Los orígenes del racismo

 

Escribe: Marcelo Marchese

El racismo cumple una función social que lleva a pensar que tiene una causa social, cuando la explicación del racismo es de origen psíquico o antropológico.

Es muy sencillo ver en la Historia cómo el racismo ha cumplido una función social: alcanza con ver la trata de esclavos africanos o la discriminación de los aborígenes americanos desde la Conquista, para apreciar cómo fue funcional a la expansión del capital. Hoy, sin todos esos films emanados de Hollywood y la obra de todos esos charlatanes, no podría llevarse a cabo la expansión del capital que continúa y continúa saqueando el mundo árabe y destruyendo de forma deliberada su cultura.

Este asunto de la destrucción cultural del mundo árabe es fundamental, pues sin destrucción cultural el capital no puede avanzar para apoderarse de sus riquezas. En el centro neurálgico de la batalla, Palestina, no sólo se arrincona a los palestinos, sino que se persigue en la misma Israel a la cultura árabe que traen los judíos de origen árabe, los mizrajíes, llegando al caso, en el siglo pasado, de arrebatarles hijos para que sean criados por judíos de cultura europea.

El racismo es funcional a los negocios, en suma, y para ser más abarcador en nuestra apreciación diremos que el racismo es funcional al Sistema y por lo tanto, el Sistema lo estimula, pues le conviene la segmentación, le conviene la atomización de la sociedad, prioridad absoluta del Sistema, paso previo para imponer su única realidad, para imponer la cultura única que pretende implantar en el planeta.

Ahora, el Sistema no crea de la nada, el Sistema nace de nosotros y en nosotros anidan las cosas que llevan a estas cosas. Como dijimos, en el racismo, y en la homofobia, se esconde con sus ojitos vivos el miedo. El miedo radica en la pregunta ¿qué somos? ¿qué soy? Una pregunta que el ser humano jamás responderá, pues es la esencia del ser humano hacerse eternamente esa pregunta, desde que eternamente su ser estará determinado por lo que se anime a ser.

Si esa pregunta está hoy, esa pregunta estuvo desde el principio. Si uno atrapa a un buitre y lo pinta de blanco, con certeza los otros buitres lo atacarán hasta matarlo, pues en sus mentes estará en juego el problema de la identidad. La hormiga negra, como se sabe, matará siempre a la hormiga blanca. Aquí acuden a nuestra mente los diferentes malditos que fueron crucificados, encarcelados, torturados y denigrados a lo largo de la Historia, malditos cuyo pecado fue mostrarnos lo que podríamos llegar a hacer, lo que podemos realmente ser.

En esto que somos, este microcosmos que sintetiza al macrocosmos, tenemos en nosotros, con toda evidencia, todas las fuerzas del universo aunque en distinta proporción y uno de los símbolos más hermosos que lo representa es el del yin y el yang, donde vemos que en lo blanco hay un punto negro y en lo negro hay un punto blanco. Hablar de este símbolo nos podría otro artículo, pero para el caso lo importante es entender que en el hombre hay un elemento femenino y en la mujer, un elemento masculino. Una sabia manera de comprender esto lleva a una vida sexual sana, ahora, ver con temor esta realidad o negarla, es causa de sufrimiento. La homofobia, hermana del racismo, es el temor de ver en nosotros lo que vemos afuera y aquí tenemos al miedo operando, y puede llevar a acciones desastrosas mientras erige murallas, ejércitos, inquisiciones, cédulas de identidad y controles insoportables en los aeropuertos.

En esta cosa animal, en esta actitud del buitre y de la hormiga, los hombres debemos sumar algo más, algo que de manera inevitable se entremezcla con esa cosa animal, y es nuestra historia cultural y sobre todo, animal. 

En un tiempo se creyó en una evolución biológica en forma lineal pero ahora, los testimonios que muestran que la cosa fue mucho más enrevesada, rica y compleja, no deja lugar a ninguna duda: no venimos linealmente de un mono y de un homo, somos el resultado de un muy complejo cruzamiento que llevó cuatro millones de años.

Los homo erectus que medían un metro ochenta, y bajo esta denominación tenemos una increíble diversidad de homos, convivieron, entre otros, con los homo neanderthalensis y con los homo florisiensis que medían un metro veinte.

Como quiera que haya sido, esto que somos y que llamamos homo sapiens, es un resultado de toda aquella interacción, sea cultural, sea biológica. Cuesta creerlo, pero alcanza con considerar que un lobo, un perro, que deviene de él, un zorro, un chacal o un coyote, pueden perfectamente mezclarse entre sí y dar una descendencia fértil y de igual manera, podemos nosotros en un árbol crear un injerto de otra planta, cosa que hacemos todo el tiempo para dar frutas abundantes. 

En un libro maravilloso de Herzog llamado “La conquista de lo inútil”, un diario de filmación en el Amazonas, se nos cuenta de un pavo que ha sido degollado y puesto moribundo sobre una tabla, y viene inmediatamente un pato y lo copula. En el principio del libro, una adolescente india da la teta a un cerdito guacho y al final del libro una indiecita adolescente da la teta a un perrito guacho.

Así que, aquellos diversos homos, se hibridaron y rehibridaron hasta llegar a esto que somos. En ese camino, el hombre construyó una cultura que en rigor significa encausar nuestro animal, fijarle limitaciones para conducirlo. Una de estas limitaciones, bien evidente, lleva a la creación de la familia y a un intento, nunca del todo exitoso, de aplicar la monogamia pues la especie concluyó que ese era el camino más favorable para crecer y multiplicarse. Esta monogamia, esta instauración contraria al macho alfa y sus privilegios, fue la primera revolución de la humanidad y unida a la creación del lenguaje, marca el inicio de la humanidad.

Toda nuestra historia será una lucha para llegar a un equilibrio entre nuestro instinto y nuestra razón y de ahí vendrán las religiones, el derecho, el arte. Nos pensamos como animales y en ese pensar que surge de nuestro ser animal, pues el pensamiento es una función animal, intervienen instintos que algún vínculo guardan con el instinto del buitre y de la hormiga.

El hombre construyó la lengua, lo que significó una inaudita creación de un mundo paralelo por parte de la naturaleza, y luego dominó el fuego y fue transformando la naturaleza para hacer lo que vemos ahora, y la fuerza que impulsa ese proceso es el temor a comportarse como el resto de los animales. El hombre de inmediato pensó que ciertas cosas no debía hacer. Esa lucha interior que dio origen a nuestra cultura y que fue resultado de la lengua y el parricidio, deviene de un acto violento, animal, resultado de una larga elaboración mediante palabras. Ahora, eso animal hay que conducirlo y por lo tanto, se trata de interpretar lo que se lleva dentro. 

Como todos sabemos, la primera vez que fabricamos una cosa la hacemos mal y el hombre, el primer encuentro de la materia con ese instinto que ahora también piensa, al grado de crear nuevas realidades mediante palabras, hizo lo que puedo y ese mirar adentro para ver o no ver al animal, lleva a temer el animal que ve afuera. 

El hombre para construirse hombre, no se miró como diferente al lobo, sino que se miró como diferente a otros homos que en realidad lo fueron haciendo. Ese es uno de los dilemas de la humanidad, un pasado que se le hace contemporáneo.

Así que tenemos a todos aquellos homos diferentes, que formaban sus tribus y que entre ellos comerciaban y también se atacaban y había algunos, de seguro más fuertes que otros por inteligentes, que necesariamente la especie los fue seleccionando por simple y profundo atractivo sexual, una selección de los genes de los homos más fuertes, y entonces, a la hora de la cópula, se rechazaban ciertos atributos físicos asociados a algo bajo y se favorecía otros que se creía superiores. 

Tenemos también que esas tribus tenían sus culturas elaboradas que miraban a su manera las culturas de los otros homos, y tejían esa cultura, su interpretación de las cosas también en función de la existencia de los otros homos y de esta manera nos viene el temor a causa del espejo que nos muestra algo que tenemos dentro.

¿Qué tenemos dentro que nos asusta? Esa pregunta sólo se resuelve haciendo, pues la pregunta sobre nuestro ser no tiene respuesta y está anudada a lo que nos animemos a ser. Allá lejos está el buitre y la hormiga, pero no sabemos qué se encuentra más adelante. El hombre desconoce por qué hace lo que hace y está ciego incluso a la operación mágica que realiza, cada vez que pone una llave en una cerradura.

El tema es harto interesante. También podríamos preguntarnos el por qué del racismo y la respuesta también será el miedo. Por supuesto, puede venir un vejiga y hablarnos de los musulmanes atrasados, y hacer millones de films donde nos los muestran como fanáticos idiotas y si luego vemos a un musulmán, veremos a un fanático idiota, pero esos films no tendrían llegada si no hubiera una base psíquica por lo que, empardar los factores es una bobada mental, es no entender nada, es suponer que pesa lo mismo un elefante o un mosquito, en suma, equivale a ser, en economía, un liberal, es decir, un banana.
El racismo viene del miedo a verse en el otro, viene del espejo. El racismo con el negro viene del miedo a nuestro ser animal, por ejemplo, idea que espantará a los bienpensantes que nunca pensaron. Como tememos nuestro ser animal, tememos al negro, ídem con la homosexualidad. Todos esos grupitos que le dan una paliza a un homosexual que está sólo, son putos reprimidos, o mejor dicho, gente que tiene pánico, que no ha entendido el dibujito del yin y el yang, donde el blanco tiene un puntito negro y al revés.
¿De dónde viene ese miedo? Ese es el tema. Una respuesta es la siguiente: hay que imaginar miles de años en que los homos andaban por ahí mezclándose con otros homos, es decir, los neanderthales con los erectus y demás. Había varios en la vuelta, que compartían los mismos lugares, que comerciaban entre ellos, pero también guerreaban, y obviamente, se afanaban unos a otros las hembras. No es la única respuesta, pero hay que considerarla, y ya que estoy, digo que las hembras buscaban el macho más fuerte, pues eso aseguraba una descendencia más fuerte, y en fuerte juega también el factor “inteligencia”. Ciertos rasgos corporales, supongamos, ese hueso en la ceja demasiado prominente, iba asociado a menos inteligencia.
Apostaría cualquier cosa a que si siguiera en esta línea de razonamiento, en poco tiempo saltaría una manada de bestias horrorizadas con lo que digo.