió: los periodistas acudieron a Pereyra -presidente del Frente Amplio- para pedirle  explicaciones de ese desaire presidencial, de esa prueba de irritación y de fastidio por parte del mandatario porque la fuerza política opositora, el FA, se sale de algunos límites ¿acordados? o tácitamente  admitidos de la relación entre gobierno y opuestos.

Pero en fin, deducir y preguntar es el derecho y la obligación que tenemos todos. Y también el de hacernos preguntas sobre ese pequeño y posiblemente intrascendente escollo en el relacionamiento político entre gobierno y oposición.

Pero bien, en esta ocasión, llega hasta aquí el ejercicio de la participación democrática de interrogar y deducir en este sitio público. Las preguntas que surgen, por ahora, deben ser formuladas en el ámbito interno del FA.

Pero eso no es óbice para que las dudas, la falta de información y la no coincidencia ni aceptación de algunos posicionamientos oficiales en el FA no sean objeto del análisis público, al menos dentro de la izquierda, pues hay motivos sobrados para ello.

 La disconformidad existente se hizo más evidente luego del acto conmemorativo del 52º aniversario del FA en Parque del Plata.  Los vehículos en los que retornaron a sus lugares de procedencia los asistentes al acto con sus comentarios y observaciones se convirtieron en depositarios de un valioso material que todo dirigente debe tener en cuenta, como así también el de los locatarios que hicieron el esfuerzo organizativo. Se conversó mucho sobre el acto y la oratoria.

La asistencia, y hasta el entusiasmo participativo pueden ser admitidos y valorados como buenos, positivos y aceptables, pero la oratoria dejó qué desear. Fue, para decirlo en términos entendibles y para no ocasionar molestias personales, una oratoria fofa.

El dirigente político tiene que saber captar el estado de ánimo de sus seguidores. Estos quieren, en nuestro caso, que el dirigente que se pone a la cabeza, brinde el tono de la oposición, y no que, cuando intenta, sin confesarlo, no molestar al gobierno y se disfraza de “oposición responsable” olvide la responsabilidad que tiene ante los suyos.

Jugar con el cuco,  de la destrucción de la democracia, como lo hace históricamente de derecha, acusando a la izquierda de atentar contra ella es una condicionante que no podemos, en estos momentos al menos,  aceptar. Esto significa rechazar el argumento de que insistir sobre la responsabilidad del primer mandatario sobre el sabotaje que se está, o se viene, ejecutando en perjuicio de la vida  y la normalidad institucionalidad del país abre la puerta a la pérdida de los valores democráticos y constitucionales.

De ninguna manera podemos aceptar ser juguetes de este designio contrario a los intereses populares y pone cortapisa a sus reclamos: el presidente de la república es y debe ser el responsable,  con su actuación y decisiones, del estado de corrupción instalado en las esferas de gobierno y de las consecuencias que ello trae en la vida democrática. Las demás consideraciones las harán los dirigentes políticos en el ámbito que corresponda. Pero a la fuerza de oposición le corresponde señalar responsabilidades y omisiones en que incurre el Poder Ejecutivo. Y el pueblo frenteamplista -desde Artigas a Montevideo- espera y reclama esa postura combativa acorde con el grado de corrupción, entrega y desmantelamiento que sufre el país.  

“¿Y eso en qué me involucra a mi?”, pregunta impávido el primer magistrado del país haciendo gala de ignorancia supina. Pues hay que hacérselo saber. Y la buena letra frenteamplista se debe hacer ante el pueblo y no frente al gobierno, deteniendo el saqueo y el despojo al que está sometiendo al Uruguay.