CLEPTOCRACIA

Por Garabed Arakelian

Entre muchos factores inherentes a la actividad humana, como un desecho de ella,  junto con la contaminación, se halla la corrupción que se presenta con diversas formas y grados. Dentro de  la laxitud que permiten los códigos, las leyes, la ética y la moral, existe la posibilidad de que aparezcan sujetos corruptos ya sea en la esfera privada o en la actividad pública.

Cuando los actos de corrupción dejan de ser ocasionales, aislados, y se vuelven habituales, numerosos, conocidos y tácitamente aceptados, se pasa del acto al estado de corrupción, al punto que éste se convierte en sistema, en algo estructurado, con mecanismos y trámites establecidos para su funcionamiento. Se trata de la organización informal, ilegal y en este caso delictiva, que se apoltrona dentro de la organización formal, la utiliza y aprovecha en beneficio propio. Maquillada y camuflada se superpone a la existente y se disimula dentro de ella trastocando sus propósitos, manteniéndolos de manera engañosa. Se apodera de ella y la transforma.

Los recientes acontecimientos que ubican a una banda delictiva funcionando en la misma sede del Poder Ejecutivo, a rostro descubierto y con larga actuación, semejan el guión de una película humorística. Pero no lo es y se explica, entendiendo que eso sucede cuando esa organización perversa ha formado nido dentro de la estructura, al punto de ser parte normal de ella. Es una convivencia malsana que le hace daño al sistema democrático quitándole confiabilidad.

Eso ha sucedido en nuestro país y no se trata de actos de corrupción sino de un estado de corrupción, plagado de opacidades que el divismo del presidente y su elenco no logra disimular pese a todos los intentos que se realizan: no hay poste ni zócalo que no tengan su acto de inauguración con desplazamiento de jerarquías civiles y militares, y si faltaran motivos, se recurre a la reinauguración de lo existente y al respectivo corte cintas. El presidente baila en los cumpleaños de quince, pinta y colorea en las escuelas infantiles, prueba quesos y dulces en las ferias artesanales al tiempo que no vota presupuesto para la Universidad de la República en clara actitud de provocación. Regatea miseria a costa del hambre enfrentándose a las ollas populares y propone un proyecto de seguridad social que aumenta la edad y los años de trabajo para llegar al retiro pero no toca los  privilegios medievales de la casta militar. La política desembozada de desmantelamiento de los entes públicos que desconoce  de manera provocadora los resultados de las consultas realizadas a la ciudadanía viene acompañada de tácticas distractivas consistentes en crear  fuentes de tensión en otras áreas como, por ejemplo, falsas denuncias de malversación cometidas en administración frenteamplista que terminan archivadas pues eran solo humo, pero que surten el efecto esperado para la derecha.

“Si tenemos el Poder, ¿qué esperamos para tomar el Gobierno?” se preguntó la derecha nativa, incitada por el empuje creciente de las fuerzas reaccionarias a nivel mundial. Era y es una pregunta pertinente y de lógica deducción pues la derecha tenía y tiene el Poder en términos reales, pero le faltaba el Gobierno y aunque hace como que lo desdeña, sabe que es un recurso importante a tener entre manos porque le brinda respaldo legal a sus decisiones. Y además es algo que siempre viste bien, particularmente a nivel internacional.

Hay que reconocer que se preocuparon para alcanzar el gobierno. Dijeron “estamos preparados”, tenían y tienen el aval y la certificación internacional de la derecha, particularmente la de España. Y cuando les tocó actuar demostraron que eran capaces de cumplir con la misión asignada: ser “empleados”, servidores, del sector dominante de la sociedad, según expresiones propias del presidente de la república, los “malla oro”.

Pero si bien son servidores, también se sirven, y saben hacerlo pues lo han hecho. Ahora están dedicados en pleno a enajenar los bienes públicos como si fueran propios. El desmantelamiento de la estructura productiva y de servicios del Estado es el objetivo fundamental inmediato y con poco plazo pues deben lograrlo antes de que finalice su mandato. Este tipo de trabajos de liquidación siempre ofrece nichos  de importantes beneficios para quienes están avisados y saben aprovechar  la oportunidad. Y al socaire de estos propósitos han instalado una organización lateral que aprovecha de las oportunidades y de la que mencionamos al inicio del  presente trabajo.

Por supuesto, han instalado su gobierno con su gente y con sus valores. Analizando contenidos y actuación, hay quienes han aventurado afirmar que en Uruguay se ha establecido una cleptocracia.