Por Hugo Tuyá
La dialéctica es definida como “la ciencia de las leyes generales del movimiento y desarrollo de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento”. La tesis filosófica cuestiona el método metafísico que interpreta la realidad y los fenómenos del mundo como aislados los unos de los otros, además de asignarles la cualidad de ser inmutables.
Referencias: fundación A Ganar, Uruguay Adelante, Katoen Natie, caso Cardoso, Montepaz, caso Marset, caso Astesiano y su staff con 11 anotaciones, caso Maya Cikurel. Menú de JUNTEP: caso Sartori, esposo de Carolina Ache, esposa de Botana. Clientelismo marca C.A, ley de medios, Delgado y los rusos, Delgado y el periodismo, maquillaje de delitos en la Policía… y sigue…
Luce impresionante la dinámica y el cúmulo de novedades diarias, cuyos titulares rezan en el párrafo anterior y cuyo desarrollo particular no es posible para la longitud de esta nota. Es también sorprendente “la caja de Pandora” que día a día nos trae el variopinto menú de la gestión “transparente” del gobierno, -cuando no las mentiras (1)- adjetivo repetido como un mantra por el señor presidente ante cualquier micrófono que se le ponga delante. Una bola de nieve que crece sin parar o la punta de un iceberg flotando a la deriva: elija el lector. Sin llegar aún al extremo de Brasil, podemos pensar que el “método Bolsonaro” se ha extrapolado a Uruguay. Luego del último novelón del custodio tramposo, las aguas oficialistas se han tornado más turbulentas con la finalidad de sesgar la información y exorcizar culpabilidades donde queman, por ser tema de escala jerárquica. Es que la estocada Astesiano tocó en profundidad la estructura presidencial y su entorno, y es difícil poder escapar al mar de las excusas. La defensa del gobierno inició un camino escabroso para intentar sacar las castañas del fuego: comenzó una confrontación contra la Coordinadora de Ollas populares e intenta, por medio de ediles obsecuentes de la Junta departamental, instalar un “impeachment” a Carolina Cosse (2) en un intento flagrante de descentrar el ojo de la tormenta y hacer humo para distraer a la opinión pública. Una hipótesis plausible indica que el recurso del método de presidencia intenta “naturalizar” cualquier hecho grave de corrupción propia achacando a administraciones anteriores conductas similares o sospechosas, utilizando la chicana de la media verdad, la contradicción argumental, o directamente el falso testimonio. Se implementó en el caso Cardoso llevando a la Justicia los expedientes del Ministerio de Turismo frenteamplista liderado por la hoy senadora Kechichian, pero la intentona murió antes de alcanzar la orilla.
Algo similar puede ocurrir en temas de seguridad: el periodista Gabriel Pereyra ha denunciado el maquillaje de delitos en Durazno con el propósito de demostrar que algunos delitos bajan; el sindicato de policías de Maldonado ha dado un alerta sobre vicios y viejas prácticas de los nuevos jerarcas; y Heber, el ministro de Interior, ¿dónde está? Abandonar el territorio considerado peligroso y dejar que los “chorros” sufran una aniquilación endógena, naturalizando la muerte entre marginales pobres, puede ser una estrategia soterrada mientras se hacen discursos esperpénticos, y se eluden delicadas responsabilidades institucionales, ahorrando además, gastos vinculados a la demanda de la población por hechos de sangre resultado de la competencia interna del narcotráfico.
Hagamos un poco de historia para ver el hilo conductor. El “dossier” Raúl Sendic marcó una época en plena ofensiva del PN contra la administración frenteamplista en distintas áreas y particularmente, a instancias del Dr. Larrañaga y sus interpelaciones a Bonomi. El blog del diario EL OBSERVADOR del 9/9/2017 siguió minuto a minuto la renuncia del ex vicepresidente en una suerte de drama nacional cuyo protagonista estrella era el más que probable candidato a suceder al Dr. Vázquez en la presidencia de la nación. Los “delitos graves” cometidos por Sendic pasaban por un título académico nunca aparecido y por gastos indebidos con una tarjeta corporativa otorgada por ANCAP a sus directores. No se le procesó por enriquecimiento ilícito y se lo obligó a pagar la deuda adquirida mediante la mencionada tarjeta, a falta de los comprobantes que correspondían. Textualmente decía el fallecido Dr. Larrañaga por entonces ante la situación “grave e inusitada”: “…la renuncia de Sendic coloca al país en una situación inusitada. Corresponde ser responsables y mirar por encima del momento, pensar en la institucionalidad e imagen del país…” “…las políticas de gobierno y el tratamiento parlamentario no pueden ser rehenes de esta situación ambientando una parálisis nacional. A su vez Larrañaga instó al presidente Vázquez a: “…dar señales claras de responsabilidad y de recomposición de la relación de los poderes de la República.” Por su parte, el senador Luis Lacalle Pou manifestó que: “…es una jornada gris para el país…” y habló de “una crisis política por engaño…”
Durante aproximadamente 2 años la presión política y periodística sobre Sendic fue apabullante, incluyendo la aparición del libro La carrera del hijo pródigo, obra de las periodistas Patricia Madrid y Viviana Ruggiero, que sirvió para alimentar por ese medio la cadena de rumores, denuncias, y eventuales delitos que, luego de entrada en escena la fiscalía, nunca se pudieron comprobar en su totalidad.
Frente al caso Astesiano el episodio de Sendic y sus consecuencias luce como una comedia de equívocos. “Las derivaciones pronto abrirán una caja de Pandora”, según Juan A. Ramírez, algo a lo que el PN nos tiene habituados, desde la asunción de Lacalle padre en 1990. Si analizáramos la conducta del señor presidente Lacalle Pou frente a los dos últimos mojones de su acción política, diríamos que no dio la nota, no respetó la cacareada transparencia y ha fracasado en múltiples aspectos. No solamente porque ha pretendido ser el propietario de la llave universal de la ética política -recordar al principio de su gobierno las legendarias auditorias solicitadas en la administración que poco o ningún resultado han generado- sino porque ha ignorado, a fuerza de imagen y selfis sus propias contradicciones: como se dice ahora, sus discursos y medidas no resisten los archivos bien guardados por la grilla mediática, más aún, podríamos confirmarlo con aquello de “…haz lo que yo digo pero no lo que yo hago…”. Al impulso electoral y a los grandilocuentes pronósticos en 2019 relativos a aumentos de combustibles e impuestos, a la transparencia (glasnost) administrativa, a la libertad responsable, y “a los mejores 5 años de tu vida”, Lacalle Pou le ha puesto un freno por no considerar los principales asertos de la dialéctica y creer, por un instante, que el universo y el oído ciudadanos son estáticos e inoperantes.
Y no es solo eso, también por la pretensión de llevarse todos los lauros para su propio canasto. Es que intentar transformar la realidad mediante “prognosis” o propuestas temerarias resulta a todas luces complicado pues la globalización, en la que estamos inmersos, es volátil y aleatoria y operan de forma tangencial a cualquier determinismo a priori. Los discursos de la campaña electoral constituyen un primer error político y ético del presidente hablando para la tribuna, generando una concepción errónea de la libertad individual y ubicándola como el mascarón de proa de su conducción política a nivel nacional. La irrupción de la pandemia, como ejemplo, señala a fuego el carácter no previsible de acontecimientos inesperados que pueden afectar decisivamente, para bien o para mal, una carrera política y el futuro de una sociedad con carencias e incertidumbres estructurales de larga data.
Los episodios y circunstancias anotadas en las referencias a principio de esta nota, han demolido la esencia, la ética, y el espíritu de los discursos presidenciales y han dejado al primer mandatario desnudo frente a sus palabras y compromisos, haciendo caer por elevación el prestigio institucional-democrático del país a niveles de muchos años atrás: lejos del litigio ganado a la Philip Morris y más próximo al latrocinio de la ley de caducidad de 1986. Una muestra lacerante de que nada es para siempre y hay que saber mirarse al espejo en momentos de “crisis por engaño”, como alguna vez manifestó el Dr. Vázquez, ningún gobierno está vacunado contra la corrupción y agregaríamos nosotros, contra la transparencia en la gestión.
Es llamativo por otra parte, y en un episodio de extrema gravedad como éste, el silencio o el superficial abordaje del problema Astesiano por parte de varios líderes del oficialismo, mientras se escucha una queja soterrada por la caída en desgracia de uno de los principales soportes de una política antitabaco errática como ha sido el ministro Salinas, hoy vetado como candidato a presidir la OPS. Son los bretes creados sin criterios razonables como lo es abrir frentes de conflictos innecesarios flechando la cancha de los beneficiarios, e impuestos por una conducción hiperpersonalizada con sesgo autoritario aunque disimulado y con vocación de infalibilidad: un ojo en las encuestas y el otro en el marketing personal que abona una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hide: para un presidente la frase “…no sabía…”, acusando súbita falta de conocimiento, y la exposición mediática afirmando tomar medidas políticas con nombre y apellido, debería ser un juego prohibido, aunque como sabemos, es bastante frecuente.
Luego del episodio Marset, los dos últimos golpes directos al mentón representados por el tema del tabaquismo y la corrupción del custodio estrella harán mella seguramente en la imagen del presidente hasta límites insospechados, que pronto las empresas de medición habrán de tener en cuenta, y el monitor internacional de virtudes republicanas bajará la nota de su popularidad. El otrora discurso sólido, seguro, y canchero, tuvo sus bemoles y temblequeos a la hora de explicar situaciones demasiado oscuras como para evadir el bulto. El primer mandatario sin duda acusó un golpe muy duro para su carrera política y puso entre paréntesis sus polémicos conceptos de libertad y transparencia que han funcionado como escudos de la heráldica tradicional herrerista. Las filípicas éticas hacia la administración anterior mientras en la prensa se delataban pormenores de la vida delictiva del custodio desde por lo menos el 2020, no hacen creíbles las palabras del presidente cuando manifiesta que el ahora detenido “…no tenía antecedentes penales…” De acuerdo a las últimas informaciones, el señor Astesiano ya venía desde 2003 con una vasta serie de indagatorias policiales e incluso con un arresto por estafa en el año 2013. La pregunta viene a cuento: ¿el presidente no había sido advertido sobre esto, o miró para otro lado…? ¿es que el custodio puede “custodiar” datos importantes sobre la vida y trayectoria de Lacalle padre e hijo…? ¿Quiénes eran los receptores de los pasaportes, y cuál su objetivo? La oscuridad de la trama y la íntima sospecha de “gato encerrado” impulsa al ciudadano a preguntarse muchas cosas- Incluso acerca del “equipo” de Astesiano cuyos integrantes también acarrean situaciones anómalas con la Justicia y que, aunque Lacalle Pou lo negó ante periodistas, han sido destituidos de sus labores de vigilancia.
La oposición parlamentaria ha planteado al gobierno la renuncia del ministro Heber por el caso Astesiano ya que considera que se ha desbordado el vaso de la ineficiencia y el descontrol a causa además de otras temáticas referidas al delito de homicidio y particularmente al caso Marset y los pasaportes truchos. En estas instancias, emblemáticas por su gravedad, sumadas al del custodio presidencial, las respuestas desde el ministerio y el elenco oficialista han sido incongruentes y chicaneadas en cuanto fue posible. Ni un atisbo de crítica formal de parte de ningún líder de la coalición, apenas comentarios sesgados y difuminados a través de elogios a la Justicia y al nivel de institucionalidad republicana de la cual nos enorgullecemos por comentarios extranjeros.
Es claro que el caso Astesiano cayó como un balde de agua muy helada sobre la cabeza electoral de varios interesados en la postulación para 2024. Tanto Domenech como Sanguinetti quitaron revoluciones a las críticas cruzadas por el tema Astesiano restando importancia al revuelo mundial que tuvo el infortunado incidente. En todo caso la “vestal” transparencia, convertida en una entelequia, como base fundamental del esquema administrativo ha quedado coja y con pocas expectativas de recuperación. Será interesante comentar próximamente sobre complicidades y/o posibles ocultamientos de información relevante. Alguna destitución “pour la galerie” sería quizás favorable a una imagen muy elaborada desde usinas de marketing que ha quedado en falsa escuadra, aunque será difícil escapar por la tangente de lo que parece configurar un gran agujero negro en cuanto a controles, confianzas, y transparencias.
La JUTEP por otra parte, una invitada de piedra en temas de “transparencia”, con escasos recursos y la cancha flechada, quizás pueda servir de ejemplo al respecto, aunque parece difícil después de las fallidas y faltantes declaraciones juradas de patrimonio, que involucran a Sartori, al marido de la vice ministra Ache, y ahora, a la esposa de Botana. Si no querían sopa, 10 platos.
(1)- Develadas en el llamado a Comisión permanente al ministro Heber, el prosecretario Ferrés, y el director de Inteligencia Álvaro Garcé el miércoles 12 de octubre, instancia llevada adelante por el senador Alejandro “Pacha” Sánchez. A pesar de gruesas metidas de pata de parte de Heber y Ferrés, las respuestas cojitrancas pasaron por conquistar un “empate” frente a la opinión pública, dejando en evidencia que el gobierno, aun en falta monumental y sin reconocerla, no está dispuesto a ser goleado en su cancha, tampoco a pedirle la renuncia al Ministro del Interior.