La estrategia de la ilusión: Lacalle Pou, el gran prestidigitador

Hugo Tuyá

"Considero mi deber político invitar a mis lectores a que adopten frente a los discursos cotidianos una sospecha permanente, de la que ciertamente los semióticos profesionales sabrían hablar muy bien, pero que no requiere competencias científicas para ejercerse." Umberto Eco

“…yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.”  León  Felipe

Año nuevo, vida nueva, y renovadas ilusiones… ¡estamos más seguros que antes!… dijo el ministro Heber… ¡…el país está en crecimiento, con una sociedad que se está desarrollando toda…! Lacalle Pou dixit frente a la audiencia de Cementos Artigas… El 2023 y el comienzo del verano han calentado los motores con buenas nuevas de parte del gobierno que prometen blanquear o morigerar hasta cierto punto las complicadísimas circunstancias que tuvo que transitar durante el año 2022. La estrategia mediática actualizada es hacer SILENCIO ante las temáticas Astesiano y Marset y dejar que el río siga su curso. La sumatoria de las renuncias a fórceps de Carolina Ache -subsecretaria de RREE- y Héctor Ferreira -y 2º en la dirección del MI-  se ha visto reflejada en las encuestas, y los últimos datos, como era de esperarse, señalan que la popularidad del mandatario ha sufrido una caída pronunciada que se intentará aplacar políticamente mediante un probable cambio de guión que maquille la coyuntura. Se ha  establecido un combo de medidas, algunas ya anunciadas, que tocan verbigracia al cooperativismo (el interés bancario por viviendas cooperativas bajará al 2%) como también a distintos planes de inversión pública que en su totalidad importan unos 760 millones de dólares, aunque se verá de qué forma se instrumenta el dinero, a quién o a quiénes beneficia, y en qué plazos. Esto último abarca un plan de saneamiento para el Interior sobre 61 ciudades -280 millones- y un aporte de 480 millones para los asentamientos irregulares. En gateras esperan una rebaja en el IRPF y en el IASS, anunciada por el presidente, de acuerdo a los cálculos establecidos con anterioridad para el PBI en caso de que trepara a cerca del 5% de crecimiento durante el 2022. Según el sociólogo Fernando Filgueira y otros analistas, estas rebajas no traerán beneficios para los quintiles más bajos que no pagan ni IRPF ni IASS, lo que, en plena contienda electoral, además de una renuncia fiscal con proyección a ser restituida en el próximo gobierno, sería un guiño a la clase media para cooptar su voto. Nada se ha comentado sobre una rebaja del IVA, el impuesto más regresivo para los trabajadores.

Además de estos anuncios, se ha votado, con el auspicio de Cabildo Abierto, y para no olvidar al electorado de derecha dura, una reparación para víctimas de la guerrilla tupamara que aún permanece con puntos opacos. Por separado, se ha incrementado en un 70% (según la prensa) el presupuesto de la ANII para investigación y desarrollo. Otro episodio de alto impacto mediático -estamos ante un presidente marketinero, bien asesorado, y con buen olfato- ha sido la invitación a José Mujica y Julio Ma. Sanguinetti a la asunción de Lula da Silva cuyas imágenes han recorrido el mundo y quizás han vuelto a ubicar al país en el podio de un republicanismo estrafalario luego de los insucesos de corrupción que fueron titulares en los principales medios del orbe. En términos generales, 2023 ha comenzado con bríos (pre) electorales pujantes -se habla además de una llegada récord de turistas y cruceros para enero- ya que el tiempo se termina y hasta ahora el gobierno solo ha cosechado rechazos desde varios ámbitos académicos y orgánicos de la sociedad que apuntan, entre otros, a temas delicados: el  educativo, el proyecto Neptuno, la reforma de jubilaciones y pensiones, coordinadora de ollas populares, la diferencia cambiaria con Argentina que perjudica el comercio litoral, la pérdida de ingresos, y críticas desde respetados analistas respecto a la conducta financiera del Estado que establece una alerta por el atraso cambiario en ciernes. A pesar de este ambiente inhóspito, el combate al déficit fiscal continúa por sus fueros y una de las principales víctimas -no las únicas, visto los recortes generales en recursos financieros y humanos- han sido los salarios y las jubilaciones, que, superado 2022, siguen perdiendo poder adquisitivo. Según el ministro Mieres este año comenzaría la recuperación de los ingresos, aunque se volvería al bolsillo del 2020 consignando una pérdida que carece de incremento real, es decir, que lo que no se equiparó no vuelve. Por lo que resta de gobierno se torna difícil cumplir con varias de las promesas hechas al calor de la campaña electoral excepción hecha de proto-privatizaciones varias, pero el arte del ilusionismo -particularmente en materia estadística, y de números que nunca coinciden- en el que se han empeñado últimamente los voceros multicolores pretende saltar el Rubicón con apenas un salto de pocos metros, sin tomar en cuenta que la salva de cañonazos anunciando otro año puede no ser suficiente como para tapar los boquetes económicos y sociales que se han acumulado en este periodo, salvo claro está, la situación de los malla oro y el momento histórico extraordinario post pandemia que registra récords de exportaciones primarias a precios exorbitantes y fuera de contexto histórico.

Tampoco en política exterior el presidente puede sentirse muy a gusto luego de la victoria de Lula en Brasil y los nuevos vientos programáticos que seguramente traerá para el Mercosur una coyuntura diferente respecto a ciertos comportamientos disruptivos que ha proclamado Lacalle Pou para el comercio bilateral por fuera de la normativa de consenso. El récord de exportaciones en carne bovina, soja, y celulosa en los últimos 2 años, ha invisibilizado hasta ahora otros problemas de fondo que han quedado para el final del período de gobierno, si es que se cumple con los compromisos asumidos. Sin referentes ideológicos en la vuelta como Macri o Bolsonaro -que amparen y apoyen la idea de un “apartheid” comercial uruguayo dentro del Mercosur- ambos en pleno ostracismo, habrá que esperar qué tipo de medidas toma nuestro presidente, teniendo en cuenta el dato no menor que hoy por hoy uno de los grandes compradores de Uruguay es precisamente Brasil (3er. lugar en orden de prelación según las últimas estadísticas) y que el mundo comercial entero espera impaciente por las posibles medidas que el presidente Lula anuncie sobre el Mercosur y los nuevos vientos que soplan para convenios (TLC) con la UE, con China, y con el BRICS. En pocos días, el presidente brasileño recalará en nuestras costas y tendrá un mano a mano con Lacalle Pou.

El arte del ilusionismo consiste en una manipulación visual a medida de la habilidad del artista en la que eventualmente podríamos creer, dejándonos llevar por un encanto inexplicable, más allá de lo verosímil. En el “ars política”, los resultados de una maniobra solapada pueden no ser tan estimulantes y generar una experiencia decepcionante. Generar una ilusión artística no es lo mismo que crear “ilusiones” frente a necesidades básicas insatisfechas prestando oídos a hábiles discursos disuasivos desde la política partidaria a través de ideas precocinadas y/o plataformas programáticas edulcoradas. También importa el emisor debidamente preparado: condiciones innatas que caracterizan al político elegido como líder o caudillo.

Algunas frases antológicas emitidas por políticos de relevancia que incluso han sido presidentes de la República pueden dar un primer indicio que justifica el título de esta nota. Si volvemos el tiempo hacia atrás, recordaremos por ejemplo aquello de “…el gobierno nunca perdió una huelga…” (J.M.S.), “…no hay que tener los ojos en la nuca…” (IDEM), “…yo hago como que les pago, y ellos hacen como que trabajan…” (L.A.L.H.), “…si gana el Partido Nacional no habrá más subas de tarifas, de combustibles ni de impuestos…” (L.A.L.P.). En cuanto a sensibilidad social, la politiquería es norma en boca de sesudos doctores en leyes vueltos mesías ilusionistas de alta performance y con amplio apoyo electoral, a pesar de largas tradiciones y nombres ilustres que pasaron por la conducción partidaria. Uruguay parece transitar por una larga siesta que llega desde el primer batllismo y desde lauros hoy impensables que dieron justa fama al país del Maracaná como punto estelar de un largo proceso de avances únicos en la región sudamericana, especialmente en cuanto a estabilidad democrática, pero es un dicho popular que bajo la política “de antes” o “antiguamente” los nombres famosos en la historia mostraban mayor honestidad intelectual o manifestaban una empatía superior hacia las necesidades de la población… algo que podría discutirse.  

Quizás no muchos/as puedan recordar irregularidades de tal magnitud en lo que va de la historia de los siglos XX y XXI, por lo que, históricamente, este gobierno está marcando un hito en la consecución de mantener, contra viento y marea, un velo que cubre la piel del lobo. Varios recordamos al Dr. Juan Vicente Chiarino, ministro de Defensa del primer gobierno post-dictadura y sus legendarias palabras “…no tengo conocimiento…” al ser preguntado por los periodistas acerca de asuntos complicados derivados de la debacle cívico-militar. Parece ser ese el clima que el gobierno está dispuesto a configurar y consolidar cuando día tras día surgen nuevos indicios de corrupción a varios niveles de la administración pública. Sin embargo, la secuencia de aparentes falsedades e interpretaciones traídas de los pelos que se han diseminado por el Parlamento y los medios, generando la ilusión de que el gobierno tiene todo bajo control, ha desbordado el vaso de la credibilidad sin que a ningún socio de la coalición se le mueva un pelo, más bien han optado por tirar la pelota al outball esperando un milagro de parte del dictamen de la Justicia, que trata el problema Astesiano. La táctica del silencio responde a una eventual continuación de la coalición para los comicios próximos, y se sabe que por separado las posibilidades de llegar nuevamente al gobierno son remotas.

La novedad de la renuncia de Carolina Ache ha hecho recaer sobre el Partido Colorado el peso de una crisis insoslayable pero compartida que continúa por el ancho mar de las sospechas y críticas desde el propio oficialismo. De no haber sido por el pedido del FA a la Justicia, los intercambios entre Maciel y la ex subsecretaria del Exterior hubiesen pasado a la historia sin ninguna consecuencia. La pose y las respuestas mediáticas del presidente -un muy hábil declarante minimizando y también falseando hechos comprobados- ante los sucesivos episodios que directa o indirectamente lo involucran, pueden sugerir un ambiente surrealista, ante los cuales no ha pedido ni exigido remover ningún cargo de confianza que, según las informaciones, estarían seriamente envueltos en la corrupción general. Algo no funciona en el tablado de las suposiciones y en los “cuentos” que escuchamos a diario, en una andanada de chicanas que parecen tomarle el pelo a la ciudadanía o subestimar su inteligencia: “…Uds. me conocen…” diría Lacalle Pou a los periodistas, canchereando con prestancia. Nada más cercano al sueño de ilusión sin mácula que quiere demostrar, obviamente, asesoría y manuales mediante.

El señor presidente, siguiendo costumbres clientelares, y alimentando el letargo ilusionista de país perfecto y republicano, continúa apoyando a ministros y cuadros intermedios sospechados de estar involucrados en el embrollo Astesiano y en la entrega de pasaporte a un conocido narco uruguayo. Una reacción instintiva para no ejecutar en la plaza pública a sus principales lugartenientes de confianza política y dejarlos como únicos responsables de los desaciertos, complicidades, e ineptitudes de pública notoriedad, asumiendo desde ya su propio involucramiento y responsabilidad en esta historia.  La puesta en escena de “ilusiones” programáticas como transparencia, institucionalidad, ética  política, cuadros comprometidos, honestidad y vergüenza, país abierto y confiable para las inversiones… resquebraja la confianza en las instituciones y en el “aquí no pasa nada”, a pesar de los documentos incontrovertibles que aseguran corrupción y corruptos en áreas claves de la administración y especialmente en el cuarto piso de Presidencia. 

La Política es la continuación de la “guerra” por otros medios, aunque suene fuerte en este siglo XXI de cambios civilizatorios e inmerso en una batalla comercial sin descanso, en desafíos impensados de cara a los problemas del hambre, el tema ambiental, y en discursos espurios que promueven la paz en el mundo, por lo que es esperable que también aquí aparezcan nuevos mecanismos ilusorios para llenar el ojo, y surjan de la galera aggiornados taumaturgos de parte del gobierno, ahora en plena decadencia electoral y ética. Algún run run ya resuena y es esperable algún cambio en la política económica a partir del 2023, año clave de frente a la campaña electoral y a los eventuales personajes que disputarán la interna en 2024. Nada sorprendente en la escalada de todos los gobiernos neoliberales que supieron transitar la historia política del Uruguay, haciendo notorio aquel viejo aserto popular de que “…ya está todo inventado…” y “…sé todos los cuentos…”