Vacunas eran las de antes

Escribe: Griselda Leal Rovira

Hace un año ya que nos enteramos de que el coronavirus estaba circulando por el mundo, ahora se sabe que son decenas las vacunas que se están desarrollando, aunque las que se están aplicando no son mas de seis.

En un principio quien salió a hablar del tema fue el señor Bill Gates, fundador de Microsoft y actualmente dueño de laboratorios - entre ellos el de Wuhan, que según se ha indicado ha sido la ciudad de donde surgió el virus- quien dijo que debía ser vacunada toda la población del planeta (y que con esa medida se podría reducir la población entre un 5 y un 15%). Su vacuna se llamaba GABI pero ante los rumores de que podría tener un micro chip que nos vigilaría y manipularía, no se habló mas de ella, pero sí de otras que se supone que son lo mismo, ya que también son fabricadas en los laboratorios de Gates.

Pero, simultáneamente han surgido varias vacunas en distintos países para hacerle competencia. Lo curioso es que –y por eso promueve preguntas- pese a saber que el período de estudio de las mismas debe ser prolongado, ¿cómo es posible que en tantos lugares, distantes unos de otros, estuvieran preparando vacunas con el mismo propósito sin tener el aparente conocimiento de que iba a aparecer una pandemia con estas características? También es curioso que ya estén prontas para ser aplicadas.

Por otra parte nos surgen mas dudas, al proclamarse que con una dosis no es suficiente, que deberían darse aplicaciones todos los años y lo que es peor, que se anuncie que ha de haber mutaciones del virus en el futuro, lo que indicaría que esta situación de confinamiento, miedo y vacunas sería una constante por tiempo indefinido.

O sea la preocupación que debemos tener no es por esta dosis sino por lo que puede pasar en el futuro. En estos días ha resurgido la fábula de la rana: “si se tira una rana a un tacho con agua caliente, ésta salta y se salva, pero si se la tira al agua tibia y se sigue calentando hasta hervir, terminará muerta (hervida)”.

Si las vacunas se convierten en obligatorias nos van  acostumbrando de a poco para meternos en el agua tibia como a las ranas.

De modo que o esto es una desgracia planetaria por causa del estilo de vida de los humanos que no hemos sabido controlar, o se trata de una dictadura mundial perpetrada por la “élite” que nos ha gobernado desde siempre, y es la que ha organizado guerras  para dominar y reducir la población y ahora, al no poder seguir utilizando la fuerza de las armas porque resultan peligrosas, ya que podrían acabar con toda la humanidad incluidos ellos mismos, orquestaron esta idea de la pandemia que nos tiene paralizados con el miedo, limitados en nuestra vida cotidiana y que trae como consecuencia desocupación, pobreza, muerte y destrucción de buena parte de las pequeñas y medianas empresas en beneficio de los poderosos.

La desocupación que se está dando en todo el mundo, además de pobreza y desesperación va a aumentar la esclavitud que lamentablemente a pesar de que en la teoría se ha condenado, sabemos que en la práctica aún existe en distintas partes del planeta.

Quienes planifican y ejecutan la marcha de la civilización son un puñado de poderosos, algunos descendientes de antiguos grupos familiares que han acumulado fortunas generación tras generación como los Rockefeller, los Roschild y las dinastías europeas y de Medio Oriente entre otras, pero también han surgido “nuevos ricos” que en algunos casos provienen de familias conectadas con las élites, como el propio Bill Gates que pretende tapar el sol.

El estadounidense Jeff Bezos, dueño de Amazón, tiene una fortuna calculada en 182 mil millones de dólares, pero quien se está destacando es el físico sudafricano  Elon Musk, dueño de la fábrica de automóviles Testla y de numerosos negocios incluidos los de vehículos espaciales, quien pretende que algunos vayan a vivir a marte. Todos estos personajes se consideran dueños, no sólo del mundo, sino también de quienes lo habitamos.

Es verdad que todos somos responsables de la contaminación y la destrucción de especies pero no todos tenemos el mismo grado de responsabilidad, ya sea por exceso de consumo, por la sobre explotación o por el mandato que les ha dado el pueblo a través de las urnas.

En la medida que tomemos conciencia podemos vislumbrar una solución al problema.