Lula: Soy una idea.

JAMÁS PODRÁN APRISIONAR NUESTROS SUEÑOS

Proscripción y prisión política en el Golpe brasileño bajo amenaza militar

Luis Vignolo

"Los poderosos pueden matar una, dos o tres rosas, pero jamás podrán detener la llegada de la primavera" dijo Lula al final de su último discurso frente a la multitud enfervorizada que lo rodeaba, antes de entregarse a las fuerzas policiales del actual régimen. Contó que esa frase se la escuchó a una niña pequeña cuyo nombre desconoce, en 1972, durante la pasada dictadura militar. Parece una versión de las palabras atribuidas a veces a Pablo Neruda, a veces a otros: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.” En cualquier caso expresa a la perfección la máxima esperanza colectiva en medio de la mayor adversidad.

La restauración oligárquica e imperial avanza en América Latina con la progresiva proscripción y el infame encarcelamiento de Lula en Brasil, bajo amenaza militar. El atropello contra el ex presidente y candidato favorito para las próximas elecciones brasileñas, constituye la segunda fase del Golpe de Estado que comenzó con la destitución de la presidenta constitucional Dilma Rousseff en el 2016. El núcleo del proyecto de integración sudamericana autónoma está siendo así desarticulado.

La nueva etapa golpista comenzó en la madrugada del 5 de abril cuando el Supremo Tribunal Federal de Brasil dio un paso decisivo hacia la proscripción y encarcelamiento de Lula, al negar su recurso de habeas corpus tras una votación muy dividida: 6 a 5. El fallo tuvo lugar en medio de un clima político muy enrarecido por varias amenazas de intervención militar si no se encarcelaba al ex presidente y candidato preferido en todas las encuestas para las próximas elecciones.

RUIDO DE SABLES

El general de la reserva del Ejército, Luiz Gonzaga Schroeder Lessa, antes del pronunciamiento del STF, amenazó abiertamente con una acción militar si Lula no iba preso. Schroeder Lessa dijo que en ese caso “no tengo duda de que sólo queda el recurso a la reacción armada. Ahí es deber de las Fuerzas Armadas restaurar el orden”. Antes había expresado que habrá “derramamiento de sangre” y la crisis “va a resolverse a bala”.

En la víspera del juicio el Comandante del Ejército brasileño, General Villas Bôas, declaró en Twitter su “repudio a la impunidad”, expresión que fue interpretada como una inequívoca presión a los jueces integrantes del STF para condenar a Lula. Nunca antes los generales evidenciaron ninguna preocupación por la impunidad de los violadores de derechos humanos y corruptos del régimen durante la dictadura que se inició en 1964.

A continuación otros generales se manifestaron en el mismo sentido. Por ejemplo el general Paulo Chagas respondió a Villas Bôas “Tengo la espada al lado, la silla equipada, el caballo preparado y aguardo sus órdenes!!", en clara expresión de disposición a la intervención militar.

Esas amenazas ocurrieron en un contexto político de creciente protagonismo militar. El usurpador Temer decretó, hace dos meses, la militarización de Río de Janeiro con el pretexto de la “lucha contra el narcotráfico”. Dejó así en manos militares buena parte del gobierno del Estado, con un esquema de securitización de la política que amenaza la supervivencia misma de la democracia. Los responsables de ese operativo anunciaron que no admitirán en el futuro juicios por violaciones a los derechos humanos, como no lo hicieron en el pasado.

Anteriormente durante la destitución de Dilma Rousseff hubo versiones de guiños militares al impeachment, pero sobre todo en ocasión de la votación en el Congreso, el militar, diputado de ultra derecha y candidato presidencial Jair Bolsonaro dedicó su voto contra Dilma al torturador de la pasada dictadura, coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, condenado por secuestro y tortura. El hijo de Bolsonaro, también diputado, imitó a una ametralladora mientras votaba en el mismo sentido.

Por si fuera poco, semanas atrás, la vereadora -edil decimos en Uruguay- y activista opositora Marielle Franco fue asesinada a balazos, en un crimen político que permanece impune. Posteriormente fue encontrado muerto Alexandre Pereira María, testigo del asesinato de Marielle.

 

Recientemente la caravana de Lula fue baleada y apredreada, en grave agresión que dejó heridos, sin que tampoco se haya castigado a los responsables.

Mientras tanto los medios de comunicación/desinformación masivos liderados por la red Globo prosiguen día a día, hora a hora, minuto a minuto con el linchamiento mediático de Lula, impulsando la judicialización de la política como antes lo hicieron contra Dilma.

LUCHA GEOPOLÍTICA

El gobierno de Estados Unidos no ha sido ajeno a la crisis brasileña. Se conocieron datos precisos a través de Snowden en el 2013 y luego mediante Wikileaks sobre el espionaje político y económico que las agencias de seguridad norteamericanas realizaron sobre el gobierno de Brasil y empresas estratégicas como Petrobras. Domina la convicción de que parte de esos datos fueron brindados a la oposición para alimentar las campañas desestabilizadoras contra los gobiernos del PT.

Lo más importante, sin embargo, es que mediante el Golpe se logró frenar el proyecto de Lula y Dilma para crear una empresa aeroespacial conjunta con Rusia. De ese modo quedó trunca la política de Defensa autónoma respecto del poder norteamericano que el PT impulsó. Ahora la empresa brasileña Embraer, no casualmente, está en negociaciones para fusionarse con la estadounidense Boeing y así quedar incorporada plenamente al complejo militar-industral norteamericano.

A la vez se ha frenado la construcción de un submarino nuclear que, no por azar, estaba a cargo de la empresa Odebrecht.

Por si fuera poco Estados Unidos está negociando con Temer el uso de la base militar espacial de Alcántara.

Previamente Brasil y Estados Unidos firmaron un acuerdo de defensa marco que será la base para nuevos acuerdos militares con la potencia dominante.

Más genéricamente el gobierno golpista ha realineado su política exterior hacia Estados Unidos y sus aliados, abandonando progresivamente la orientación autónoma en apoyo a UNASUR, CELAC y los BRICS.

Todo ello ocurre mientras se afirman las políticas económicas y sociales regresivas: el congelamiento por ley de la inversión pública durante 20 años; la ley de flexibilización laboral que arrasa con los derechos de los trabajadores y tiende a instaurar un régimen de esclavitud consentida; el gigantesco plan de privatizaciones (aeropuertos, Electrobras, Petrobras, el Presal, las reservas naturales de la Amazonia) que consumará el saqueo máximo de la riqueza brasileña; y un sistema impositivo regresivo que no grave al capital.

DE JANGO A LULA, GOLPE A GOLPE

Aunque mucho se ha escrito sobre las nuevas modalidades de Golpes (en tiempos de guerras híbridas o de cuarta generación, securitización, lawfare e inteligencia artificial al servicio del espionaje masivo) también es verdad que mucho de lo supuestamente nuevo es muy viejo y repetido, a pesar de los nuevos ropajes.

En 1964 como en 2018 protagonizaron el Golpe tanto el Congreso, como miembros del Tribunal Supremo Federal, los medios de comunicación liderados por la red Globo, los militares y el gobierno de Estados Unidos. También entonces como ahora se usaba el pretexto de falsas denuncias de corrupción para tumbar presidentes constitucionales y proscribir líderes populares.

Apenas 3 días antes del fallo del STF contrario al habeas corpus solicitado por Lula, en la madrugada del 2 de abril, se habían cumplido 54 años de la destitución del presidente constitucional João “Jango” Goulart por el Congreso, en aval parlamentario al Golpe iniciado por los militares el 31 de marzo de 1964.

Ese mismo día del ´64 el presidente del Supremo Tribunal Federal de entonces, Alvaro Moutinho Ribeiro da Costa, presenció y avaló la asunción parlamentaria del sucesor golpista de Jango, Ranieri Mazzilli.

Al día siguiente el mismo juez Ribeiro da Costa declaró en defensa del atropello militar: “El desafío hecho a la democracia fue respondido vigorosamente. Su recuperación se tornó legítima a través del movimiento realizado por las Fuerzas Armadas, ya estando restablecido el poder del gobierno por la forma constitucional”.

Pocos días después, el 17 de abril del `64, Ribeiro da Costa recibió en el mismísimo Tribunal Supremo Federal al dictador militar Castello Branco.

Tan vergonzoso e indefendible resultó a largo plazo el derrocamiento de Jango que en el 2013 el Congreso brasileño anuló la destitución de Goulart, con 49 años de retraso, en una ceremonia presidida por Dilma. Sin embargo apenas tres años después los congresistas reincidieron destituyendo a la presidenta constitucional Dilma Rousseff.

También en el 2013 la red Globo reconoció que su apoyo al Golpe del 64 y la dictadura subsiguiente fue “un error”. Sin embargo el mismo medio ya estaba en campaña contra Lula y Dilma. Llegó al extremo de atribuirles falsamente haber cobrado una coima de 150 millones de dólares, para luego reconocer que se trató de un error informativo, simplemente “un dato impreciso”… ¿Quién se enteró de la rectificación?

Décadas después del derrocamiento de Goulart se conocieron documentos norteamericanos sobre el apoyo del gobierno de Lyndon Johnson al Golpe del ´64. ¿Cuándo se conocerán todos los relativos a 2016 y 2018?

Tarde o temprano la destitución de Dilma será anulada como lo fue la de Jango. Tarde o temprano las acusaciones contra Lula serán reconocidas como pretextos golpistas iguales a los usados contra Goulart y otros grandes líderes brasileños y latinoamericanos del pasado y del presente.  Las leyendas negras contra Artigas o Bolívar no fueron excepciones.

En medio de la falta de conciencia histórica dominante –en la civilización de la desmemoria- nos hace falta un nuevo Vivian Trías que escriba la secuencia completa de revoluciones y contrarrevoluciones en América Latina, desde la Colonia hasta nuestros días. 

 

EL PROFETA DESARMADO                                                                                   

La entrega de Lula a la policía -el inicio de su condición de preso político- estuvo precedida de un acto masivo durante el que anunció su decisión. Su memorable discurso siguió a una misa en homenaje a su esposa, convertida en ceremonia ecuménica. Durante la celebración, identificada con la mejor teología latinoamericana y popular, la multitud coreaba reiteradamente "resistencia, resistencia, no se entrega, no se entrega". Había una expectativa de resistir eventualmente hasta el martirio. Sin embargo Lula con su anuncio emergió como una especie de nuevo Mahatma Gandhi brasileño y latinoamericano. ¿Este Mahatma Lula, el profeta desarmado, erró en su decisión de entregarse –confiado en seguir entregando así su vida a la causa del pueblo brasileño- o nos está enseñando un camino no menos revolucionario? Sólo el tiempo dilucidará la interrogante. Mientras tanto Lula con sus palabras y su decisión nos transfirió la responsabilidad por el presente y el futuro a nosotros, a cada uno, a cada brasileño, a cada latinoamericano. De nosotros depende que el invierno se prolongue o anticipadamente florezca nuestra Primavera.