Militares de Estados Unidos en el Brasil de Bolsonaro

Por Luis Vignolo

Recientemente la general que está al frente del Comando Sur de Estados Unidos, Laura J. Richardson, habría dicho durante una visita a Colombia y Brasil, entre el 5 y el 9 de setiembre, que ya hay un esbozo de fuerza militar conjunta entre Estados Unidos y Brasil con helicópteros para, presuntamente, apagar los incendios de la selva amazónica. 

La información pasó muy desapercibida, quizás no casualmente, mientras los medios dominantes miran en otras direcciones. 

En cualquier caso ya hay muy significativos antecedentes de acercamiento militar brasileño a Estados Unidos durante el gobierno de Bolsonaro. 

Durante la reciente IX Cumbre de las Américas, realizada en Los Ángeles, California, entre el 6 y el 10 de junio, a la que asistió Jair Bolsonaro -a diferencia de otros jefes de Estado latinoamericanos que se negaron a participar por la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela- Brasil y Estados Unidos anunciaron un grupo bilateral de respuesta rápida para combatir la deforestación de la Amazonia brasileña.

La dirección del grupo de trabajo quedó a cargo de los ministros brasileños Joaquim Leite y Anderson Torres, y el estadounidense John Kerry, ex secretario de Estado y actual enviado presidencial especial de los Estados Unidos para el Clima. Así lo informó la embajada de Estados Unidos en Brasil. 

Anteriormente en agosto del 2019, Donald Trump haciendo gala de su conocida simpatía política por Bolsonaro y su gobierno, designó a Brasil como aliado preferencial extra OTAN de Estados Unidos. Tanto Bolsonaro como su vicepresidente, el general retirado Hamilton Mourão, se jactaron de la designación. Mourão hizo referencia en ese marco al rol de las Fuerzas Armadas brasileñas como garantía frente a la toma del poder por quienes considera enemigos, en lo que pudo ser considerado una advertencia contra la oposición al gobierno derechista. Afirmación que adquiere la mayor relevancia a días de la segunda vuelta electoral en la que Lula se avecina a derrotar a Bolsonaro. 

Lula podría enfrentar en esa circunstancia turbias maniobras, al estilo de las que intento Trump en Estados Unidos, para evitar el reconocimiento de su triunfo por parte de Bolsonaro y sus seguidores.  Eventualmente la intervención de las Fuerzas Armadas, que ya incidieron en el pasado golpe de Estado contra Dilma y el encarcelamiento y proscripción de Lula, podría volver a interrumpir el proceso democrático brasileño. 

En cualquier caso es sorprendente, aunque previsible, dado el posicionamiento de los medios masivos, la escasa información acerca de la continuidad de las orientaciones estratégicas de Estados Unidos en Brasil, como en el resto de América Latina y el Caribe, a pesar de los cambios de gobierno y las rivalidades internas en la Nueva Roma del Norte.