CHILE: A 45 años del golpe del 11 de setiembre

Escribe: Eduardo Aparicio -* Militante social y político

Desde el mismo 11 de septiembre el mundo supo que Chile había sufrido un golpe reaccionario, de naturaleza contra revolucionaria. La violencia y el horror represivo que se desató también se hizo evidente desde las primeras horas. A pocos días de la felonía militar se pudo calibrar la envergadura, la amplitud de la represión y la profundidad de la obra reaccionaria que la dictadura militar, encabezada por Augusto Pinochet con el apoyo de los EE.UU,  acometía en beneficio de la burguesía chilena y del capital transnacional.

 

 

Allende resistiendo en La Moneda

Los militares  voltearon el gobierno popular para desestructurar un proyecto de transformación social, largamente gestado, cultivado por los trabajadores chilenos y sus aliados a lo largo de varias décadas. Querían y necesitaban aniquilar una experiencia original y valedera, no solo por la significación que adquiría la denominada  “vía  chilena al socialismo“, sino por el temor y rechazo que le provocaban sus características intrínsecas, generadoras de condiciones y posibilidades que permitían cuestionar aspectos claves del sistema capitalista.

El pueblo de Chile, especialmente sus trabajadores, organizaciones populares, su izquierda política, fueron los artífices de ese singular proyecto y resultaron también ser sus víctimas, porque sobre ellos recayó la virulenta ofensiva reaccionaria.

El 11 de septiembre, insolublemente se liga a la figura de Salvador Allende, un socialista a carta cabal, que a lo largo de su trayectoria  política fue consecuente con su pensamiento e ideario; en su martirio, ocurrido durante el sitio y asalto del Palacio de La Moneda,  tenemos uno de los ejemplos más conmovedores de valentía, no solo personal, sino, sobre todo, política. Un ejemplo conmovedor del socialista consecuente. Allende  se convirtió en un icono del siglo xx, al morir en defensa de un binomio del que fue mentor: democracia y proyecto revolucionario entrelazados.

De las grandes derrotas, -y la de Chile es una de ellas-, siempre hay que extraer enseñanzas. Esta no será una nota de análisis, sino de simples recuerdos y evocación emocionada de la  figura de Allende y junto a él, de los miles de hombres y mujeres que intentaron impulsar un proyecto de cambio.

Sabido es que la complejidad caracterizó a la experiencia chilena, las diferencias, los matices y las discrepancias de importancia estuvieron en el orden del día del debate que se daba en el seno de las fuerzas populares. En forma continua y ascendente se generaron en la interna de la izquierda fricciones, intercambios ríspidos y fuertes disidencias. Allende siempre  estuvo en el centro de las mismas, no rehuyó a ellas y las administró. En ese marco, la relación política con parte de su partido no fue sencilla.

Pero  él  siempre tuvo una preocupación: ser fiel al proyecto de los trabajadores, y así supo definirse, antes que nada, como un luchador  social. Apenas estuvo al frente del gobierno afirmó: “Sabemos cuán difícil le será cumplirle a los trabajadores y cuán fácil cumplirle a los poderosos. Lo hemos visto ya…”

La experiencia chilena no se limita, no se  circunscribe, a una perspectiva exclusivamente institucional, ella estuvo atravesada por la conceptualización y las polémicas sobre la cuestión del gobierno y el poder. Una característica singular del programa y de la acción de la UP, fue plantearse el gran desafío y la tarea histórica de la construcción del poder popular, que no fue concebido y limitado a la mera institucionalidad y a la verticalidad de la estructura de gobierno.

La clase obrera no era solamente una  fuerza, era fuerza consciente, al ser una de las más avanzadas del continente. Eso  explica que durante el gobierno de la UP nacieron y se desarrollaron los “Cordones Industriales”, estructuras surgidas desde abajo, con anclaje territorial,  auténticos instrumentos de construcción de poder popular, que federaban a los trabajadores en su condición de productores y actores políticos. Los sectores más radicales de la izquierda chilena: MIR, PS, Mapu (Garreton), fueron los grandes animadores de esta experiencia.

Para esta evocación hemos rescatado una carta que el 8 de septiembre de ese año de 1973, uno de los “Cordones” le dirigió al “Compañero Presidente”. A través de la misma se puede aquilatar la naturaleza y entidad de las diferencias, así como el respeto y consideración que los trabajadores discrepantes tenían frente a Allende.

En ella hay anuncios y predicciones que, lamentablemente, los sangrientos  hechos producidos, pocos días después, a partir del 11 de septiembre, se confirmaron.

 

 

Manifestación de trabajadores de un “Cordón Industrial” de Santiago

Carta de los obreros de los Cordones Industriales a Salvador Allende

 

“Compañero Salvador Allende:

 Ha llegado el momento en que la clase obrera, organizada en la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Único de Trabajadores en conflicto, ha considerado de urgencia dirigirse a usted, alarmados por el desencadenamiento de una serie de acontecimientos que creemos nos llevará no sólo a la liquidación del proceso revolucionario chileno, sino, a corto plazo, a un régimen fascista del corte más implacable y criminal. Antes, teníamos el temor de que el proceso “hacia el socialismo” se estaba transando para llegar a un gobierno de centro, reformista, democrático-burgués, que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurreccionales de tipo anárquico por instinto de preservación. Pero ahora, analizando los últimos acontecimientos, nuestro temor ya no es ése, ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo. Por eso procedemos a enumerarle las medidas que, como representantes de la clase trabajadora, consideramos imprescindibles tomar. En primer término, compañero, exigimos que se cumpla con el programa de la Unidad Popular. Nosotros, en 1970, no votamos por un hombre, votamos por un Programa.

Curiosamente, el Capítulo primero del Programa de la Unidad Popular se titula “Poder Popular”, del cual citamos: “Página 14 del programa: “…Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un Presidente de la República por otro, ni para reemplazar a un partido por otro en el Gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado y sectores progresistas de las capas medias…” “Transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder…” “…El Gobierno popular asentará esencialmente su fuerza y autoridad en el apoyo que le brinde el pueblo organizado…”

Página 15: “…A través de una movilización de masas se constituirá desde las bases la nueva estructura del poder…”. Se habla de un programa de una nueva Constitución Política, de una Cámara Única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros asignados por la Asamblea del Pueblo. En el programa se indica que se rechazará el empleo de las Fuerzas Armadas para oprimir al pueblo… (Página 24).

Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del programa de la Unidad Popular, que era un programa mínimo para la clase trabajadora, en este momento se nos diría que este es el lenguaje “ultra” de los cordones industriales. Pero nosotros preguntamos, ¿dónde está el nuevo Estado? ¿La nueva Constitución Política, la Cámara Única, la Asamblea Popular, los Tribunales Supremos?

Han pasado tres años, compañero Allende y usted no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros, los trabajadores, tenemos desconfianza. Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez la orden de replegarse en vez de la voz de avanzar. Nosotros exigimos que no sólo se nos informe, sino que también se nos consulte sobre las decisiones, que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino.

Sabemos que en la historia de las revoluciones siempre han habido momentos para replegarse y momentos para avanzar, pero sabemos, tenemos la certeza absoluta, que en los últimos tres años podríamos haber ganado no sólo batallas parciales, sino la lucha total.

Haber tomado en esas ocasiones medidas que hicieran irrevocables el proceso. Después del triunfo de la elección de Regidores del 71, el pueblo clamaba por un plebiscito y la disolución de un Congreso antagónico.

En octubre, cuando fue la voluntad y organización de la clase obrera que mantuvo al país caminando frente al paro patronal, allí fue donde nacieron los cordones industriales, y en el calor de esa lucha se mantuvo la producción, el abastecimiento, el transporte, gracias al sacrificio de los trabajadores, y se pudo dar el golpe mortal a la burguesía, usted no nos tuvo confianza, a pesar de que nadie puede negar la tremenda potencialidad revolucionaria demostrada por el proletariado, y le dio una salida que fue una bofetada a la clase obrera, instaurando un Gabinete cívico-militar, con el agravante de incluir en él a dos dirigentes de la Central Única de Trabajadores, que al aceptar integrar estos ministerios, hicieron perder la confianza de la clase trabajadora en su organismo máximo.

Organismo, que cualquiera que fuese el carácter del Gobierno, debía mantenerse al margen para defender cualquier debilidad de éste frente a los problemas de los trabajadores.

A pesar del reflujo y desmovilización que esto produjo, de la inflación, las colas y las mil dificultades que los hombres y mujeres del proletariado vivían a diario, en las elecciones de marzo de 1973, mostraron una vez más su claridad y conciencia al darle un 43% de votos militantes a los candidatos de la Unidad Popular.

Allí también, compañero, se deberían haber tomado las medidas que el pueblo merecía y exigía para protegerlo del desastre que ahora presentimos.

Y ya el 29 de junio, cuando los generales y oficiales sediciosos aliados al Partido Nacional, Frei y Patria y Libertad se pusieron francamente en una posición de ilegalidad, se podría haber descabezado a los sediciosos y, apoyándose en el pueblo y dándole responsabilidad a los generales leales y a las fuerzas que entonces le obedecían, haber llevado el proceso hacia el triunfo, haber pasado a la ofensiva.

Lo que faltó en todas estas ocasiones fue decisión, decisión revolucionaria, lo que faltó fue confianza en las masas, lo que faltó fue conocimiento de su organización y fuerza, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica.
Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza, estamos alarmados. La derecha ha montado un aparato terrorista tan poderoso y bien organizado, que no cabe duda que está financiado por la CIA. Matan obreros, hacen volar oleoductos, micros, ferrocarriles. Producen apagones en dos provincias, atentan contra nuestros dirigentes, nuestros locales partidarios y sindicales.

¿Se les castiga o apresa? ¡No compañero! En cambio se castiga y apresa a los dirigentes de izquierda.

Los Pablos Rodríguez, los Benjamines Matte, confiesan abiertamente haber participado en el “Tanquetazo”.

¿Se les allana y humilla? ¡No compañero!

Se allana Lanera Austral de Magellanes donde se asesina a un obrero y se tiene a los trabajadores de boca en la nieve durante horas y horas.

Los transportistas paralizan el país, dejando hogares humildes sin parafina, sin alimentos, sin medicamentos.
¿Se los veja, se los reprime? ¡No compañero! En cambio se veja a los obreros de Cobre Cerrillos, de Indugas, de Cemento Melón, de Cervecerías Unidas.
Frei, Jarpa y sus comparsas financiados por la ITT, llaman abiertamente a la sedición.
¿Se les desafuera, se les querella? ¡No compañero! Se querella, se pide el desafuero de Palestro, de Altamirano, de Garretón, de los que defienden los derechos de la clase obrera.

El 29 de junio se levantan generales y oficiales contra el Gobierno, ametrallando horas y horas el Palacio de la Moneda, produciendo 22 muertos.

¿Se les fusila, se los tortura? ¡No compañero! Se tortura en forma inhumana a los marineros y suboficiales que defienden la Constitución, la voluntad del pueblo, y a usted, compañero Allende.

Patria y Libertad incita al golpe.

¿Se les apresa, se les castiga? ¡No compañero!, siguen dando conferencias de prensa, se les da salvoconductos para que conspiren en el extranjero.

Mientras se allana Sumar, donde mueren obreros y pobladores, a los campesinos de Cautín, que defienden al Gobierno, se les somete a los castigos más implacables, paseándolos colgados de los pies, en helicópteros sobre las cabezas de sus familias hasta darles muerte.

Se le ataca a Ud. compañero, a nuestros dirigentes, y a través de ellos a los trabajadores en su conjunto en la forma más insolente y libertina por los medios de comunicación millonarios de la derecha.
¿Se les destruye, se les silencia? ¡No compañero!

Se silencia y se destruye a los medios de comunicación de izquierda, el canal 9 de TV, última posibilidad de voz de los trabajadores.

Y el 4 de septiembre, en el tercer aniversario del Gobierno de los trabajadores, mientras el pueblo, un millón cuatrocientos mil, salíamos a saludarlo, a mostrar nuestra decisión y conciencia revolucionaria, la FACH allanaba Mademsa, Madeco, Rittig, en una de las provocaciones más insolentes e inaceptables, sin que exista respuesta visible alguna.

Por todo lo planteado, compañero, nosotros los trabajadores, estamos de acuerdo en un punto con el señor Frei, que aquí hay sólo dos alternativas: la dictadura del proletariado o la dictadura militar.
Claro que el señor Frei también es ingenuo, porque cree que tal dictadura militar sería sólo de transición, para llevarlo a la postre a él a la Presidencia.

Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo.

Y los trabajadores ya sabemos lo que es el fascismo.

Hasta hace poco era solamente una palabra que no todos los compañeros comprendíamos. Teníamos que recurrir a lejanos o cercanos ejemplos: Brasil, España, Uruguay, etc.

Pero ya lo hemos vivido en carne propia, en los allanamientos, en lo que está sucediendo a marinos y suboficiales, en lo que están sufriendo los compañeros de Asmar, Famae, los campesinos de Cautín.

Ya sabemos que el fascismo significa terminar con todas las conquistas logradas por la clase obrera, las organizaciones obreras, los sindicatos, el derecho a la huelga, los pliegos de peticiones.

Al trabajador que reclama sus más mínimos derechos humanos se le despide, se lo aprisiona, tortura o asesina.
Consideramos no sólo que se nos está llevando por el camino que nos conducirá al fascismo en un plazo vertiginoso, sino que se nos ha estado privando de los medios para defendernos.

Por lo tanto le exigimos a usted, compañero Presidente, que se ponga a la cabeza de este verdadero Ejército sin armas, pero poderoso en cuanto a conciencia, decisión, que los partidos proletarios pongan de lado sus divergencias y se conviertan en verdadera vanguardia de esta masa organizada, pero sin dirección.

Exigimos:

1) Frente al paro de los transportistas, la requisición inmediata de los camiones sin devolución por los organismos de masas y la creación de una Empresa Estatal de Transportes, para que nunca más esté en las manos de estos bandidos la posibilidad de paralizar el país.

2) Frente al paro criminal del Colegio Médico, exigimos que se les aplique la Ley de Seguridad Interior del Estado, para que nunca más esté en las manos de estos mercenarios de la salud, la vida de nuestras mujeres e hijos. Todo el apoyo a los médicos patriotas.

3) Frente al paro de los comerciantes, que no se repita el error de octubre en que dejamos en claro que no los necesitábamos como gremio. Que se ponga fin a la posibilidad de que estos traficantes confabulados con los transportistas, pretendan sitiar al pueblo por hambre. Que se establezca de una vez por todas la distribución directa, los almacenes populares, la canasta popular.

Que se pase al área social las industrias alimenticias que aún están en las manos del pueblo.

4) Frente al área social: Que no sólo no se devuelva ninguna empresa donde exista la voluntad mayoritaria de los trabajadores de que sean intervenidas, sino que ésta pase a ser el área predominante de la economía.
Que se fije una nueva política de precios.

Que la producción y distribución de las industrias del área social sea discriminada. No más producción de lujo para la burguesía. Que se ejerza verdadero control obrero dentro de ellas.

5) Exigimos que se derogue la Ley de Control de Armas. Nueva “Ley Maldita” que sólo ha servido para vejar a los trabajadores, con los allanamientos practicados a las industrias y poblaciones, que está sirviendo como un ensayo general para los sectores respuesta de la clase obrera en un intento para intimidarlos e identificar a sus dirigentes.

6) Frente a la inhumana represión a los marineros de Valparaíso y Talcahuano, exigimos la inmediata libertad de estos hermanos de clase heroicos, cuyos nombres ya están grabados en las páginas de la historia de Chile. Que se identifique y se castigue a los culpables.

7) Frente a las torturas y muerte de nuestros hermanos campesinos de Cautín, exigimos un juicio público y el castigo correspondiente de los responsables.

8) Para todos los implicados en intentos de derrocar el Gobierno legítimo, la pena máxima.

9) Frente al conflicto del Canal 9 de TV, que este medio de comunicación de los trabajadores no se entregue ni se transe por ningún motivo.

10) Protestamos por la destitución del compañero Jaime Faivovic, Subsecretario de Transportes.

11) Pedimos que a través suyo se le manifieste todo nuestro apoyo al Embajador de Cuba, compañero Mario García Incháustegui, y, a todos los compañeros cubanos perseguidos por lo más granado de la reacción y que le ofrezca nuestros barrios proletarios para que allí establezcan su embajada y su residencia, como forma de agradecerle a ese pueblo, lo que hasta ha llegado a privarse de su propia ración de pan para ayudarnos en nuestra lucha.

Que se expulse al Embajador norteamericano, que a través de sus personeros, el Pentágono, la CIA, la ITT, proporciona probadamente instructores y financiamiento a los sediciosos.

12) Exigimos la defensa y protección de Carlos Altamirano, Mario Palestro, Miguel Henríquez, Oscar Gerretón, perseguidos por la derecha y la Fiscalía naval por defender valientemente los derechos del pueblo, con o sin uniforme.
Le advertimos compañero, que con el respeto y la confianza que aún le tenemos, si no se cumple con el programa de la Unidad Popular, si no confía en las masas, perderá el único apoyo real que tiene como persona y gobernante y que será responsable de llevar el país, no a una guerra civil, que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada, de la clase obrera más consciente y organizada de Latino América. Y que será responsabilidad histórica de este Gobierno, llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, pobladores, campesinos, estudiantes, intelectuales, profesionales, a la destrucción y descabezamiento, quizás a qué plazo, y a qué costa sangriento, de no sólo el proceso revolucionario chileno, sino también el de todos los pueblos latinoamericanos que están luchando por el Socialismo.

Le hacemos este llamado urgente, compañero Presidente, porque creemos que ésta es la última posibilidad de exitar en conjunto, la pérdida de las vidas de miles y miles de lo mejor de la clase obrera chilena y latinoamericana.”

Ahora podemos aquilatar que los efectos de la derrota fueron contundentes en la transformación regresiva vivida por Chile. Pero con su optimismo, impregnado por su  concepción del hombre y de la vida, Allende, poco rato antes de morir dirigiéndose al pueblo en mensaje radial sostuvo “….La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil; es posible que nos aplasten, pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor”

No se equivocaba Salvador en sus consideraciones finales: los trabajadores y el pueblo fueron aplastados, el mañana de los trabajadores todavía espera;  las experiencias ulteriores permitieron la vuelta a la democracia, pero han quedado muy alejadas de las expectativas y esperanzas de la conquista de una vida mejor por medio de la emancipación del hombre, superando al sistema capitalista.

También impacta y alecciona la aseveración final de la carta de los Cordones, al encerrar una verdad que la historia trágica se encargó de mostrar, al gobierno  tal vez falto de visión, tiempo, audacia y decisión para franquear la movilización de las masas, en todos los planos, recurriendo  a la pluralidad de medios para lograr instrumentar una defensa de masas e impedir su caída en medio del repliegue y la desmovilización como finalmente ocurrió. Se evitó la guerra civil, pero la era del terror entró en escena y se consolidó.

 

Nuestro homenaje a las víctimas de la derrota se simboliza  en la figura gigantesca de Salvador Allende, pero se proyecta a  los miles de mujeres y hombres, muertos, torturados, encarcelados y exilados en la larga noche de la contrarrevolución.

Reafirmar que de las derrotas y  de los periodos largos de reconstrucción que se suceden después ellas está jalonada las luchas por el socialismo. Salvador Allende  sobre el fin también lo supo y dijo, al despedirse de sus jóvenes colaboradores ese fatídico  11 de septiembre: “Luchare hasta el final. Les agradezco a todos la lealtad y colaboración que siempre me han prestado…. La mayoría de ustedes son jóvenes. No es este el último combate, habrá muchas jornadas futuras en las que serán necesarios.”

No dejemos de aprender del 11 de septiembre para seguir luchando con convicción y decisión por un mundo mejor.