Como si se tratara de una maldición bíblica, a la seca, se suman la langosta y los incendios en un principio de año que ya venía complicado.
Están secos pozos y cañadas que nunca lo estuvieron, hay que trajinar todo el día reponiendo el agua para los animales, pues se evapora, y se deben sacrificar brotes y frutos para salvar los árboles. No es un año de sequía, son años de sequía y las napas de agua no se han repuesto. El hombre mira la tierra agrietada y luego levanta la vista y ve, a lo lejos, un mar de eucaliptos.
La pura verdad es que nos han invadido expulsándonos del campo para plantar árboles, que además, nos quitan el agua y generan incendios, pero ahí no termina la invasión, pues nos dividen, y ante esta ruina que vive el hombre de campo que se desespera para regar plantas y dar de beber a los animales, se nos quiere hacer creer que han vivido una gran zafra, que las exportaciones fueron un éxito y que en vez de reinvertir, se fueron de vacaciones al Caribe.
¡Nada más falso!
Primero, porque si se exportó bien, hay que ver quién exportó bien, y ahí tenemos que los que exportan, son los frigoríficos que en su amplísima mayoría son del capital extranjero, y hay que ver qué se exportó bien, y ahí tenemos la incidencia de los feedlot, que además, se usan para manejar el precio del ganado. Hay una guerra silenciosa entre los frigoríficos del capital extranjero y el hombre que cría el ganado.
Segundo, porque el dinero ganado con lo producido, precisamente ante años continuos de sequía, se reinvierte en pozos, tajamares y tanques australianos, amén de la inversión en tractores y galpones o en la compra de más ganado en un panorama nada halagüeño, donde se persigue a la producción rural subiendo artificialmente el precio del gasoil, dejando que los perros hagan destrozos en las majadas, no reparando caminos y cerrando comisarías, escuelas y policlínicas.
No es moco de pavo trabajar deseando que llueva, o que no llueva demasiado, temiendo al granizo, a la langosta, a los perros o a un fuego que puede devorarlo todo, en un mundo donde ya vemos que cierran granjas en Holanda con el engaño de que el ganado genera “calentamiento global” y no es necesario ser profeta para saber que más temprano que tarde, pretenderán impedirnos que criemos ganado y querrán llevarnos a comer carne de laboratorio.
Mientras nuestra gente levanta los ojos al cielo que parece una plancha al rojo, a la trasnacional de los eucaliptos se le regala el agua, se la exonera de impuestos, se le compra la energía y hasta se le hacen vías de ferrocarril de uso exclusivo. UPM, gracias a sus privilegios, ya detenta 466.000 hectáreas y va por más.
¿Cuál es la verdadera langosta que devora lo nuestro? Ya lo sabemos: “los malos europeos y peores americanos” que firman contratos secretos para robarnos y atacar la democracia. Pues no lo vamos a permitir. Nada hay peor que un hombre entregado. Precisamos 300.000 firmas para alcanzar un plebiscito que liquide los contratos secretos que les permiten a las trasnacionales acusarnos en tribunales del BANCO MUNDIAL, que nos obligan a no legislar por cincuenta años en cualquier área que las perjudique, y que hacen que un gobierno comprometa a los futuros gobiernos con una serie de obligaciones indignantes.
Nada está dicho y nadie puede ver el futuro, pues el futuro se mueve con cada uno de nuestros pasos.