La Amazonia y el mundo en llamas

Escribe: Griselda Leal Rovira   

Estamos sufriendo, tal vez, el desastre ecológico mayor de Sudamérica y posiblemente del mundo: en la selva amazónica han habido más de 70 mil  focos ígneos que abarcan territorios de Bolivia, Perú, Paraguay y, en mayor medida, de Brasil que representa los dos tercios de dicho territorio. 

Además de árboles, vegetación y plantas de un valor incalculable, ya que de ellas se extraen medicamentos, han muerto miles de  animales de las más variadas especies y se han reducido a cenizas cientos de aldeas de indígenas que desde siempre han vivido en esos lugares. Hasta ahora no se han reportado víctimas humanas pero dada la magnitud de los incendios y las dificultades de traslado que padecen los habitantes de la zona, ya que  carecen de automóviles y carreteras, no se debe descartar que hayan quedado personas atrapadas en el siniestro.

El drama de la desforestación de la selva amazónica no es nuevo. 

El 22 de diciembre de 1988 fue asesinado Francisco Mendes Filho (Chico Mendes), de 44 años. Sus asesinos eran el terrateniente Darly Alves Da Silva y uno de sus 21 hijos, Darcy Alves Pereira, fueron condenados gracias a la movilización internacional, aunque poco después  escaparon de la prisión pero luego de tres años los recapturaron.

Chico Mendes, de origen humilde, trabajaba como sheringueiro, fundó el sindicato de recolectores del caucho y camioneros, fue presidente de la asociación de trabajadores rurales, impulsó la Alianza de los Pueblos de la Selva y fue activista ambiental luchando contra la desforestación de Amazonas que era su tierra natal, donde nació y donde lo mataron.

Perteneció al Partido Comunista y más tarde al Partido de los Trabajadores (PT), de Luis Inacio Lula Da Silva. Lideró la campaña contra la construcción de la autopista de Acre que hubiera significado la destrucción de miles de hectáreas de selva tropical y se entrevistó con integrantes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del senado de Estados Unidos, consiguiendo que se comprometieran en frenar el emprendimiento. Eso le valió el premio Global 500, medalla por la Preservación del Medio Ambiente otorgado por la ONU.

Poco antes de ser asesinado manifestó: “Al principio pensé que estaba luchando para salvar a los árboles de caucho, luego pensé que estaba luchando para salvar a la selva amazónica. Ahora me doy cuenta que estoy luchando por la humanidad.”

Se hicieron canciones, documentales y películas con su historia y en su homenaje.

Luego de tres semanas de grandes incendios, y como consecuencia de ellos, cuando San Pablo, la ciudad más poblada de Brasil, que se encuentra a miles de kilómetros del foco ígneo, se oscureció a causa del humo hasta parecer de noche a las tres de la tarde, soltaron las alarmas de la tragedia ambiental que se estaba dando.

Si bien es sabido que agosto es el mes más seco en la zona y todos los años hay incendios naturales, también es una realidad que la explotación por parte de los hacendados hace que quemen vastas zonas para la plantación de soja transgénica y pastoreo de ganado para el negocio de la carne.

Pero en este caso, con el nuevo gobierno presidido por el ultraderechista Jair Bolsonaro, que en numerosos ocasiones ha manifestado su intención de explotar la selva para extraerle riquezas como petróleo y minerales, además de colocar industrias que resulten un buen negocio económico para Brasil. También está el tema del agua dulce, codiciada por el mundo entero, con posibilidades de extraerla del subsuelo, aunque hay que tener en cuenta que al carecer de vegetación, la sequía aumenta y las lluvias son menos frecuentes.

Una de las medidas que tomó Bolsonaro ha sido quitar multas y  realizar cambios en el Ministerio de Medio Ambiente, colocando personas de su misma ideología, cosa que ha dado impulso a depredadores como mineros y hacendados para devastar tierras, empezando por realizar quemas, que es la manera de apoderarse fácilmente de territorios, sin importar que se encuentren aldeas, donde habitan cientos de miles de nativos que no tienen otra salida que evacuar, retirándose a otras zonas o periferias de las ciudades, matando su estilo de vida al que estaban habituados y resultándole muy difícil adaptarse al cambio sin caer en la miseria. Esto demuestra también el odio y desprecio hacia esas minorías por parte de los sectores ricos de la población y del propio presidente. 

Otra consecuencia del fuego es la forma como afecta el humo a la respiración de las personas y el deterioro de la salud que puede significar, sobre todo en niños o personas vulnerables.

La selva amazónica libera el 20 % del oxígeno que se aspira en el planeta, por lo que se le ha denominado el “pulmón del mundo”. Noruega y Alemania venían aportando 73 millones de dólares por año a diversas ONG para colaborar con el medio ambiente, pero a causa de las medidas del gobierno decidieron cortar la ayuda. Bolsonaro con un tremendo cinismo responsabiliza a los ecologistas de haber provocado el fuego, en supuesta venganza por el recorte económico. 

En los últimos años han sido muchos los activistas y periodistas asesinados por pretender defender la selva tropical de la que se han perdido alrededor de un millón de kilómetros cuadrados por estas prácticas.

En julio de 1992 se llevó a cabo en Río de Janeiro la Cumbre de la Tierra, a la que concurrieron 117 primeros mandatarios de todo el planeta para discutir y tomar medidas para minimizar el cambio climático y frenar el calentamiento global. En ese evento rescatamos el mensaje del presidente cubano Fidel Castro que entre otros conceptos dijo: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: EL HOMBRE, cuando ya se considera que es tarde para impedirlo. Las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Con sólo el 20 % de la población mundial ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Los bosques desaparecen, los desiertos se expanden y miles de millones de tierras fértiles van a parar al mar. La solución no puede ser impedir el desarrollo de aquellos que más lo necesitan. Si se quiere salvar a la humanidad hay que distribuir mejor las riquezas y las tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujos y despilfarro. Hágase más racional la vida humana.

PÁGUESE LA DEUDA ECOLÓGICA Y NO LA DEUDA EXTERNA. DESAPAREZCA EL HAMBRE Y NO EL HOMBRE.” 

Irónicamente a 27 años de la Eco 92, y pese a los buenos propósitos que tuvo el encuentro, hoy en ese mismo país, Brasil, un presidente inmoral, corrupto, racista y clasista, está poniendo en riesgo a la humanidad entera con sus medidas irracionales. Lamentablemente fue el propio pueblo que lo eligió. La democracia es el mejor sistema que conocemos, pero no habrá justicia hasta que los pueblos no eleven su cultura, no se dejen manipular y sobre todo tengan un sentido crítico y solidario para elegir a quienes nos van a gobernar.