“Uruguay no debería estar allí”, dijo Guillermo Chifflet refiriéndose a Haití

 

Por Walter Caimí PACTUM

Haití : Vergüenza ajena.

Sabor amargo hay en mi interior como ser humano. Vergüenza ajena. Tras el escándalo de los militares uruguayos en Haití, viene a mi memoria las palabras de Guillermo Chifflet y me saco el sombrero: las tropas no deben estar allí (por Haití) palabra más, palabra menos, antes de renunciar a su banca como diputado por el Frente Amplio, este digno legislador puso sobre el tapete el papel de las tropas militares en el exterior. ¿Qué significado tenía? Las palabras de Chifflet retumban como bombo: Uruguay no debe estar en Haití.

Son 24 denuncias por abuso y explotación sexual las que tienen en Haití nuestros militares bajo la órbita de las Naciones Unidas. Profesionalmente estuve trabajando en Haití.  Pobre desde todo punto de vista. Y a medida que escribo, tengo presente a nuestros hijos, hijas, madres, hermanas y todo ser humano que con afecto ganó un espacio en mí. Tras estudiar concienzudamente qué son los derechos humanos, e ilustrarme con responsabilidad profesional y estar al tanto de sucesos para aportar el granito de arena para construir una mejor sociedad, no escapa en mi interior una sensación de melancolía y tristeza ajena para concluir que estas fuerzas armadas no me representan. Excepciones hay, por esa razón, dejo asentado que también hay gente de bien.

El ministro del ramo, José Bayardi, tras conocerse el informe, pidió al Sistema Nacional de Apoyo a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz con sigla SINOMAPA, detalles de este asquerosa acto de militares compatriotas que abusaron de mujeres, adolescentes y niños haitianos en plena misión de paz. El caso se dio a conocer en los Estados Unidos a través del diario Washington Post, publicando una investigación realizada por dos académicas de ese país, a saber: Sabina Lee de la Universidad de Birmingham, y Susana Bartels, científica de la Universidad de Queen en Ontario. Ambas profesionales académicas señalaron que los cascos azules en Misión de Paz de la ONU, habrían concebido niños con mujeres y niñas en Haití.

Dos mil quinientas entrevistas realizaron sobre este tema de investigación a personas que convivían por la cercanía física con diferentes militares. De la cifra con anterioridad indicada, arrojó que 265 de estas historias –por así llamarlo-fueron niños que mantuvieron relaciones sexuales con personal de la ONU. La extrema pobreza que allí se vive nadie me la contó, allí estuve hace 4 años atrás. Fui testigo de la hambruna, de cómo viven. El personal militar abusó sexualmente a cambio de algunas dádivas como alimentos o dinero a cambio de sexo.

La información que poseo desde que Uruguay concurre a las misiones de paz, es que el número de efectivos ronda los 45 mil militares repartidos en todo el mundo. La cifra de explotación sexual que involucra a nuestro país es de 36 en distintos puntos del globo terráqueo. En Haití la cifra asciende a 24. SINOMAPA, admitió que el 9 por ciento de los casos están comprobados. Huelgan los comentarios.

11 denuncias hay por paternidad dentro de las 24 realizadas por abuso y explotación sexual; y de esas denuncias, al menos cuatro fueron comprobadas mediante exámenes de ADN.

En dicho contexto, ante el advenimiento de un nuevo gobierno, la pregunta es cómo se enfrentarán estos hechos, pues está claro que el actual Poder Ejecutivo fracasó. Qué tipos de medidas son aplicadas y cómo. Qué línea de investigación se lleva a cabo y qué penas caen en los mandos militares superiores y subordinados….y así un largo collar de preguntas sin respuesta clara.

Pregunto: ¿alcanza con el arresto a rigor. Son desafectados los involucrados. Pasan a la justicia militar y/o civil? No encuentro respuestas con claridad pues hay un manto de silencio en el Ministerio de Defensa. Estamos hablando de hechos de hoy, no del Plan Cóndor, que quede claro. Lo único que se limitó a decir Uruguay ante la ONU, es “que se hacen todos los esfuerzos por asegurar el cumplimiento de los estándares de conducta”. Se debe explicar a la ciudadanía cuáles son esos estándares de conducta, cómo se arribó a esos estándares y quiénes trabajaron en ello. 

Mucho para trabajar. Mucho para educar hacia adentro en las fuerzas armadas. Con este tipo de sucesos aberrantes, la ciudadanía se aleja aún más del uniforme que en forma indigna llevan militares de nuestro país. Y vuelvo a reiterar, tozudamente, no todos los militares son iguales.

A inicios del año 2013 ya había denuncias en contra de militares; gobierno del Frente Amplio. Nada cambió en la interna castrense para revertir tal situación bochornosa desde todo punto de vista. La población desconoce al igual que yo en gran medida, cuáles son los parámetros de ética militar en una Misión de Paz. Y de estos hechos no solo el Poder Ejecutivo de turno es responsable, lo somos todos los ciudadanos que residimos en este país maravilloso. El mismísimo Guido Manini Ríos tiene su cuota parte; sería bueno que explicase las directivas impartidas siendo el uno de las fuerzas armadas, qué aplicó al respecto en materia de educación con las tropas que nos representaron. Quiero dejar por escrito, que éste periodista llamó al futuro ministro de defensa del Partido Nacional, senador Javier García, para enterarle de hechos que vi personalmente que conviví con esa realidad haitiana. García, se limitó a responder con un “gracias”. 

No puedo dejar pasar por alto al hoy fallecido general retirado Víctor Licandro, duro crítico del desempeño de los militares y que su fuerza política ignoró. Tras el paso del tiempo, diferentes sucesos, no han hecho más que darle razón política con sustento humanitario para modificar las mañas –los mal habidos hábitos- de los militares. La Fuerzas Armadas no es cuestión de un solo partido, tiene que ser una cuestión de Estado algo que carece nuestro país. En mi calidad de periodista y educador en derechos humanos, no puedo mirar al costado, por esa razón me puse el servicio del futuro ministro pues otra mirada fuera del ámbito castrense le hace bien a la institución. Mi deber ético es informar y no enchastrar porque sí, sino razonar debidamente en aras de un mejor desempeño. No se trata de menoscabar, se trata de purificar las fuerzas armadas; un pasado reciente aún presente sin resolver que se enloda aún más con este tipo de sucesos que un diario estadounidense publicó desnudando una realidad que es efectivamente cierta. Espero que el futuro ministro de defensa, escuche debidamente y adopte las medidas necesarias para un mejor desempeño de nuestras fuerzas armadas que están en el subsuelo, pues así se le mira desde el exterior.*