Doctor Insólito contra Venezuela

Almagro habla de intervención militar

Escribe Luis Vignolo

No. No se confunda. No es otra película de Stanley Kubrick. ¡Es Almagro!

El caricaturesco Encargado del Ministerio de Colonias dijo: "en cuanto a la intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro, no debemos descartar ninguna opción".

La grotesca y antidiplomática declaración, violatoria de los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos, no fue una ocurrencia extravagante del estrafalario personaje, sino la exacta continuidad de los dichos contra Venezuela proferidos por las máximas autoridades de Estados Unidos.

Es necesario recordarlo para no ser anonadados por la cultura de la desmemoria, la desinformación dominante y el alzheimer colectivo.

El presidente norteamericano, Donald Trump, hace poco más de un año, en agosto de 2017, dijo, como repite ahora Almagro, que no descarta una opción militar en Venezuela. Afirmó textualmente: Tenemos muchas opciones respecto a Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesaria”. Agregó: “una operación militar, una opción militar es seguro algo que podríamos explorar. “Tenemos tropas desplegadas por todo el mundo en lugares que están muy lejos. Venezuela no está muy lejos…” sentenció Trump.

Dos años antes su predecesor, el presidente Obama, realizó una declaración de emergencia nacional respecto de Venezuela. Su carta al Congreso decía: “…he emitido una Orden Ejecutiva declarando una emergencia nacional con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos representada por la situación en Venezuela.”

Cabe recordar que Trump ha prorrogado ese decreto contra Venezuela hasta el presente.

Este tipo de disposiciones del gobierno estadounidense contra otros países suelen preceder a acciones de intervención militar. Por ejemplo Obama declaró en 2010 que las políticas de Siria “suponen una amenaza importante y muy poco común contra la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos”. Palabras casi idénticas a las de la orden contra Venezuela.

 

Poco después del decreto de Obama, en octubre del 2015, el general John Kelly, por entonces jefe del Comando Sur, en respuesta a una pregunta sobre una posible intervención militar en Venezuela declaró que "cualquier organización militar, si intentáramos planear algo… la cosa que me mantiene despierto en la noche respecto a Venezuela es si hay una crisis humanitaria importante... podríamos reaccionar a eso... y lo haríamos a través de las organizaciones como la ONU o la OEA".

Se trata del mismo general Kelly que Trump designo posteriormente, en 2017, como su actual Jefe de Gabinete de la Casa Blanca.

La excusa humanitaria es una de las más usadas actualmente por el poder imperial para pretender justificar las invasiones a otros países. En particular el “argumento” humanitario ha sido el más exitoso para Estados Unidos en América Latina. Con él encubrió la invasión norteamericana a Haití y el Golpe de Estado contra Aristide, con apoyo francés, en el año 2004. Este modelo de intervención imperial “humanitaria” fue tan exitoso que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, incluidos los progresistas, lo convalidaron e incluso participaron a posteriori durante años con tropas en misiones supuestamente de “paz”.

También aliados incondicionales del gobierno estadounidense se han manifestado explícitamente en el mismo sentido intervencionista.

Tres años antes el ex presidente de Colombia  Álvaro Uribe, en agosto de 2012, reconoció públicamente que pensó realizar una intervención militar en Venezuela. Dijo en la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula) en Medellín que la consideró entre sus opciones:“que tal si yo me hubiera quedado callado. La otra opción era un operativo militar en Venezuela. Me faltó tiempo".

Es necesario recordar que el mismo Uribe, mientras ocupó la presidencia de su país, en marzo del 2008, perpetró una operación militar colombiana en territorio de Ecuador. Acción que estuvo a punto de desencadenar una guerra trinacional en América del Sur, evitada por la eficaz diplomacia de la UNASUR, hoy denostada y semidesmantelada por los gobiernos de la restauración conservadora.

La lista de las amenazas militares contra Venezuela es demasiado larga. No tenemos espacio para recordarlas todas. Así que volvamos a algunas de las más recientes, posteriores al exabrupto de Almagro lanzado desde Colombia frente a la frontera con Venezuela.

El ex vicepresidente colombiano durante el gobierno de Uribe y actual embajador de ese país en Washington, Francisco Santos Calderón, (reiteradamente señalado por vínculos con los paramilitares) en su primer acto diplomático en la potencia hegemónica, retomó el tema de la intervención militar y aseguró que "Necesitamos un compromiso inmediato y colectivo. Ha habido voces que han apostado por una operación militar unilateral, pero pensamos que tiene que haber una respuesta colectiva a esta crisis. Pensamos y, déjeme ser muy claro en esto, que todas las opciones deben ser consideradas".

A continuación, en explícito respaldo al secretario general de la OEA, agregó: "Es muy ingenuo pensar hoy que la solución ocurrirá sin un cambio de régimen. Déjenme ser muy claro, esa es la razón por la que Colombia comparte la visión del secretario general Almagro". Semejantes afirmaciones las hizo el embajador Santos apenas tres días después de que Almagro hablara de intervención militar en Venezuela.

Al mismo tiempo el senador republicano Marco Rubio propuso que Estados Unidos incremente la cooperación militar con Colombia previniendo un eventual choque con la República Bolivariana. Rubio reclama "ayudar a reforzar las capacidades defensivas de Colombia en caso de conflicto” ante la  "grave amenaza a la seguridad y estabilidad regional" en alusión a Venezuela. Aunque, por si fuera poco, incluyó también a Nicaragua y Bolivia entre los desafíos para la seguridad. A la vez advirtió contra las “actividades antiamericanas” de Rusia y China en la región.

Existe además una inminente circunstancia política que puede propiciar eventos bélicos. El mes de octubre es el previo a las elecciones de medio término en Estados Unidos. Comicios importantes porque pueden conducir en este caso a un retroceso de los republicanos y a un mayor control de los demócratas en el Congreso. En consecuencia para alentar a sus electores a votar, Trump puede verse tentado a mostrarse triunfante realizando alguna operación militar en octubre, aunque sea de carácter limitado, quizás en Siria o en Venezuela.  

Recientemente, en ocasión de su visita a Naciones Unidas, Trump habló de un “golpe militar contra Maduro”.

La agresión a la República Bolivariana podría desencadenarse a partir de la acción de paramilitares colombianos en zonas fronterizas venezolanas, provocación acompañada luego por una intervención multilateral bajo la excusa de la “ayuda humanitaria”.

En estos tiempos de redivisión imperial mundial y balance de poder, todos deberían ser conscientes de que una Siria sudamericana en Venezuela sería una catástrofe continental, no menos horrible que la del Medio Oriente.

Es imprescindible preservar a América Latina y el Caribe como zona de paz, en vez de hundirse en las “relaciones carnales” con la Nueva Roma del Norte.

Como siempre repetimos la paz o la guerra en Venezuela serán la paz o la guerra de toda América Latina.