Los efectos colaterales y residuales de la Cumbre G20 muestran la vigencia del imperialismo como realidad permanente y no transitoria*

Los  efectos colaterales y residuales de la Cumbre G20 muestran la vigencia del imperialismo como realidad permanente y no transitoria*

Por :  Andrea Di Genaro

 

Como ha sido anunciado y difundido a través de los medios de comunicación, Argentina será el país anfitrión de la Cumbre G20 que se llevará a cabo en Buenos Aires, los días 30 de noviembre y 1° de diciembre próximos. El encuentro, en el que participarán las principales potencias mundiales, ha motivado manifestaciones de apoyo y de rechazo en el concierto político internacional. Órganos de prensa, aunque no ha sido posible confirmarlo, señalan que el presidente argentino Mauricio Macri habría pedido al mandatario uruguayo Tabaré Vázquez, la instalación de una base de operaciones en territorio charrúa, en apoyo a la Cumbre.

Días atrás, el Poder Ejecutivo de nuestro país remitió al Parlamento un proyecto de ley informando que la Oficina de Cooperación de Defensa de la Embajada de Estados Unidos había solicitado autorización para el ingreso a territorio uruguayo de  cuatrocientos efectivos norteamericanos, incluidos civiles y militares, más ocho aeronaves entre las cuales se cuentan tres poderosos Awacs de guerra, cuyos radares a gran altura, permiten a los operadores distinguir entre aeronaves amigas u hostiles con sistema de alerta temprana y control aerotransportado.   

Según el ministro de Defensa Nacional, doctor Jorge Menéndez, el motivo de la petición es brindar apoyo logístico y seguridad a la delegación encabezada por el presidente Donald Trump. En su mensaje, el Poder Ejecutivo solicita la aprobación de la Asamblea General a fin de permitir el ingreso de personal y material bélico de Estados Unidos. El proyecto, en su artículo 2°, extiende la autorización a los otros países participantes, para establecerse en Uruguay en el período comprendido entre el 26 de noviembre y 3 de diciembre, en la medida que lo planteen en los mismos plazos autorizados para los Estados Unidos.

El proyecto del Poder Ejecutivo causó polémica y no menos sorpresa en sectores del Frente Amplio que no comparten la idea de permitir el ingreso de tropas estadounidenses. Asimismo, generó el rechazo del secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala. El senador del Partido Nacional, doctor Javier García, en tanto, consideró que la autorización a otros países que soliciten el ingreso “es un cheque en blanco para que el Ejecutivo autorice por sí y ante sí, el ingreso de tropas”.

Por su parte, el ministro de Defensa Nacional defendió el proyecto al señalar que la colaboración de Uruguay se ajusta a lo establecido en convenios suscritos con países amigos, a la vigencia de tratados de cooperación internacional y a un acuerdo binacional celebrado con Argentina, pero no especificó a cuáles se refería. Expresó que se destinará un espacio físico en el aeropuerto de Carrasco, determinado por la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica y el prestador de servicios de la terminal aeroportuaria para las aeronaves. Precisó que el personal que ingrese en la operación deberá pasar por los controles establecidos para el arribo a nuestro país a través de Aduanas y Migraciones.

El exministro de Defensa, José Bayardi, indicó que “la solicitud parte de la saturación de la logística para hacer estacionamiento de aeronaves en Argentina” y subrayó: “acá no hay ninguna cuestión en materia de soberanía”.

No ha habido información alguna acerca de pago por el uso de esos servicios y qué monto  tendrán. Algunos funcionarios consultados de manera extraoficial no dieron respuestas concluyentes y hablaron de cortesías y costumbres hospitalarias.

A propósito de esta situación y para contribuir a una reflexión sobre el complejo tema, es de recibo transcribir algunos pasajes del extenso informe que en marzo de 2007 el general Víctor Licandro elevó a la Mesa Política del Frente Amplio, con motivo de la visita oficial del presidente George W. Bush :

“Durante unas treinta y seis horas estuvimos, y el País todo lo estuvo, en el ojo de la tormenta. Antes y después seguimos siendo un objetivo estratégico para los enemigos de EE.UU. de América (...) Es también la contracara resultante para cualquier país que sostenga una amistad militar estrecha para con el Imperio, puesto que éste, está combatiendo en todo el mundo y su campo de batalla es mundial, incluyendo su propio territorio metropolitano”.

Agregaba, Licandro: “El Presidente Bush hizo su maniobra especial, con su Puesto de Comando Móvil, y sus asesores habrán podido sacar sus conclusiones si la base militar que tienen en el Uruguay está en perfecto funcionamiento o si deben hacer algún ajuste: sea en la coordinación previa de trámites burocráticos de rigor, o para preparar pistas, asegurar limpieza del espacio aéreo, disponer la colaboración de hombres y medios nativos (militares y civiles). Mucho de ello fue visible para el común de la población porque sintieron en su propia vida el impacto del operativo. Como graficó el gerente del hotel en que pernoctó el Presidente Bush: “La Casa Blanca se instaló en el hotel”, dijo. También habrán podido comprobar el funcionamiento del relevo efectuado entre la base militar que funcionó en Brasil y la que esperaba en el nuevo salto dado hacia Colombia y siguientes países: Guatemala y México”.

“Lo que preocupa en “defensa nacional” y “empleo de las FF.AA.”, sigue siendo cómo participar en la compleja trama de la “seguridad hemisférica”, “mantenimiento de la paz en el mundo”, y, aún más concreto el cómo tener mayor participación militar (y también policial y aún civil) en la ejecución de la política exterior de la República. Como las contradicciones están a la orden del día, en tanto funcionarios uruguayos se reunían con sus colegas argentinos para ajustar UNITAS, acá se denunciaba la intención de Argentina de prepararse para un despliegue militar sobre la frontera con Uruguay. Parece que se mantiene la ya señalada dualidad entre la reconocida diplomacia y la diplomacia militar paralela”. Finaliza diciendo nuestro general Licandro.

Una fuerza política que alberga importantes y decisorios porcentajes de organizaciones manifiestamente antimperialistas, puede, durante algún tiempo, evitar las declaraciones oficiales  acerca del imperialismo, pero no es prudente que algunos de sus integrantes desafíen al resto  jugando a la mosqueta  con la realidad.