DESIGUALDAD

 

Griselda Leal Rovira

Desde siempre se ha impuesto el concepto de que la desigualdad económica es algo natural, por supuesto quienes la impusieron poco a poco y a través de los años, fueron los que ostentaron el poder, reyes y emperadores y luego políticos del sistema. Pero, ¿es normal que sea así?

Evidentemente que no debería ser lógico que haya un desequilibrio en la distribución de la riqueza del planeta, pero hoy por hoy hemos llegado a un límite que resulta insostenible y cruel la acumulación de riquezas en pocas manos, en detrimento de la inmensa mayoría de la población mundial.

El economista norteamericano Richard Wolf ha vertido algunas reflexiones al respecto de las cuales he extraído algunos conceptos.

La desigualdad no debería ser normal

El capital se apropia del trabajo mientras los trabajadores dejan horas, esfuerzo y conocimiento en prácticamente toda una vida para poder cubrir sus necesidades básicas. Por su parte, los que especulan con el dinero aumentan sus ganancias -en definitiva, la ruleta. Manejar un ordenador sentado cómodamente en su escritorio, resulta mejor negocio que el trabajo…, trabajar produciendo bienes es de tontos o esclavos.

La política está al servicio del capital, a las leyes las hacen los políticos elegidos por el pueblo a través de la DEMOCRACIA, pero ésta puede ser manipulada con el servicio del capital, pasando a ser una PLUTOCRACIA, y poco a poco de hecho tiende a desaparecer como tal.

Los trabajadores están demasiado divididos y ocupados, mientras los que ostentan el poder se dedican a manipular.

El mercado premia a la avaricia

Se fomenta la LIBERTAD INDIVIDUAL, que es una manera de dividir, competir y enfrentar a los trabajadores.

El capitalismo naturaliza la INDIFERENCIA, la empatía es vista como DEBILIDAD.

Se ha impuesto el concepto de culpar al pobre por ser pobre y al desempleado por su falta de trabajo, calificándolo como haragán.

Cada tanto tiempo hay una crisis mundial y no es casualidad, son crisis planificadas de las que se benefician los más ricos y poderosos y se perjudica la mayoría de los habitantes del planeta o de ciertas regiones.

El plan es transformar todo en mercancía, hasta la salud, el alimento y el agua, elementos básicos para la supervivencia humana.

Un grupo fundamental para llevar a cabo estos planes es el de los JUDÍOS SIONISTAS, que no debemos calificar de la misma forma a personas pertenecientes a familias, religión o cultura judía. También hay SIONISTAS que no son judíos, pero que adhieren a la misma filosofía que no es religión sino que se parece más a la avaricia descontrolada y el ansia de poder.

Estas personas han acumulado enormes fortunas, son dueños de multinacionales, medios de comunicación, tecnología y hoy por hoy significan un peligro para el mundo, por lo menos en principio para Occidente. No sólo están perpetrando el peor genocidio en lo que va del siglo XXI en Gaza, sino que van por más porque según su criterio y lo que les mandata ¨SU Dios¨, están destinados a gobernar el mundo, considerando a los demás, no sólo a los gazatíes, como seres inferiores, casi como animales o sirvientes a su servicio, así les señaló la Torá al indicarles que fueran a la tierra prometida.

Para quienes no creemos, nos suena a SUPERSTICIÓN, pero una SUPERSTICIÓN sumamente peligrosa, y que pretende cambiarnos el concepto que hemos tenido de la civilización a través de los siglos.

Y no pensemos que en nuestro país, Uruguay, estamos a salvo, y no pensemos a largo plazo, lo tenemos en nuestro barrio, la Argentina es una bomba de tiempo, ya se habla hasta de privatizar el agua, y nuestro gobierno está dando muestras de no ser firme al enfrentarse a tal flagelo; da la impresión de que acá sobrevuela una especie de temor.

Richard Wolf señala que el capitalismo no es el único camino, que el lugar de trabajo no debe ser un ámbito de tortura donde reine el miedo a ser sancionado o despedido.

Las cooperativas deberían difundirse.

Es evidente que el cambio no va a venir desde arriba, aunque con dolor ha de venir desde el pueblo organizado.