Escribe: Griselda Leal
Irán es un país muy grande, cuenta con aproximadamente 81 millones y medio de habitantes, su forma de gobierno es una República Teocrática, su idioma es el persa y la capital es Teherán. Está ubicado en una zona caliente de Medio Oriente donde se han creado y se siguen creando, guerras y conflictos por diversos motivos: religiosos, étnicos y, sobre todo por la posesión de los pozos petroleros y el gas.
Hace ya 40 años se llevó a cabo la revolución Islámica en Irán. El 11 de febrero de 1979 fue derrocado el Sha de Persia, Reza Pahlavi, que gobernaba el país con el apoyo de Estados Unidos e Israel.
Hoy nos encontramos en un conflicto con similares características, pero en sentido contrario.
Desde occidente se cuestiona su cultura, especialmente por el trato discriminatorio que se da a las mujeres, aunque poco a poco esta situación va cambiando.
Luego de la revolución, Irán se independizó política, científica y militarmente, conducido por el Ayatolá Jomeini.
Dejó de depender de las armas de los Estados Unidos y llegó a producir el 90% de sus armas convencionales, misiles y sistemas navales.
Irán se ha puesto en la vanguardia científica del Oriente Medio: antes importaba el 70% de las medicinas pero ahora produce el 80%, y además exporta a otros países, ocupa el quinto lugar en el mundo en nano tecnología y ha logrado enviar un ser vivo al espacio, avanzando considerablemente en la ingeniería nuclear.
En este conflicto hay dos bandos, por un lado Estados Unidos con sus aliados, Israel, el reino de Arabia Saudita y Emiratos Árabes y por el otro, Irán que cuenta con el apoyo de Rusia y otros países árabes, incluidos Irak y Siria a los que apoyó en su guerra contra los ataques terroristas.
Europa se encuentra en una posición nada cómoda, porque si bien tradicionalmente ha sido aliada de Estados Unidos, actualmente mantiene intercambio comercial con Irak, especialmente con respecto al suministro de gas.
Dos colaboradores del Presidente Donald Trump, el consejero de Seguridad Nacional John Bolton y el abogado y ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani hace un año prometieron que la República de Irán no llegaría a cumplir 40 años desde la revolución, pero esa fecha ya se cumplió por lo que existe desesperación por invadir el país islámico. Sin embargo hay opiniones divergentes respecto a esa salida considerada inconveniente por muchos, incluidos congresistas demócratas y republicanos, dado que la economía de Estados Unidos no está en las mejores condiciones como para enfrentar los gastos que significarían una guerra, a la que habría que agregarle los conflictos con Venezuela, Siria, Corea del Norte y China.
Por otro lado, el presidente de Israel, Benjamín Netaniahu, si bien es enemigo declarado de Irán y principal impulsor del conflicto, teme que una guerra armada termine perjudicándolo, ya que el enemigo y sus aliados tienen gran armamento bélico, incluido misiles de largo alcance que podrían llegar a su territorio.
No obstante el presidente Trump presiona para atacar Irán. En las últimas semanas ha enviado a la zona del Golfo Pérsico al portaviones Abraham Lincoln y dos destructores equipados con misiles, aunque muchos lo catalogan como elemento de una guerra sicológica.
Por su parte Irán amenaza con cerrar el estrecho de Ormúz, ubicado entre los golfos Pérsicos y de Omán, por donde transitan los barcos cargados de petróleo y la suspensión del pacto nuclear por parte del país asiático, del que Estados Unidos se retiró hace un año, contra la opinión de muchos países de la Organización de Naciones Unidas.
Algunos analistas temen que Estado Unidos lleve a cabo un atentado de bandera falsa, o sea atribuible a los iraníes, para dar pretexto de iniciar el conflicto, aunque esta sería una jugada muy peligrosa a la que el adversario tendría que estar muy atento.
Lamentablemente a nivel mundial se están dando focos de violencia extrema que para nada tienen en cuenta el factor humano ya que sólo los mueve el poder y el afán de lucro.